Este es uno de esos movimientos que nadie esperaba. Todo parece ideal en Toyota, que en 2025 volvió a consolidarse como el mayor fabricante de coches del mundo, pero la compañía nipona acaba de hacer un cambio en su máxima cúpula directiva. Pero no es motivo de crisis: mientras unos cuantos de sus competidores lidian con recortes y ajustes, caída de los márgenes y dudas estratégicas sobre la electrificación, Toyota mantiene una posición financiera y comercial sólida.
Toyota cambia de CEO con plena fortaleza operativa
Este cambio de CEO no responde a una crisis, sino a una transición planificada en un contexto de transformación profunda del sector, pero no por ello deja de ser llamativo. Sobre todo si tenemos en cuenta que el CEO saliente, Koji Sato, fue elegido personalmente por Akio Toyoda para sustituirlo en el puesto (Toyoda sigue siendo presidente del Consejo de Administración).
Koji Sato ha estado solamente tres años como CEO de Toyota. A partir del 1 de abril, asumirá el cargo Kenta Kon, que hasta ahora era el director financiero (CFO) de la compañía. Kon también es una figura de la casa y fue exsecretario de Toyoda.
La decisión se interpreta más como una sucesión ordenada desde el punto de vista económico y financiero que como una respuesta defensiva. El consejo de administración busca asegurar continuidad estratégica y capacidad de adaptación a un entorno que exige decisiones cada vez más rápidas y complejas, especialmente en electrificación, software y cadena de suministro.
El anuncio del cambio al frente de Toyota llega con la compañía en una situación bastante favorable. Toyota ha logrado mantener sus volúmenes de ventas, de hecho 2025 fue su año récord, con 11.322.575 coches vendidos en todo el mundo sumando Toyota, Lexus, Daihatsu e Hino. También han mantenido buena rentabilidad (aunque también ha bajado respecto a años anteriores) y ha evitado los bandazos que sí han afectado notablemente a otros grandes grupos.
Toyota ha sabido capear la situación sin apostar todo al eléctrico
Pero nadie es ajeno al momento que atraviesa la industria del automóvil. La desaceleración de la demanda en algunos mercados clave, la presión sobre los costes y la incertidumbre regulatoria en Europa y China han obligado a numerosos fabricantes a revisar sus previsiones a la baja, recortar inversiones o retrasar lanzamientos.
Frente a ese escenario, Toyota ha defendido a capa y espada una hoja de ruta menos dependiente de la electrificación total e inmediata, apostando por híbridos, híbridos enchufables y eléctricos puros de forma simultánea. Esta estrategia, muy cuestionada hace apenas unos años, ha demostrado ser una ventaja competitiva en el corto y medio plazo, permitiendo al grupo capear mejor el temporal actual.
El cambio de CEO no implica un giro radical en la estrategia del grupo, al menos por ahora. Toyota insiste en que el relevo garantiza estabilidad, pero también renovación en la gestión, con mayor foco en software, digitalización y eficiencia energética. El reto será mantener la disciplina industrial que caracteriza a la compañía mientras acelera algunas áreas donde otros fabricantes llevan ventaja, como los eléctricos puros de nueva generación.
Un aviso a navegantes
Detrás de este movimiento hay un mensaje: ni siquiera los mejor posicionados pueden permitirse la complacencia. Aunque coge la compañía en buena posición (no como el marrón que han dejado al nuevo CEO de Porsche), el nuevo CEO de Toyota deberá gestionar un entorno geopolítico más complejo, con tensiones comerciales, aranceles y mercados cada vez más imprevisibles.
Es una manera de Toyota de anticiparse al siguiente ciclo, que sin duda no será fácil. Hasta ahora su estrategia ha funcionado -y sigue funcionando-, pero la visión estratégica de la compañía necesita matices nuevos con la transformación del automóvil.







