27 de diciembre de 2018 (*) actualizado a las 13:43

¿Qué será de la movilidad en el medio rural en la era de las «Smart-Cities»?

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Las previsiones de población apuntan a que el porcentaje de población urbana en el planeta se acercará al 75% en 2050 y todos los esfuerzos de investigación en movilidad se centran en este aspecto. Sin embargo, estos estudios ponen de relieve una realidad justamente complementaria ¿Qué pasará con el medio rural? ¿Qué alternativas pueden ofrecer las nuevas tecnologías en la movilidad para un hábitat tan diferente de las ciudades? ¿Será posible implantar los coches eléctricos en un ámbito de uso tan diferente? Veamos cuales son los retos a los que se enfrenta la movilidad del futuro en el territorio contrario al que todo el mundo mira.

La cara oculta de la ciudad


Todos los ojos están puestos en las ciudades. Los coches eléctricos, los medios de transporte públicos inteligentes o los modos colaborativos ofrecen alternativas para la movilidad en estas megápolis. Pero ¿Cómo se desplazaran quienes no vivan en esas ciudades dentro de unas décadas? El escenario para ese tercio de la población es muy distinto.
Imagina que en tu barrio cada bloque de viviendas estuviese separado por varios kilómetros, y en uno de ellos estuviese el supermercado, en otro el colegio, en otro la oficina de correos… y además no dispusieses de un Metro o un autobús cada 15 minutos para alcanzarlos. Eso es el medio rural. Geografía accidentada, núcleos separados entre sí, economía muy relacionada con el sector primario y baja densidad de población.

Algunas provincias españolas apenas tienen 10 habitantes por kilómetro cuadrado, como Soria. En otras, más de 2/3 de sus municipios tienen menos de 2000 habitantes, como en Teruel

Algo que no es sólo el pintoresco pueblo donde pasamos las vacaciones sino también pueblos de varios miles de habitantes que necesitan desplazarse.
Incluso en un territorio desarrollado como la Unión Europea las áreas de alta concentración urbana son minoría, y hay muchas regiones con más del 50% de la población viviendo en medio rural. La densidad de población de algunas provincias españolas es bajísima: 9’2 hab / km2 en Soria, 9’7 Teruel ó 12’7 Cuenca, e incluso dentro de ellas hay grandes áreas con densidades por debajo de los 3 hab / km2, prácticamente un despoblado. Aunque existen grandes ciudades con cientos de miles de habitantes, en algunas provincias más de 2/3 de sus municipios tienen menos de 2000 habitantes, como en Teruel, y en otras como Lérida hay casi 120 pueblos menores de ese tamaño. Un ámbito en el que coches como el Twizy quizá no despierten grandes expectativas.

Los retos de la movilidad fuera de las grandes ciudades


En el medio rural la dependencia del automóvil es máxima. No necesariamente significa que los desplazamientos sean más largos que en una gran ciudad, sino que no tienen alternativa en el transporte público. Por eso las exigencias para los coches son también diferentes. Sólo hay que leer Tecmovia para saber hacia dónde dirigen sus esfuerzos los fabricantes de automóviles para los próximos años: Coches eléctricos, híbridos enchufables, hidrógeno, conducción autónoma e incluso Car – Sharing eléctrico. ¿Pueden estas tecnologías responder a las necesidades de los habitantes del medio rural? A día de hoy, difícilmente.
Los coches eléctricos todavía están lastrados por algo que en el medio rural es pecado capital: su escasa autonomía. Si bien el tipo de vivienda más común en los pueblos pequeños permitiría tener un punto propio de recarga, el radio y la frecuencia de los desplazamientos necesarios haría muy difícil o imposible realizarlos en un eléctrico.

Los coches eléctricos tienen poco sentido en el medio rural hoy en día. Además, apenas hay coches eléctricos «de trabajo» en el mercado, y ningún todoterreno «duro»

Su debilidad no sólo estaría en la escasa autonomía, sino en la amplia separación entre puntos de recarga, algo que en las ciudades, incluso con la escasa infraestructura actual, estaría resuelto. Algo parecido sucede con los híbridos enchufables presentes en el mercado actual, cuya ventaja en el consumo se esfumaría en los primeros 30 km del día perdiendo su rentabilidad para el usuario.
Incluso cuando estas cuestiones no fuesen problema aparecería inmediatamente otro: el tipo de uso que se le da a los coches. Si bien cada día tenemos noticias de nuevos eléctricos o híbridos urbanos, ¿Cuantos coches «de trabajo» eléctricos hay en el mercado?. De modo testimonial la gama de comerciales de Renault Z-E, la Nissan e-NV200 y el tímido anuncio de VW con su e-CO-Motion, a la que llaman «furgoneta de transporte urbano». Si pasamos a la categoría de coches de trato duro, todoterrenos destinados al uso agrícola o ganadero, lo que encontramos es un páramo. El prototipo de Defender eléctrico, que sabemos que no se producirá, especulaciones sobre plantas motrices híbridas en pick up como Toyota Hi-Lux o VW Amarok, el anuncio de una mecánica híbrida en Land Rover (destinada a los Range) y dos rarezas como el Hyundai IX35 FCEV y el Mitsubishi Outlander PHEV, más pensados como vehículo familiar que como todoterreno de trabajo.

