Honda acaba de anunciar que ha decidido cancelar el desarrollo y el lanzamiento al mercado de tres modelos eléctricos que estaban casi listos para su producción: el Honda 0 SUV, el Honda 0 Saloon y el Acura RSX.
Como consecuencia, Honda asumirá unas pérdidas entre 4.500 y 6.100 millones de euros. Eran tres coches eléctricos con una fuerte carga tecnológica y la marca nipona ha gastado mucho dinero en desarrollarlos y preparar su producción, un gasto que no va a tener ningún retorno.
Sin embargo, era mejor cortar ahora que más adelante. Tras una «cuidadosa evaluación», Honda llegó a la conclusión de que iniciar la producción y comercialización de estos tres modelos en el entorno actual —con una demanda de vehículos eléctricos inferior a la prevista— generaría más pérdidas a largo plazo.
Cargarse estos tres modelos, que iban a fabricarse en Estados Unidos, ha obligado a Honda, por un lado, a revisar las previsiones financieras anunciadas previamente para el año fiscal que finaliza el 31 de marzo de 2026. Y por otro, a reorganizar su estrategia de cara a los próximos años. Entre el dinero perdido en estos tres modelos y el coste de cambiar de estrategia, Honda asume que este año podría tener hasta 13.600 millones de euros de pérdidas.
¿Qué está pasando en Honda?
Esta decisión viene motivada por diversos factores que afectan no solo a Honda sino a toda la industria, con consecuencias que estamos viendo en muchos fabricantes. Hace unos años, Honda dio un giro hacia el vehículo eléctrico convencida de eran la solución para lograr la neutralidad de carbono a largo plazo.
Sin embargo, el entorno ha cambiado mucho en poco tiempo. En Estados Unidos, uno de sus mercados más rentables, la demanda de vehículos eléctricos se ha ralentizado debido a la relajación de las regulaciones sobre emisiones y combustibles fósiles y la eliminación de los incentivos federales.
Por otro lado, en China las preferencias de los clientes están cambiando: el valor que los compradores otorgan a un coche está pasando de las características de hardware —consumo, espacio interior, etc.— a las funciones basadas en software, que pueden evolucionar continuamente según las preferencias del usuario. Además, la aparición de nuevos fabricantes locales ha intensificado la competencia. Honda reconoce que no han logrado ofrecer productos con una relación calidad-precio superior a la de los nuevos fabricantes chinos.
A esto hay que sumarle dos factores más: el impacto negativo de los aranceles de Donald Trump y la pérdida de competitividad de Honda en Asia, consecuencia de destinar más recursos al desarrollo de vehículos eléctricos. Honda reconoce también en su comunicado que han sido incapaces de reaccionar con suficiente flexibilidad a los cambios del entorno empresarial. Cancelar estos tres modelos es la primera vía para mejorar la situación financiera actual lo antes posible.
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