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Lamborghini

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Dos puertas, cuatro asientos y un V8: así era el Lamborghini más controvertido… y también el más práctico

Elena Sanz Bartolomé | 4 Dic 2022
Lamborghini Espada  00
Lamborghini Espada  00

Con permiso del Lamborghini Urus, hubo un modelo nacido en las líneas de Sant’Agata Bolognese que eran tan práctico como controvertido. Tenía dos puertas, un cómodo espacio para cuatro personas y su nombre nada tenía que ver con un toro aunque sí con el mundo taurino. Hoy os contamos la historia del Lamborghini Espada.

El Lamborghini Espada fue una petición expresa que Ferruccio Lamborghini hizo a Marcello Gandini, de Bertone: quería un verdadero cuatro plazas para ampliar su gama de deportivos y lo presentó al mundo en el Salón de Ginebra de 1968. No pasó desapercibido para nadie porque aquel modelo es de los que genera opiniones extremas: o lo amas o lo odias. No parecía haber término medio.

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Una polémica estética

Para su diseño se eligieron trazos muy afilados, donde destacaban, especialmente, los del frontal: tanto que parecía imposible que debajo de aquel capó hubiera sitio para un V12. Llamó la atención un recurso empleado, todavía, en la actualidad: la luneta trasera partida. Y lo que más conversación generó fueron sus medidas, que para muchos estaban completamente desequilibradas: media 4,73 metros de largo, 1,86 metros de ancho y 1,18 metros de alto.

Os daremos un dato para que os hagáis una idea más exacta: la línea del techo del Lamborghini Espada quedaba a la altura de la cintura de un adulto. Esto complicaba las cosas a sus ocupantes y se las facilitaba al propio vehículo porque su centro de gravedad era muy bajo. Si a esto añadimos la ubicación de las ruedas, casi en las esquinas, y sus suspensiones independientes, tendremos un deportivo de cuatro plazas (reales) con un excelso rendimiento.

Un interior con cuatro plazas

El interior del Lamborghini Espada fue sinónimo de derroche en cuanto a calidades y acabados: no faltó la piel, la madera, el revestimiento en Alcantara, los materiales más lujosos… y algunas fórmulas que en aquel momento sorprendieron y hoy son habituales. La posición de conducción estaba totalmente orientada al conductor: una parte del panel de instrumentos se podían girar y los controles tenían un generoso tamaño.

Pero eso no era lo que llamaba la atención cuando conseguías acceder al habitáculo del Lamborghini Espada. Superado el escollo de entrar a un coche que medía 1,18 metros de alto, te topabas con cuatro plazas reales, que estaban integradas en el suelo del chasis. ¿La razón? Había que dejar hueco a la caja de cambios y al árbol de transmisión que movía las ruedas traseras. Por ello, los dos asientos traseros están separados por un túnel central poco común en esa fila.

Las particularidades de su V12

Ese aprovechamiento del espacio interior fue posible, también, gracias al esquema mecánico del Lamborghini Espada: estaba impulsado por un V12 de 3.9 litros que empezó desarrollando 325 CV y llegó a entregar 350 CV alcanzando las 11.000 rpm. Podía alcanzar tranquilamente una velocidad máxima de 250 km/h y estas prestaciones le convirtieron, en 1968, en el vehículo de cuatro plazas más rápido del mundo.

El motor del Lamborghini Espada fue ubicado longitudinalmente en el eje delantero, pero, como adelantábamos antes, su potencia iba al eje trasero. Con esta apuesta, en Sant’Agata Bolognese lograron un reparto de pesos que era, prácticamente, de 50:50. Y, de paso, podían concebir un habitáculo en el que pudieran viajar cuatro personas cómodamente… como les había pedido el jefe.

Otra de sus particularidades era la alimentación de ese V12. El Lamborghini Espada tenía dos depósitos y cada uno de ellos contaba con una capacidad de 47 litros: imaginaos lo que supondría pasar por la estación de servicio con este deportivo hoy en día. Había una boquilla en cada lado del coche, pero los tanques estaban conectados, así que con una de ellas se podían llenar ambos: una operación que podían llevar hasta 20 minutos.

Diez años de historia

Con un total de 1.227 unidades, el Lamborghini Espada se convirtió en el modelo más vendido de la casa durante sus diez años de producción: desde 1968 hasta 1978. Durante esa década, tanto el interior como la mecánica evolucionaron: la carrocería, sin embargo, se mantuvo intacta. No quisieron tocarla porque representaba el espíritu de los GT italianos… y porque llamó la atención desde el principio: para bien y para mal.

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