
Lo conocimos en Frankfurt, el nuevo Suzuki Swift Sport se dejaba ver ya en el salón germano y ya allí la idea de un coche de poco más de 1.000 kg y 136 caballos nos dejaban con las ganas de llenar el depósito y echarnos a una carretera de curvas a disfrutar de su motor atmosférico. Hemos tenido que esperar un par de meses, pero este viernes pudimos tener una toma de contacto con el nuevo Swift Sport en Madrid.
En el punto de partida, bajo un día frio y con el suelo mojado tras las pequeñas tormentas de los últimos días, esperaba un nutrido grupo de Swift Sport, el heredero de las siglas GTI de la casa nipona. Apacibles por el momento llegaba el turno de elegir una unidad, blanca en mi caso, coger las llaves, el libro de ruta y lanzarnos a la carretera para conocernos personalmente a lo largo de unos cuantos kilómetros por una buena zona de curvas.

Pulsando durante un instante el botón de Start, el motor de 1.6 litros, heredado del anterior modelo pero puesto apunto, arranca y se mantiene no demasiado bronco a relenti. Es hora de recorrer los primeros metros, abandono los últimos resquicios de la zona financiera de Madrid y me lanzo a subir hasta Miraflores para probar las bondades de este GTI del siglo XXI en su mejor territorio, una carretera secundaria con unas cuantas curvas donde poner a prueba no sólo el propulsor sino también su chasis.
Lo primero que noto en una conducción normal es que los bajos son algo escasos, algo perezoso para tratarse de una versión Sport, pero esta cuestión queda solventada en cuanto empezamos a subir de vueltas, llegamos a las 3.500 rpm y el sonido de su propulsor comienza a acentuarse, incluso entra demasiado en el habitáculo para aquellos momentos en los que queramos ir a por el pan y no de tramo.

Su chasis sin duda se postula como uno de los aspectos más favorables durante la prueba es imposible hacerle flaquear y una vez nos hemos sacado de nuestra cabeza los propulsores turbo que pueblan nuestro mercado se hace entretenido conducir en la parte más alta del cuentarevoluciones, hoy no hay compasión con los consumos.

Llegamos a un pequeño camino en mitad del ascenso hacia Miraflores y aprovecho para tomar algunas fotos y fijarme detenidamente en su estética y su interior. En un simple vistazo vemos elementos que denotan su pertenencia al segmento de las pelotillas deportivas. Los aletines de sus faros antiniebla, los bajos, las llantas de 17 pulgadas, los faros bi-xenón, pero si llegamos a su zaga, el aspecto se acentúa con un alerón, un difusor trasero y lo que para mí supone una de sus principales señas de identidad: su doble salida de escape.

Su interior en cambio me resultó algo justo de calidad para ser un top de la gama. Por un lado ofrece visualmente una buena apariencia. Simple, con poca presencia de materiales mullidos o cuero, algo lógico y acorde con su filosofía, pero bajo ello, en la parte baja del salpicadero o bajo los asientos, el acabado del plástico no es del todo bueno, siendo al tacto algo duro, pero de nuevo, estamos ante un coche con otra filosofía lejos del cuero más allá del volante o el pomo del cambio.

Es el momento de volver a arrancar, y llegar al punto de encuentro. De nuevo encontrando las bondades del propulsor rodando a 4.000 rpm y estirando las marchas más allá de las 6.500 vueltas. El tacto de la dirección muy bueno, a la altura del chasis.
Tras llegar a Miraflores era el momento de conocer de la mano de miembros de Suzuki, incluido el Presidente de Suzuki Ibérica, los detalles del Swift Sport y las previsiones de mercado. El modelo cuenta con 136 caballos, consume menos y emite menos emisiones a pesar de contar con el mismo motor del Swif Sport anterior. Su potencia no es lo único que aumenta, el anterior modelo contaba con 125 caballos, también lo hace su par hasta los 160 Nm asociado a un peso de 1.045 kg.


Tras la comida es hora de dejar a un lado los últimos tramos de curvas y volver al centro de la capital. Tras dejar el Swift me llevo una grata sensación en cuanto al comportamiento dinámico entre curvas, eficaz llevándolo alto de vueltas pero perezoso en la parte baja, con un chasis que me pareció uno de los elementos más reseñables del coche y con un equipamiento bastante completo por un precio competitivo. Lo peor, el acabado algo tosco de su interior. Una de las pocas alternativas atmosféricas en el segmento que sin duda resulta muy eficaz para pasar una tarde de fin de semana como la de hoy entre curvas y gasolina.

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