Hoy nos salimos un poco del guión en nuestro repaso a las carreras no puntuables de Fórmula 1 para centrarnos en un evento no puntuable que en ningún caso fue organizado como una carrera. El Gunnar Nilsson Memorial Trophy de 1979 cuenta con el honor de ser la única cita de la categoría reina en haberse disputado únicamente como contrarreloj, sin carrera tradicional programada. De esta forma, el vencedor era simplemente el piloto que lograra el tiempo más veloz en el número de vueltas estipulado e igual para cada participante. En este evento celebrado como homenaje al piloto sueco Gunnar Nilsson, la victoria fue para Alan Jones en la primera competición de Fórmula 1 en Donington Park. Aunque el circuito había sido recientemente restaurado y se usaba para carreras de Fórmula 2 y Fórmula 3 y para pruebas de Fórmula 1, no sería hasta 1993 que acabaría teniendo lugar un Gran Premio puntuable para el Campeonato del Mundo.

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Si hay un piloto claramente dominador del extraño mundo de las carreras no puntuables en los años 70, este es sin duda James Hunt. El piloto británico disputó un total de 11 sobre las 31 carreras no puntuables disputadas entre 1970 y 1979, siendo 11 sobre 15 en la época en la que el campeón estuvo en activo. Con un total de cuatro victorias, solo Emerson Fittipaldi le iguala en triunfos fuera de campeonato en esa época... aunque el brasileño disputaría un total de 21 carreras de este tipo, logrando un porcentaje algo peor. Más remarcable aún, Hunt logró todos estos éxitos en un solo país, Gran Bretaña, situándole como uno de los pilotos con más éxitos en carreras de Fórmula 1 en casa. En la edición de 1976 de la Race of Champions en el desafiante circuito de Brands Hatch, James Hunt logró su primera victoria con McLaren, iniciando una temporada que resultaría histórica por muchos motivos entre los que acabaría destacando el primer y único título del controvertido pero popular as de Belmont, en los suburbios de Londres.

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Hay carreras y carreras, pero a lo largo de la historia del Gran Premio de España, si se habla de una cita que destaque por la cantidad de cosas que pasaron fuera de lo estrictamente deportivo, la más especial debe ser la edición de 1980 de la cita automovilística más importante de nuestro país. Programada como la séptima carrera de la temporada del Campeonato del Mundo de Fórmula 1, Nelson Piquet llegaba en cabeza de la general... pero lo más importante no serían los puntos ni la victoria de Alan Jones, sino la batalla entre la FISA y la FOCA, con los organismo españoles metiendo cizaña. Se trata de la última carrera de Fórmula 1 no puntuable disputada en España y probablemente la semilla que hizo que la categoría reina no volviera al Jarama tras la edición de 1981.

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Comenzamos hoy una nueva sección en Diariomotor Competición en la que haremos un repaso muy especial a unas carreras de Fórmula 1 muy especiales. A lo largo de los años, siempre se presta atención a la épica de las grandes carreras... las puntuables, claro. Esto deja a las mucho menos conocidas carreras no puntuables en la oscuridad mediática. Entendible, por cuanto estas carreras tenían a menudo una menor afluencia de pilotos y equipos, además de no dar puntos para el Campeonato del Mundo y por lo tanto tener mucha menos importancia general. A fin de cuentas, un piloto nunca iba a jugarse el tipo igual por una carrera puntuable que por una no puntuable. Pero a pesar de todo, durante mucho tiempo fueron una parte esencial del sustento económico de los pilotos, además de un buen lugar en el que dar una oportunidad a jóvenes talentos de lucirse en una carrera de Fórmula 1. A lo largo de los próximos meses, repasaremos la historia de cada una de estas carreras, desde 1950 hasta 1983... o por lo menos, lo intentaremos. Empezando por el final, abrimos nuestra sección con la Race of Champions de 1983 en Brands Hatch, con victoria de Keke Rosberg.

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El Gran Premio de Mónaco de 1981 es una de las carreras más recordadas en el circuito de Monte Carlo. Allí, Gilles Villeneuve dio una auténtica exhibición de su talento y logró su primera victoria en un circuito europeo, semanas antes de vencer por última vez en el circuito del Jarama. El piloto de Ferrari logró precisamente en Mónaco el primer triunfo de un coche de Maranello con el dorsal número 27, comenzando una historia que iba a convertirse en legendaria. Pero lo más importante era ver como Villeneuve ganó en un circuito que probablemente era el menos indicado de todo el calendario para los motores turbo. Su talento, su convicción y una pizca de fortuna conjuraron para que el canadiense lograra un resultado verdaderamente especial, aunque como todo, las piezas tuvieron que caer antes en su sitio.

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Ciertamente, con las nuevas reglas las expectativas por observar una propuesta radical estaba en el aire, pero una vez expuestos todos los monoplazas de esta temporada no hay ninguno que deslumbre por ser rompedor o novedoso si se compara con sus antecedentes más recientes. La aleta de tiburón, los apéndices, el ala T sobre la tapa motor no causaron mayor impresión, tal como en su momento provocaron los monoplazas de seis ruedas. En tal sentido, Frank Dernie, ex jefe del departamento aerodinámico del equipo Williams hasta 1989, indicó que el FW08B ha sido la propuesta más radical que se recuerde en las últimas décadas.

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El Gran Premio de Estados Unidos de 1979 celebrado en Watkins Glen -carrera conocida a menudo como Estados Unidos Este en contraposición con la cita en la costa oeste en Long Beach- fue la última carrera de una temporada triunfal para Ferrari. De esta forma, Estados Unidos recibía a la Fórmula 1 con los títulos decididos y sin tanta emoción en teoría. La compensación llegó en forma de exhibición de Gilles Villeneuve, que estuvo todo el fin de semana en un mundo aparte.

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Alan Jones fue una de las estrellas de finales de los años 70 y principios de los 80 -aunque poco tiempo en este último caso, puesto que se retiró a finales de 1981; lo que vino después es difícil de contarlo-. El popular piloto australiano fue uno de los hombres clave en el crecimiento inicial de Williams, llegando al título de 1980. A bordo de los coches de Frank Williams y Patrick Head, su casco fue uno de los más originales de la época sin necesitar un exceso de color.

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