Volkswagen atraviesa un momento complicado. El mayor fabricante de automóviles de Europa se está preparando para hacer un recorte de 50.000 empleos hasta 2030, consecuencia de una tormenta perfecta que combina la caída de ventas en China, los aranceles en Estados Unidos y un entorno geopolítico cada vez más incierto.
Si bien se habían ido anunciado previamente programas de recortes en algunas marcas, ahora Oliver Blume, consejero delegado del grupo Volkswagen, ha puesto en conjunto el impacto en todo el grupo, que apunta a la eliminación de unos 50.000 puestos de trabajo. Durante la presentación de las cifras anuales, el CEO de la compañía dijo que «reforzará sus medidas de reducción de costes» y «no escatimaremos esfuerzos» para ello.
Ya sabíamos que Volkswagen iba a reducir empleos
Blume habló de ello durante la presentación de resultados del grupo en 2025, unos resultados que han sido malos. Los beneficios del grupo se desplomaron un 54%, hasta los 8.900 millones de euros, con un margen operativo del 2,8%. Los márgenes han caído casi a los niveles del dieselgate y en Volkswagen urge una reestructuración.
El plan afectará principalmente a Alemania y forma parte de una reestructuración amplia dentro del grupo. Volkswagen ya había pactado con los sindicatos alemanes un recorte de 35.000 empleos a finales de 2024, que debía ejecutarse gradualmente hasta 2030, en gran parte mediante jubilaciones y salidas voluntarias. Los 15.000 empleos restantes afectarán a Audi, Porsche y Cariad (la división de software), y también se habían anunciando con anterioridad.
La compañía reconoce que el panorama para la industria del automóvil se está volviendo cada vez más complicado y busca reducir costes en un contexto en el que, por si hubiera pocos problemas, la competencia china no para de crecer.
China deja de ser el salvavidas
Durante más de dos décadas, China fue la gran fuente de beneficios de Volkswagen, pero eso ya es historia. El auge de los fabricantes locales —especialmente marcas eléctricas— ha reducido notablemente las ventas del grupo alemán en el mayor mercado del automóvil del mundo.
Ante esta situación, Oliver Blume ha anunciado lo que describe como «la mayor ofensiva de producto de nuestra historia» en China para recuperar cuota de mercado. Uno de los primeros será el Volkswagen ID. Era 9X que ves justo arriba.
Los aranceles de EE. UU. también pasan factura
A los problemas en China se suma el frente de Estados Unidos. En su carta a los accionistas, Volkswagen reconoce que la fuerte caída de los beneficios es «atribuible en gran medida a los aranceles estadounidenses» que la administración Trump impuso a los fabricantes extranjeros.
Los aranceles encarecen la entrada de vehículos europeos en el mercado norteamericano y complican la rentabilidad de muchos modelos, sobre todo aquellos más asequibles o con márgenes ajustados. Solamente el año pasado, las ventas del grupo en Norteamérica cayeron un 12%.
Porsche tuvo un 2025 para olvidar
Al mismo tiempo, el grupo afronta los enormes costes de la electrificación impuesta por Bruselas, en un momento en el que la demanda de coches eléctricos crece más lentamente de lo previsto y las ventas no consiguen amortizar las inversiones realizadas.
En este sentido, uno de los más afectados es Porsche. Hasta hace poco era la gallina de los huevos de oro, pero lleva 4‑5 años encadenando una serie de errores y sobrecostes en su ofensiva eléctrica que han acabado hundiendo sus beneficios. En 2025 su beneficio neto fue de 310 millones euros, un 91,4% menos que en 2024. Pero su negocio puramente automovilístico, sin contar los servicios financieros, obtuvo un beneficio operativo de sólo 90 millones de euros, un 98% menos.
La plataforma Premium Platform Electric (PPE) debía llegar en 2022 y servir como base al Macan eléctrico. Finalmente se alargó hasta 2024 por problemas de software, que afectaron después a otros proyectos. En 2025 Porsche anunció una «realineación estratégica» para recoger cable con el vehículo eléctrico: pospuso la nueva plataforma eléctrico, abandonó el proyecto de fabricar baterías propias y nadie sabe a ciencia cierta si el proyecto de los 718 eléctricos sigue en pie.
Reducir costes para sobrevivir en un mundo cada vez más volátil
Volkswagen también advierte de que la tensión geopolítica empieza a afectar al sector. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha incrementado la incertidumbre en los mercados y está presionando al alza los precios de la energía. «Estamos viendo lo volátil y frágil que se ha vuelto nuestro mundo. Cada mes aparecen nuevos problemas», reconoció Oliver Blume.
Aunque el grupo asegura que la guerra no está afectando a su cadena de suministro, podría tener impacto en la demanda de sus marcas premium, Porsche y Audi. Regiones como Oriente Medio representan volúmenes modestos pero con márgenes elevados, por lo que son especialmente sensibles a la inestabilidad. Ante este escenario, el director financiero, Arno Antlitz, ha explicado que Volkswagen necesita seguir invirtiendo en tres áreas clave:
- mantener competitivos sus motores de combustión
- desarrollar nuevos coches eléctricos
- avanzar en software y digitalización
Pero todo ello solo será posible si el grupo logra reducir complejidad, aprovechar sinergias internas y aumentar la rentabilidad empezando tan pronto como el próximo 2026.








