Qué necesidad. No se me ocurre otra forma de describir la última polémica de la Dirección General de Tráfico después de que su director, Pere Navarro, y tal y como os contábamos ayer mismo, hablase sobre la movilidad en las ciudades en los siguientes términos: «el problema de la movilidad en las ciudades es el espacio […] al centro de la ciudad vas con transporte público y si vas con prisa coges un taxi, un Uber, o un Cabify, al centro de la ciudad no vas a ir con eléctrico, ni con diésel, ni con gasolina […] vas a ir con transporte público».
Una polémica que llega exactamente dos semanas después de la implantación, obligatoria, y como único medio de preseñalización de peligro, de las aún más polémicas balizas V-16 conectadas y que difícilmente contribuye al que presumiblemente debería ser el fin de este organismo, aparentemente el de contribuir a la mejora de la movilidad en las ciudades.
Qué necesidad. Porque aunque así lo consideres, que el automóvil privado debería desaparecer del centro de las ciudades, expresarlo en esos términos no ayuda, sino que además genera aún más desconcierto entre unos ciudadanos intranquilos, y con mucha razón. Intranquilos por no saber con certeza las restricciones que encontrarán para moverse con su coche privado, si deberán deshacerse de su coche actual y, al hacerlo, si deberán comprarse un coche híbrido o eléctrico.
Qué necesidad. El escenario que dibuja el Director General de Tráfico ya está presente, de facto, en algunas grandes ciudades, en las que más allá de restricciones y Zonas de Bajas Emisiones, la congestión ya ha disuadido de facto a la mayoría de los conductores de llegar hasta el centro con sus coches. Pero esta visión de la movilidad obvia que hay un mundo más allá de Madrid y Barcelona, y una gran variedad de ciudades, y de centros de ciudades, así como de necesidades de movilidad.
Qué necesidad. Porque en declaraciones como estas se da a entender que la movilidad en automóvil privado en las ciudades, y el centro de las ciudades, es poco menos que un capricho. Y de nuevo se obvian las visicitudes que han expulsado a muchas economías familiares del centro de las ciudades, a barrios periféricos y a otras ciudades, en este caso denominadas ciudades dormitorios, lejos de sus centros de trabajo. Y se obvia también las dificultades que aún existen en muchas ciudades para mantener un modelo de transporte público de calidad y eficiente.
Qué necesidad. Porque si, como expresa en su objetivo estratégico 6, la Dirección General de Tráfico desea «promover una movilidad segura, fluida, inteligente, sostenible y conectada», difícilmente enzarzarse en polémicas como estas va a contribuir a su fin.




