Llenar su depósito ya cuesta lo mismo que tu coche y equivale a más de 350 depósitos de Dacia Sandero. Este armatoste no excava, arranca pedazos del planeta y se llama Komatsu PC8000.
El titán de Japón
Tienes un teléfono en tus manos y dentro lleva cobre. Cuesta pensar que para conseguirlo, alguien haya tenido que diseñar y construir una bestia como la Komatsu PC8000.
En su cazo cabe un volumen de 42m³, con una densidad de 1,8 toneladas por cada metro cúbico. Lo que significa que en el cazo podrías meter 3 furgonetas de reparto sin problema y estas podrían pesar hasta 75 toneladas. Veamos otras de sus locas características a continuación.
Komatsu PC8000, características
Mide 15m de alto y pesa entre 752 y 777 toneladas dependiendo de la configuración. En la serie de estas máquinas hay mucho aspecto configurable que depende de las necesidades del cliente.
Suele utilizarse en minas a cielo abierto de gran escala y puede estar siendo operada unas 12 o 13 horas de manera ininterrumpida, gracias a un depósito de combustible de casi 14.000 litros (con un consumo de alrededor de 1.000 litros de diésel por hora).
Para mover ese peso y accionar el circuito hidráulico de 8 bombas, monta 2 motores Komatsu turbodiésel de 16 cilindros cada uno (código SDA16V160E-2). Estos generan una potencia combinada de 4.020cv y es necesario destacar la particularidad de que están refrigerados por aire.
Escala millonaria que escapa al entendimiento
Como puedes imaginar, este trasto es caro y eso significa que debe aguantar muchas horas en el tajo. Por lo que el puesto de conducción está orientado al confort. La cabina está presurizada y está «suspendida» sobre 18 amortiguadores que la unen a la estructura principal. Tiene cristal de grado antibalas, climatización y mil regulaciones con memoria de asiento, por no hablar de un reproductor de mp3.
Bromas aparte, ya no es solo lo que cuesta en combustible, también suma mantenimiento, transporte cuando acaba su servicio en la mina y un precio de compra que oscila entre los 9 y los 12 millones.
En nuestro ajetreado día a día es muy complicado pararnos a pensar en que algo de estas proporciones esté justificado, pero sí. El fruto de su trabajo lo llevamos en el bolsillo y llena lo suficiente el de quien la utiliza.







