El director general de la DGT, Pere Navarro, tiene una fijación ideológica contra el coche privado y ha vuelto a demostrarlo. En la jornada «Innovación urbana. Movilidad Sostenible y Smart Cities» organizada por Europa Press, Navarro ha dicho que al centro de la ciudad «no vas con eléctrico ni con diésel ni con gasolina, vas a ir con transporte público».
El director de Tráfico vuelve a situar el foco en el uso del coche privado en las ciudades. Pere Navarro ha defendido que el acceso al centro urbano debe hacerse prioritariamente en transporte público, una afirmación que encaja con el endurecimiento progresivo de las políticas de movilidad urbana y con el despliegue de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE). Pero Navarro dice que no es una cuestión de emisiones y ni siquiera defiende al coche eléctrico.
«Tenemos que centrarnos. El problema de la movilidad en las ciudades es un problema de espacio. (…) Al centro de la ciudad vas con transporte público Y, si tienes prisa, coges un taxi, Uber o Cabify. Al centro de la ciudad no vas a ir con eléctrico ni con diésel ni con gasolina, no nos equivoquemos», ha declarado Pere Navarro. La conclusión es evidente: el debate ya no gira en torno a las emisiones, sino a la propia presencia del coche en la ciudad.
Desde esa premisa, Navarro también señala a la poca ocupación del taxi y aboga por utilizar más el coche compartido haciendo precisamente esto, compartiéndolo entre desconocidos que vayan al mismo sitio (o cercanos), por ejemplo, al salir del aeropuerto o una estación de tren.
El choque con la realidad del ciudadano
Según Navarro, el vehículo privado debe quedar relegado a un papel secundario en los entornos urbanos más congestionados. Y aunque es evidente que usar un coche por individuo no es eficiente a nivel macro, el discurso de Navarro choca con una realidad mucho más compleja a nivel micro.
En muchas ciudades españolas, el transporte público está saturado (para saber esto hay que usarlo) o directamente no ofrece una alternativa viable en términos de tiempo, frecuencia o cobertura, especialmente para quienes viven en áreas metropolitanas o municipios periféricos. Poca gente se acerca en coche al centro por gusto, sino por necesidad.
Hay gente que tiene el trabajo a 25 minutos en metro, pero también quien tarda cuatro o cinco veces más en transporte público que en coche. Y aunque quizá no es lo más habitual, los trayectos al trabajo también pueden pasar relativamente cerca del centro. También hay que mirar también más allá de Madrid y Barcelona, algo que Navarro a veces olvida. No todo el país funciona igual, pero incluso en las grandes ciudades hay cientos de miles de casuísticas diferentes.
Como decimos, la idea de Navarro puede ser una cuestión de lógica en algunos casos. Pero la manera misma de comunicar el mensaje se puede interpretar perfectamente no como una recomendación sino como una imposición. A esto se suma la percepción (perfectamente argumentada) de que el coche privado se está convirtiendo en un bien penalizado fiscal y normativamente, con la consecuente pérdida de libertad de movimiento de los ciudadanos.
El debate sobre la movilidad urbana no puede resolverse a golpe de consignas, decretazos ni desde una visión única. Se han de ofrecer alternativas reales, eficientes y accesibles, pero decirle al ciudadano que «no va a ir al centro en coche» no suena a política pública sino a imposición.
Fuente: Europa Press






