CERRAR
MENÚ
DiariomotorLogo Diariomotor
Opinión

5 MIN

Por qué el diésel seguirá mereciendo la pena aunque suban sus impuestos

Sergio Álvarez | @sergioalvarez88 | 22 Abr 2021
Diesel Subida Impuestos Logo Porsche
Diesel Subida Impuestos Logo Porsche

Hace unos días, el Gobierno remitió a Bruselas un documento en el que explicita los compromisos adquiridos por España en materia de sostenibilidad, además de las partidas de gasto en que se emplearán los 140.000 millones de euros que recibirá del Plan de Recuperación. Este "New Green Deal" comportará fortísimas inversiones en movilidad de cero emisiones, pero también un previsible modelo de pago por uso de la red de alta capacidad y la clara intención de equiparar la fiscalidad del diésel y la gasolina. De la subida de impuestos al diésel tenemos que hablar.

Mi compañero David Villarreal nos habló hace apenas unos días de esta plausible subida de impuestos al gasóleo, con el objetivo de equiparar su fiscalidad a la de la gasolina - el Impuesto Especial de Hidrocarburos sigue siendo más gravoso para la gasolina que para el gasóleo, a causa de la dependencia del país del transporte por carretera, entre otros factores. Esta subida de impuestos no se ha materializado aún, ya que fue aplazada para lograr apoyos políticos a la hora de aprobar los Presupuestos Generales del Estado.

La subida de impuestos al gasóleo hará aparición en la próxima negociación de Presupuestos Generales del Estado.

En cualquier caso, todo apunta a que el Gobierno tratará de incluir esta subida en los próximos Presupuestos. De lograrse, no entraría en vigor hasta enero de 2022. ¿Y sabéis qué? Incluso aunque esa subida impositiva se materializase en su completo alcance - una subida de unos 0,10 euros/litro - el diésel seguirá teniendo mucho sentido, y mucho recorrido de futuro. Y en este artículo vamos a explicaros las razones por las que tiene mucho futuro, y las condiciones particulares que deberías cumplir para que tener un coche diésel no te sea contraproducente.

Diésel: amigo de la carretera, enemigo de la ciudad

España vivió una tremenda dieselización durante la primera década del siglo. Una dieselización a todas luces excesiva. En estos tiempos, vive una aversión al diésel, también a todas luces excesiva. Para saber si el diésel nos sale a cuenta debemos analizar cuidadosamente el uso que recibe nuestro vehículo: no solo debemos analizar cuántos kilómetros recorremos anualmente, si no por dónde los recorremos. Si nuestros trayectos son fundamentalmente urbanos y al año apenas recorremos 15.000 km, es mejor que nos olvidemos de los motores diésel.

El diésel tiene sentido, pero solo si cumplimos ciertas condiciones.

Los trayectos cortos y de corte urbano son realmente perjudiciales para los sistemas anticontaminación de un diésel moderno, que pronto se saturarán y requerirán regeneraciones forzosas, limpiezas o incluso su caro reemplazo. Por contra, si nuestro uso del coche es fundamentalmente extraurbano y recorremos una distancia suficiente para que el vehículo alcance y mantenga una temperatura de servicio - al menos 15 minutos de conducción a régimen constante - el diésel puede convertirse en un gran aliado y una compra realmente inteligente.

A igualdad de potencia y prestaciones, el consumo real de un coche diésel - y por tanto sus emisiones de CO2 - siguen siendo claramente inferior al de un coche de gasolina. Si recorremos un elevado número de kilómetros al año, con el gasóleo salen las cuentas, y van a seguir saliendo aunque el litro se encarezca esos 10 céntimos por litro. Como propietario de un coche diésel que recorre al menos 35.000 km anuales, puedo atestiguar esto de primera mano: con un gasolina mi gasto anual y mi huella ambiental serían muy superiores.

En un contexto de descarbonización y fiebre SUV, dar la espalda al diésel es un craso error.

El transporte por carretera sigue dependiendo del gasóleo

El 90% del tráfico de mercancías en España se mueve por carretera, en grandes camiones. La práctica totalidad de esos camiones emplean gasóleo. Las flotas de reparto urbano, las furgonetas de los autónomos y los vehículos de los profesionales independientes siguen estando en su mayoría alimentados por gasóleo. El motor comercial de España es una mecánica diésel. Como es lógico, estamos afrontando un proceso de descarbonización sin precedentes y los vehículos industriales no son ajenos a este proceso. Pero esa transición debe ser justa y ordenada.

Una subida impositiva de este calado no perjudicará a aquellos que empleen gasóleo profesional, pero afectará al resto de empresas y autónomos de forma considerable. Bajo nuestro punto de vista, la descarbonización del parque móvil debería hacerse sin perjudicar a aquellos que han invertido decenas de miles de euros en vehículos diésel, cuya fiscalidad hasta ahora seguía siendo beneficiosa. El ideal de una transición natural a la movilidad de bajas emisiones sería pasarse al eléctrico porque sale más barato, no abandonar el diésel porque sale demasiado caro.

Pasémonos al eléctrico porque nos sale a cuenta, no porque sostener un vehículo diésel sea cada vez más difícil.