La virgen, el asiento de bolas… los viajes de nuestra infancia y los maravillosos accesorios del coche del abuelo

 |  @sergioalvarez88  | 

Me he despertado nostálgico. Mi abuelo lleva ya años con la salud deteriorada y está ingresado en el hospital, con un diagnóstico de momento poco halagüeño. Me he puesto a recordar aquellos viajes que hacíamos toda la familia en su coche, desde mi Asturias natal hasta un pueblo de Zamora en el que veraneábamos. Los años 90 estaban recién estrenados, y quizá es la distancia temporal, pero todo parecía más auténtico. Los bares de carretera, las gasolineras con cintas de Camela… y aquellos maravillosos accesorios “viejunos” de coche.

Largos viajes por carretera, sin el miedo constante a los radares, con muchas menos preocupaciones…

Indudablemente eran otros tiempos, no sé si para bien o para mal, pero más sencillos. Mi abuelo tenía un buen coche, un Saab 9000, pero como muchos otros españoles de la posguerra, no pudo estrenar coche hasta bien entrados los años 60. Con autopistas recién estrenadas y una total ausencia de radares, recuerdo ir de pie en el asiento trasero del coche, mientras mi abuelo lo ponía a 160, 170, 180… para mi algarabía. No sé, quizá eso fue lo que me convirtió en un quemadillo, en un adicto a todo lo que tuviese motor y ruedas.

Aquél Saab tenía cinturones de seguridad en todas las plazas, pero nunca nadie era muy exigente con su uso. Si estaba incómodo, me tumbaba en el asiento y me lo quitaba. Si el sol me molestaba, mi abuela ponía una manta en la ventanilla y la atrapaba contra el marco de la puerta a modo de cortina. Visto en retrospectiva, y con la información que hoy en día tenemos acerca de los sistemas de seguridad de un coche, muchos de aquellos comportamientos eran imprudentes. En aquél momento, a nadie parecía importarle.

Tendemos a recordar sólo lo bueno del pasado, cierto es. Por fortuna, se ha avanzado mucho en seguridad vial, y muere mucha menos gente al volante.

Los bares de carretera eran todo un espectáculo. Llenos de camioneros, sucios, y siempre atractivos para un niño que apenas había vivido la carretera. Un pincho de tortilla y un batido de chocolate era el mejor de los manjares cuando estaba lejos de casa. Recuerdo que me perdía en aquellas torres metálicas repletas de cassettes, de grupos patrios, de éxitos de la ruta del bacalao o del más puro gitaneo. Por supuesto, todo el mundo fumaba, vociferaba palabras malsonantes y bebía en plena ruta – y no precisamente cañas.

Recuerdo también los viajes en el destartalado Ford Fiesta del año 1977 que tenía mi padre por aquél entonces, y la multitud de averías de aquél cacharro. Mi otro abuelo tenía un Renault 11, y estaba mucho más “customizado” que el impecable Saab 9000 de mi abuelo materno. Aquél Renault 11 era un escaparate de ese mundo automovilístico ya extinto, al que he querido rendir un sencillo homenaje con este artículo. Comenzamos con un clásico: San Cristóbal, en forma de estampita pegada al salpicadero o pomo de la palanca de cambios.

Tampoco puedo ignorar aquellos cubre asientos, hechos de bolitas de madera. De pequeño creía que eran sólo para los mecánicos, porque mi abuelo había sido mecánico en su juventud. Hasta que comprobé que muchos coches y profesionales del transporte los llevaban. ¿Cuándo es la última vez que los has visto?

Muy típicos de la época eran los parasoles, en multitud de ocasiones publicitarios, y hechos de cartón, nada de materiales reflectantes de alta tecnología. Además, estaban presentes en todas las ventanas del coche. Delante, detrás, en los laterales. Aquél coche parecía un anuncio andante de Coca-Cola.

En todos los asientos traseros de la época había al menos un par de cojines – normalmente los más gastados de casa – y en ocasiones una manta. Por si alguien quería dormir en el coche. Como no había sistemas de entretenimiento infantil a bordo, tenías suerte si en la bolsa del asiento había un libro para colorear, un libro de crucigramas o… ¡una revista de coches!

Era muy común que los coches de la época tuviesen el lema del fabricante en su ventana trasera. Aquél mítico “Contigo al fin del mundo” del Peugeot 205, o aquellos emblemas que rezaban “5 velocidades” en la parte trasera de los Renault. Las pegatinas de destinos vacacionales de la costa del sol eran también comunes y al menos en Asturias, la mítica referencia a la Virgen de Covadonga: “Yo conduzco, ella me guía”.

