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Diario de Bakú: martes de caos entre aviones y reencuentros

La Fórmula 1 y el automovilismo son un mundo de sensaciones generalmente positivas. La adrenalina y la velocidad se combinan con la angustia y el miedo, dando paso a un carácter difícil de explicar a todo aquel que no sea aficionado. Para bien o para mal, un campeonato de tan elevado poder también forma parte de un contendiente económico desde hace décadas y cuando el río monetario suena, Gran Premio que se lleva. El regreso a escenarios tradicionales se ha mezclado con la introducción de nuevos escenarios en esta tumultuosa década dominada por dos pilotos ya históricos en Sebastian Vettel y Lewis Hamilton.

Y aquí me encuentro, en el circuito de llegada más reciente y segundo más largo del calendario. Los irregulares 26 años de edad de este redactor le han permitido mover su vago trasero en dirección a Bakú, capital de Azerbaiyán, tierra de oportunidades y de desorganización a partes iguales. No es fácil llegar hasta allí: el aeropuerto se encuentra un poco lejos del centro de la ciudad y apenas permite combinaciones desde Rusia y Turquía, con algunos vuelos semanales con salida en París, Londres, Frankfurt y otros centros neurálgicos en Europa.

Ningún tipo de relación con España, cuyos vuelos hacia Moscú o Estambul son lo más útil que se puede realizar (preferiblemente desde Madrid o Barcelona). La ciudad turca es el primer destino de una larga escala, un aeropuerto de reciente creación abierto hace seis meses y al que Turkish Airlines desvió todos sus vuelos hace solo dos semanas. El lugar es enorme, con una única gran terminal que podría permitir correr alguna maratón de ida y vuelta en sus descomunales instalaciones, hecho no realizable por mi parte al no haber dormido apenas en el avión ni en la noche previa.

La llegada progresiva de las horas hace que una banda musical amenice la espera en la terminal y que el personal habitual de carreras llegue a la puerta de embarque. Albert Fàbrega es el único nombre del contingente español que me cruzo, uniéndose poco después varios ingleses, alemanes y europeos en general. Jack Aitken y Dorian Boccolacci también están presentes e irán gestionando sus idas y venidas juntos como buenos compañeros de equipo en Fórmula 2, incluyendo el vicio a diferentes juegos populares de plataformas y dulces. Todo esto teniendo previsto subir al avión en la plataforma de nombre F1 (en la foto) y pasando finalmente a la plataforma F3.

La segunda parte del vuelo lleva desde Estambul a Bakú sin mayores incidencias que atravesar toda Turquía, un país sencillo y fácil de cruzar de camino hacia la tierra prometida, que nos recibe con una pequeña desorganización en taxi y una noche iluminada y colorida. La floja diferencia horaria de dos horas hace parecer que el viaje sea más pesado, aunque una escala de larga duración es difícil de gestionar por muy en buena compañía que se esté. Por el momento no han existido grandes complicaciones y se espera disfrutar y trabajar durante el distinguido y quizá conflictivo fin de semana en la urbe azerí, dónde el tráfico ya se muestra rebelde.