A lo largo de los años 60 y los años 70, la normativa conocida como Fórmula 5000 reservada para monoplazas de 5000 centímetros cúbicos nació y creció en popularidad hasta cotas nunca antes vistas, llegando a tener campeonatos en Europa, América y Oceanía. En un momento dado en los años 70, había más competiciones y más monoplazas de Fórmula 5000 por el mundo que de Fórmula 1, gracias a su precio reducido y su buen rendimiento en pista. Además, lo espectacular de su pilotaje y su sonido los hacía muy populares. Durante varios años, las carreras no puntuables de Fórmula 1 permitieron la participación de los coches de F5000 para rellenar parrillas. En especial, la Race of Champions y el BRDC International Trophy solían invitar a los mejores pilotos de las carreras disputadas el día antes al evento principal para darle un punto más atractivo al fin de semana con un duelo entre F1 y F5000. Entre todas estas ocasiones, solo en una logró ganar la Fórmula 5000; fue en Brands Hatch con motivo de la Race of Champions de 1973, con Peter Gethin y su Chevron oficial imponiéndose a la Fórmula 1 en 'su casa'.

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Es difícil que tras decir la palabra "Spa" no venga después un suspiro cargado de un profundo anhelo... claro que no hablamos de un lugar para la relajación sino del famoso circuito de carreras. Spa-Francorchamps siempre ha tenido una mística sobrenatural y desde su inauguración en 1921 ha generado grandes carreras y planteado auténticos desafíos a los pilotos. La última carrera de Fórmula 1 en el trazado largo tuvo lugar en 1970, cerrando un periodo legendario de la categoría reina con la segunda y última victoria de Pedro Rodríguez. El piloto mexicano mostró sus cualidades al volante de un BRM que no estaba en ningún caso para ganar, tal y como lo demostrarían las demás carreras de la temporada.

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A lo largo de los más de 60 años de la historia de la Fórmula 1 "sólo" ha habido tres pilotos con el apellido "Hill" en competir. Curiosamente y contrariamente a lo que podría parecer lógico, no todos ellos tenían relación familiar -aunque dos de ellos sí- y tampoco eran todos del mismo país -una vez más, dos de ellos sí-. En lo que sí coincidieron los tres pilotos es en varios elementos importantes a la hora de juzgar lo importante de su presencia en la competición en términos históricos.

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En 1968 la firma Imperial Tobacco acordó con Colin Chapman para patrocinar Lotus. Tal sociedad significó el inicio de una gigantesca escalada comercial en la Fórmula 1 cuyo primer movimiento fue cambiar el tradicional British Racing Green que identificaba a los equipos ingleses por el rojo y dorado de una marca de cigarrillos. Al principio, el público observó aquello con cierto recelo pero, posteriormente, las estrategias promocionales de los patrocinadores resultaron tan seductoras que todavía, a estas alturas de la historia, cuando se menciona a Lotus, de inmediato se le asocia a los colores negro y dorado que exhibió a partir de 1973. En tal sentido, ha resultado tan relevante la influencia del patrocinador que han sido varios los casos representativos donde un cambio significó el traslado de la identidad de una escudería para instaurarse en otra.

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El culto al motor 12 cilindros, como máxima expresión de la ingeniería automotriz, tiene su origen en las carreras de Grand Prix y en las pruebas de Resistencia. En esa época, previa a la Fórmula 1, se pudieron apreciar auténticas joyas del automovilismo como el Auto Union Type C y los Mercedes W125 y W154, estandartes de la industria alemana que rompieron esquemas ya que incursionaron en competencias de ascenso y carretera, en el campeonato de Grand Prix y en desafíos de velocidad, donde eran capaces de sobrepasar los 400 Km/h. Sin embargo, al iniciar la Fórmula 1, las reglas, para con los centímetros cúbicos y el peso máximo de los coches, se establecieron con la intención de limitar la escalada de potencia y establecer cierta paridad entre los inscritos, sin embargo, la obsesión por los 12 cilindros se mantuvo con vida.

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Tras revisar los cinco coches más recordados de las cuartas diez marcas de esta sección, llega el momento de realizar las votaciones y elegir cinco coches de competición de estas marcas que no entraron en sus respectivos repasos. Desde hoy hasta el próximo miércoles día 30 de diciembre, os invitamos a todos a dejar vuestras sugerencias en la sección de comentarios de este mismo post.

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British Racing Motors, conocida como BRM, es una de esas marcas históricas de la Fórmula 1 que tanto gustan. Fundada en 1945, estuvo en la categoría reina desde 1950 hasta 1977, teniendo una presencia particularmente importante durante los años 60, donde llegó a ser campeona del mundo tanto de pilotos como de constructores en 1962. Aunque llegaron a producir un coche para la Can Am norteamericana, construyeron un motor -¡una turbina de gas!- para Le Mans y llegaron a trabajar en una versión del famoso motor H16 para Indianapolis, su presencia se centra casi exclusivamente en la Fórmula 1.

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Cuando la Fórmula 1 llegó al renovado circuito de Montecarlo en 1972, las sorpresas habían tomado el campeonato del mundo con el veterano Denny Hulme en cabeza de la clasificación general. El neozelandés de McLaren había ganado en Kyalami y estaba empatado a puntos con Emerson Fittipaldi, ganador en el Jarama. La otra victoria había sido para el campeón en título, Jackie Stewart y aunque sin triunfos, Jacky Ickx y Clay Regazzoni con los Ferrari estaban bien situados en cuanto a puntos.

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