El problema de los medios colectivos


En este escenario, el transporte público podría ser una alternativa… pero no lo es, y la clave está en el dinero. Ya en las grandes ciudades densas y llenas de usuarios, el transporte público suele ser deficitario y sostenido con la subvención de las administraciones públicas. En el medio rural el número de kilómetros que ha de recorrer un medio de transporte público para recoger a un viajero aumenta considerablemente, pero el usuario no puede ser quien asuma todos los costes.

El transporte público en el medio rural tiene altos costes que casi nadie quiere asumir. El Car-Sharing sólo tendría sentido entre particulares, sin expectativas de negocio comercial

Un difícil escenario para el negocio en el que es necesario plantear el transporte público como un servicio básico aunque suponga asumir altos costes en las arcas públicas, algo que parece que va justo contra la tendencia actual en política. De hecho, RENFE ha cancelado recientemente 48 líneas de media distancia, que conectan zonas rurales con ciudades, por ser deficitarias.
Los modos alternativos y la movilidad colaborativa pueden ser una alternativa que ofrezca nuevas posibilidades a la sostenibilidad en el medio rural. Sin embargo, como en el caso del transporte público, la clave está en el dinero. Si el Car-Sharing «comercial» es apenas capaz de dar beneficios en las ciudades, es difícil que ninguna empresa se lance a los pueblos con él. La alternativa estaría en el Car-Sharing «Peer to peer», algo que encaja bien con la alta densidad de coches que se encuentra en los pueblos, donde casi cada persona necesita uno. Algo que empresas y administraciones ofrecen en algunos lugares mediante plataformas online que agilizan los trámites, como www.compartamoscoche.com. Pero en muchas áreas rurales de España el acceso a Internet aún es lento y caro, y la tecnología 3G llega con dificultad…

Un futuro difícil


Si la electrificación avanza en la industria del motor y el precio y los impuestos del petróleo suben… ¿Qué sucederá con los habitantes del medio rural si todavía no existen las alternativas a la movilidad? Paradójicamente sus esperanzas bien pueden estar puestas en la evolución de las baterías de los eléctricos, ya que autonomías de más de 300 km podrían hacerlos muy atractivos en los pueblos, pero para que éstos lleguen al mercado a precios realistas todavía habrá que esperar mucho.
Las infraestructuras de recarga serán también un reto al que enfrentarse. Pese a que muchas zonas rurales acogen el impacto de la generación de electricidad (hidroeléctrica, eólica, térmica…) sus redes de consumo no son las mejores y probablemente necesitarían actualizarse a más velocidad para acoger a los coches eléctricos.
Las redes de comunicación serán otro de los puntos clave.

Si los eléctricos alcanzan autonomías de más de 300 km serán útiles en el medio rural. Pero la red eléctrica, Internet y las comunicaciones han de estar actualizadas para entonces

Eléctricos o de gasolina, en los coches del futuro a corto plazo la conectividad es primordial, como demuestra cada nuevo lanzamiento al mercado. Cuando en las capitales disponemos de tecnología móvil 4G en muchos pueblos todavía se accede con dificultad al 3G, y el acceso a Internet no alcanza la velocidad del resto del territorio.
Pero detrás de todo eso, y lo que es peor, el principal problema del medio rural es precisamente ser una minoría de la población que ocupa la mayor parte de la superficie. Algo que hace muy difícil la rentabilidad económica para las empresas y muy costosos los servicios para las administraciones. Pero que hay que resolver porque por muy urbano que se vuelva nuestro mundo, el medio rural es el cimiento que lo sostiene.

Fuente: Compartamos Coche  |  INE  | Eurostat

Fotos: Tecmovia  | Volskwagen  | Ford  | Toyota | LandRover
En Tecmovia: Por qué no tendremos un Defender eléctrico (pero nos encantaría)

Comentarios...

  1. Hans

    Tiene tanto sentido como en la ciudad y el problema es que nadie se da cuenta; en las zonas rurales los movimientos habituales son en la comarca, en torno a la capitalidad del municipio, de entre 50 o 100 km diarios; lo unico es que ademas de los coches normales hay que hacerlos tb 4×4.
    El problema de recargarlos aburre; además estaría solucionado para todo el mundo siu se hicieran baterias intercambiables recargables y a disposición en las gasolineras. Si no se hace es porque no se quiere…
    Eso sin contar que tb se puede hacer por induccion, sin cable.

    1. Carlos

      Estoy de acuerdo contigo Hans, la mitad de los coches que tienen en los pueblo, no son de trabajo, y en un alto porcentaje no hacen más de 200 km diariamente, ya que son como dices movimientos en la comarca o en torno a la capitalidad del municipio o provincia.

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