Ser un fabricante de automóviles y tenerlo casi todo apostado al mercado europeo no es la situación en la que querrían verse la mayoría de actores que componen la industria del automóvil. La Unión Europea tiene como objetivo que la combustión interna y el motor térmico dejen de ser los protagonistas en el Viejo Continente, ante lo que la tecnología eléctrica se erije como su apuesta favorita.
No obstante, y ya con varios años de comercialización a espaldas de los primeros eléctricos de nuevas generaciones, estos no acaban de tener el respaldo de la demanda. De media, en Europa, los coches eléctricos se han movido estos últimos años entre el 15 y el 20 % de la cuota total en los mejores casos, mientras que en España en 2025 ha sido del 8,39 %, según ANFAC, una cifra catastrófica.
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Esta coyuntura genera una tensión en los fabricantes, que por un lado se ven obligados a cumplir con las exigencias de Europa mientras que, por otro, tienen la necesidad de seguir vendiendo lo suficiente como para subsistir, ante lo que tienen que probar con nuevas soluciones, como la que acaba de anunciar Renault, que tendrá en una nueva plataforma la posibilidad de diseñar tanto eléctricos puros como eléctricos de autonomía extendida.
Realmente, lo que más llama la atención del anuncio que hicieron los franceses la pasada semana es el segundo tipo de motor, pues en el fondo no deja de ser una evolución conceptual de un híbrido enchufable, con la única diferencia de que en este caso el motor térmico nunca podrá mover el coche ni total ni parcialmente: sólo la parte eléctrica podrá hacerlo, mientras que en términos de capacidad de batería, pueden estirarse tanto como con un coche eléctrico, lo que da lugar a autonomías que cifran en máximos de 1.400 km totales.
Diseñando una plataforma como la RGEV, los franceses se aseguran una posición relevante en el mercado, ya que no sólo tienen una plataforma eléctrica apta para una gran variedad de modelos y lo suficientemente competitiva como para medirse a los chinos y Tesla en términos de tecnología, sino que también tienen a su alcance la posibilidad de comercializarla bajo la forma de un EREV, lo que, llegado el momento, puede llegar a convencer a un mayor público en potencia que un coche puramente eléctrico, al menos a corto plazo.
No se trata, realmente, de una idea nueva, ni mucho menos. BMW ya tuvo a la venta una solución similar en el BMW i3 REX, que con un pequeño motor de gasolina ampliaba ligeramente la autonomía total del conjunto, mientras que a día de hoy, por ejemplo, Leapmotor tiene a la venta una versión de este tipo en el C10, su SUV de mayor tamaño.
Renault tiene previsto dar uso a esta plataforma en coches que irán desde el segmento B al D, aunque no todos podrán adaptarse, presumiblemente, a las necesidades de espacio que tendrá el tren de potencia de tipo EREV y no será, como pronto, hasta el año 2027 cuando se inicie la producción del primer modelo basado en la plataforma RGEV. Con todo ello, y al menos de momento, parece que la única solución que convence al público actualmente es la tecnología híbrida, con un futuro incierto aún.






