27 de diciembre de 2018 (*) actualizado a las 13:43

Al hablar de los problemas que afrontan los coches eléctricos solemos detenernos en aspectos técnicos acerca de su funcionamiento y fabricación. El coste de las baterías, la ausencia de infraestructuras de recarga o la autonomía son algunos de los más frecuentes. Sin embargo, a pesar de todo el despliegue en difusión publicitaria de las marcas, las ventas de este tipo de coches son tan bajas (484 en España en 2012) que difícilmente pueden achacarse sólo a sus inconvenientes técnicos. Otros productos que se presentaron al mercado con desventajas respecto a la competencia (el mejor ejemplo es el iPhone con su pobre cámara de fotos, minoritario software o escasa capacidad de la batería...) han sabido hacerse un hueco y ganarse el mercado con otros argumentos y con una cuidada estrategia de comunicación. Los coches eléctricos todavía tienen que hacerse un hueco en la cultura popular a través del cual ir creciendo en atractivo como en su día sucedió con los coches de motor de combustión. Estos últimos tuvieron en el cine un aliado decisivo para su éxito... ¿Será esta la clave para los eléctricos en el XXI?

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Muchas veces quienes escribimos acerca de los coches eléctricos dedicamos artículos enteros a sus características técnicas, pero esto suele dejar en un segundo plano algo que es vital en su éxito o fracaso futuro: su estrategia de comercialización.
A principios del siglo XX y hasta la Primera Guerra Mundial los coches eléctricos dominaban en ventas y en rendimiento a los frágiles y ruidosos coches de motor de combustión, basando su ventaja en un silencio y limpieza de marcha que les daba un aire de distinción frente a éstos.

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Hace unos meses dediqué un artículo a los aspectos en los que el coche eléctrico podría influir en el diseño de nuestro entorno social, a través de los cambios que provocaría en nuestra idea de movilidad y como ésta modelaría a su vez el mundo que nos rodea. Las infraestructuras de recarga de los eléctricos modificarán nuestro paisaje y nuestras ciudades serán nuevos espacios cuando las recorran coches pequeños y casi tan silenciosos como una bicicleta.

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El coche eléctrico está en la actualidad en una fase todavía de desarrollo que no lo hace muy competitivo comercialmente. Los costes de producción y venta, así como la escasa autonomía y casi inexistente red de recarga lo lastran a la hora de llegar a los particulares. Escasos 800 turismos y vehículos comerciales eléctricos se vendieron el año pasado en España de los cuales apenas una decena fueron para particulares., y aunque en lo que va de 2012 los eléctricos ya han alcanzado 678 hasta finales de mayo, todavía siguen siendo una rareza.

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