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Porsche

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El oscuro secreto que guardaban los faros escamoteables del Porsche 914

Elena Sanz Bartolomé | 20 Ago 2022
Porsche 914 Faros  02
Porsche 914 Faros  02

Los faros escamoteables están extintos: sólo viven en aquellos vehículos que los equipaban cuando sí estaban homologados. Hubo un tiempo, incluso, en el que era eran, prácticamente, un requisito para cualquier deportivo… como el Porsche 914: en su caso no sólo desataron ríos de tinta, también guardaban un oscuro secreto.

Fue en los años setenta cuando Porsche y Volkswagen desarrollaron, de forma conjunta, el Porsche 914: un modelo que se convirtió en el acceso a la gama de los de Stuttgart. Aquel biplaza con motor central tenían algunas características especialmente llamativas: la larga distancia entre ejes teniendo en cuenta su longitud, sus cortos voladizos, su ancho arco de seguridad o la pieza central del techo extraíble, que era de plástico reforzado con fibra de vidrio.

La razón de aquellos faros

A esa lista se unían, por supuesto, los faros escamoteables. El Porsche 914 fue el primer modelo de la casa equipado con ellos y su diseño no dejó indiferente a nadie: muchos lo criticaron porque rompía con una de las señas de identidad del Porsche 911. Y esto sin tener en cuenta que empeoraban la aerodinámica, restaban velocidad al coche y hacían que consumiera más. Eso sí: había una razón para que estuvieran ahí.

Cuando estaban desarrollando el Porsche 914, tal y como Richard Langworth cuenta en su libro ‘Porsche: una tradición de grandeza’, se dieron cuenta que la altura del coche no cumplía con los requisitos mínimos… y lo solucionaron añadiendo unos faros escamoteables. El problema es que su diseño era un arma de doble filo. Literalmente.

Demasiada fuerza

Porsche colocó un motor eléctrico en cada faro escamoteable y, por si esta mecánica fallaba, añadió una pequeña perilla de plástico en el extremo para poder abrirlos manualmente como último recurso. Aquellos motores eran pequeños, pero poderosos: los ingenieros los diseñaron y desarrollaron para que fueran capaces de romper una considerable placa de hielo en los meses más fríos del invierno y funcionar correctamente.

Sin embargo, la fuerza de aquellos motores era tal que los faros podían cortar un dedo humano. Jamás ocurrió (al menos que se sepa) gracias al diseño que idearon. Los ingenieros de Porsche consideraban importante que los clientes de la marca conservaran todos sus miembros y encontraron una solución para el problema.

Así lo explican en el libro antes citado: “Para evitar que un faro atrape un dedo desprevenido al bajar, se ha incorporado un panel de seguridad que cedería antes que el dedo”. Sí, los faros escamoteables del Porsche 914 ocultaban un oscuro secreto que no se convirtió en una maldición gracias a ese pequeño panel desmontable de seguridad ubicado debajo de ellos.