Tampoco me he olvidado de la multitud de cassettes desparramados por las puertas del coche, de aquél pesado radio cassette extraíble que mi abuelo se llevaba siempre en su funda por miedo a los cacos, de aquél trapo roñoso para limpiar el parabrisas cuando se empañaba y de aquellos deflectores de plástico situados en la parte superior de las ventanas. Todo por recibir un poco de aire en aquellos trayectos sin aire acondicionado, y evitar las turbulencias. ¿Sabías que son opcionales en el nuevo Toyota Prius?

Estoy seguro que me dejo en el tintero más cosas. Os animo igualmente a que nos contéis vuestras experiencias automovilísticas de aquella época pasada, cargada de recuerdos y de sensaciones. Si me disculpáis, me voy a comer unos gusanitos y a ver en YouTube la ceremonia de apertura de Barcelona ’92. Qué dura es la nostalgia a veces.

Imágenes: Yofuiaegb | Magnet | Testanello2
En Diariomotor:

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  • Singer

    ¡Qué recuerdos! Y eso que soy aún más joven que tú, pero recuerdo perfectamente ese mundo que describes. Mucha fuerza para tu abuelo.

  • mermadon

    Aquella época era casi tan emocionante como ver por la tele un concierto de Locomía en el canal Intereconomía :-X

  • X 2.0

    Los casetes de Arévalo… mejor que no vuelvan XD

  • Issam

    ¡Qué recuerdos! Nosotros por aquel entonces nos desplazábamos en un Chrysler 150 (de1977), y llevaba (agárrate) asientos de bolitas, los parasoles enrollados (de trasmediterránea) y los de cartón de un banco, unos limpiaparabrisas doble (blancos) que llevaban unas cosas cuadradas que decían para mejorar la aerodinámica, y una especie de alerón que cubría todo el cristal trasero como un par de peldaños…que tiempos

  • Txesz

    Para mi lo mítico de aquella época, junto con de viajar de pie, agarrado al respaldo del acompañante, era discutir en el colegio quien había alcanzado más velocidad en “la recta de La Venta de La Tuerta”, el Ehra-Lessien de los asturianos XD

  • Antonio Gutiérrez

    Y los pomos de la palanca de caracolas marinas… Eran lo mejor =)

  • Fèlix Badosa

    ¿Soy yo o el que conduce el R11 es Bertín Osborne? O.O Este tío esta en todos los sitios últimamente XD

  • Anonymous

    Creo que mas no me puedo identificar con lo que cuentas en el articulo, solo cambia el coche, en nuestro caso teniamos un SEAT 127 de color amarillo y de tres puertas. Y los viajes que haciamos desde Cataluña a Andalucia de mas de 1.000 kms que ya lo dicé todo.
    La verdad para mi una de mis mejores experiencias de mi infancia, viajes interminables y con la calor que hacia, encima de las averías etc etc… eso si que era irse a la aventura, que recuerdos y que nostalgia tan grande, gracias por hacernos recordar aquella época maravillosa que nunca mas volverá, pero que siempre la recordaré.

  • Paco Tce

    Bufff, recuerdo aquel Simca 1.200 S de mi padre que estrellamos mi hermano y yo haciendo trompos en un pinar, el Talbot Horizon que compró después, el 600 de mi vecino, meter en la parte de atrás de un camión a 17 niños de pie… que tiempos aquellos en lo que todo valía.

  • Fresh Prince

    Excelente artículo; el honda Nsx siempre fue superior al ferrari 355 que también ardía por combustión espontánea. Sabrina era la mejor dando botes, la ví un Aplauso o era Tocata, no recuerdo bien. Solo falta el R5 turbo culo gordo de 160 cv, un peligro andante.

  • IGC

    Os habéis olvidado de las tiras que llevaban los coches arrastrando y que se suponía que descargaban el vehículo de electricidad estática (yo nunca me lo creí :) Por cierto, sigo sin saber para qué sirven los respaldos de bolitas de madera, ¿son para romperse la espalda o tienen alguna otra misión? (porque no me creo que sean cómodos ni masajeadores)

    • Muy míticas las tiritas de goma, y aquellas protecciones que se ponían en los cantos de las puertas, algunas incluso reflectantes. Sobre los asientos de bolas, mi abuelo decía que eran buenos para la espalda, pero a mí tampoco me lo parecía. Sí eran más frescos en verano, quizá esa sea la clave…

    • Paco Tce

      Yo también dudaba sobre los respaldos de bolas, hasta que un día hablé con mi vecino que era taxista y lo llevaba sólo en el taxi, me dijo que hacían varias funciones, ayudaban a que el cuerpo transpirase mejor en verano, también a que la circulación sanguínea fluyera mejor y si te movías de un lado a otro y de arriba a abajo hacían una función de “masaje”