Comienza la 41ª edición del Salón del Automóvil de Tokio, pero lejos del esplendor de años anteriores. El antaño pujante salón del país del sol naciente que mostraba al mundo de lo que eran capaces los fabricantes japoneses, este año se ha convertido en algo así como una puesta de sol, en una muestra dirigida casi exclusivamente al mercado local, superada por el empuje de los salones de Shanghai y Pekín y devaluada por la ausencia de la práctica totalidad de fabricantes no japoneses. Algo así como organizar una espléndida fiesta de cumpleaños y ver que tus mejores amigos rechazan tu invitación.

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22 de octubre de 2009