Max Gordon: cuando no entiendes por qué te aplauden por tu primer vuelco

 |  @fernischumi  | 

A su edad muchos estábamos pelándonos las rodillas con la bicicleta. Está claro que Robby Gordon está acelerando el aprendizaje de su hijo Max, hasta tal punto que a sus cortos ocho años de edad es capaz de sentarse al volante de un Stadium Truck y hacerlo bailar con soltura. Algunos lo considerarán sencillo, otros lo verán como imposible, pero está claro que Max está pasando su tierna infancia entre motores de cientos de caballos y, con el tiempo, podemos estar ante todo un prodigio dentro del off-road.

Para algunos seguirá siendo un talento en potencia, para otros, un niño que está aprovechando el hecho de ‘ser hijo de…’ para divertirse al volante de un coche de competición. Las opiniones son encontradas, algo que pude yo mismo comprobar ayer con la publicación de un vídeo de Oliver Solberg, hijo de Petter, derrapando con el Citroën DS3 Supercar con el que compitió su padre en 2016. La mayoría quedaron asombrados con que un joven de quince años pudiera manejar así un coche de casi 600 CV de potencia, otros, se veían capaces de hacer lo mismo sin despeinarse demasiado.

Al igual que en otras disciplinas y deportes en los que los deportistas comienzan a competir de forma internacional y al máximo nivel desde muy jóvenes, se produce una madurez distinta a la del resto, sin embargo, siguen siendo niños. Buena muestra de ello es este pequeño vídeo en el que no sólo podemos ver la que fue la primera carrera de buggies de Max Gordon a los seis años, sino también el inevitable primer vuelco. La tierna reacción, la llamada a su figura paterna o la extrañeza con la que mira al público que le ovaciona nada más salir del coche que acaba de poner ‘patas arriba’.

Casi tres años después, este es Max Gordon, en un vídeo publicado por los responsables del Campeonato Stadium Super Trucks el último día del pasado mes de mayo. ¿Talento o un simple niño normal con privilegios divirtiéndose? El tiempo lo dirá…

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  • Inohcna

    Lo importante es que el chaval le guste y lo esté pasando bien, yo creo que ese objetivo está conseguido, solo hay que verle la cara y además como disfruta su padre viéndolo. Si cuando crezca le sigue gustando y se quiere dedicar a ello, y además vale, pues aquí estaremos viéndolo y disfrutándolo, espero.
    No hay que darle más importancia a las cosas de las que tienen. Ha tenido la suerte de ser hijo de quien es, pues nada, me alegro por él, yo a su edad suspiraba por una bici más grande, quién hubiera pillado ese buggy...