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Curiosidades

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El explosivo final de las limusinas presidenciales de Estados Unidos para mantener sus secretos a salvo

Elena Sanz Bartolomé | 26 Feb 2022
Limusina Cadillac Presidente Estados Unidos  01
Limusina Cadillac Presidente Estados Unidos  01

Sólo el Servicio Secreto de Estados Unidos y las marcas implicadas conocen todas y cada una de las especificaciones que debe reunir la limusina presidencial. Guardan, celosos, una información cuyo valor es incalculable: razón por la que, cuando dejan de ser vehículos oficiales, son destruidos. Literalmente. Y el proceso es de lo más extremo que podéis imaginar porque ponen a prueba todos sus sistemas de seguridad.

Corría el año 1902 cuando Theodore Roosevelt utilizó un vehículo de motor para llevar a cabo una gira por los estados que en aquel momento componían Nueva Inglaterra. A pesar de que, entonces, el coche ya era visto como el transporte del futuro… la Casa Blanca tardó 37 años en encargar el primer modelo oficial diseñado específicamente para llevar al presidente de Estados Unidos.

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Hoy todos conocemos a ‘La Bestia’. El actual modelo entró en servicio el 20 de enero de 2009 y es la primera que no parte de un vehículo específico: es una combinación entre una limusina Cadillac y la estructura de una camioneta de GMC. La flota está compuesta por doce unidades y cuando el presidente de Estados Unidos quiere moverse en coche, se emplean tres de ellas: en la que viaja, la de reserva y una tercera que haría las veces de señuelo en caso de ataque.

Blindaje militar y puertas de 25,4 centímetros

Cada unidad cuesta entre 1,5 y 2 millones de dólares, pesan entre seis y nueve toneladas y la mayoría de sus especificaciones no se conocen: por razones (obvias) de seguridad es información clasificada. A pesar de este hermetismo sí hay datos que han trascendido: la carrocería de La Bestia tiene blindaje militar construido con aluminio, acero y titanio. Gracias a esto puede resistir cualquier tipo de disparo e, incluso, ataques con armas químicas.

Las puertas tienen un grosor de 25,4 centímetros (fijaos la próxima vez que el presidente de Estados Unidos se baje de ella) y las ventanillas miden 12,7 centímetros: sólo se pueden bajar la del conductor y la del presidente. Los neumáticos son ‘Run Flat’ para que, en caso de recibir disparos, La Bestia siga circulando a velocidades de hasta 100 km/h.

El interior de La Bestia

El habitáculo de la limusina presidencial de EEUU está dividido en dos espacios. En la parte delantera se sitúa el conductor y su acompañante, que tienen acceso a una consola conectada con un centro de comunicaciones. Un cristal (que sólo se activa desde la zona posterior) les aísla de la zona trasera, equipada con dos filas de asientos (3+2) separadas por una mesa.

El interior de La Bestia es un espacio preparado para cualquier situación, literalmente. No sólo cuenta con su propio botón del pánico, está equipado con un sistema cerrado de oxígeno para poder seguir respirando en caso de sufrir un ataque bioquímico. Si las cosas se complican cuenta con su propio armamento: parte de él está escondido. Y en el caso extremo de vivir un atentado en el que la vida del presidente esté en peligro, dispondrán de sangre almacenada para llevar a cabo una transfusión de emergencia.

Los secretos de La Bestia

Os cuento todo esto porque, como podéis imaginar, ni GMC ni Cadillac ni las marcas que han formado parte de la flota presidencial han revelado las especificaciones de diseño, desarrollo y fabricación de estos vehículos. No sólo es información clasificada, como decíamos antes, también se destruye.

Existe una ley en Estados Unidos que, por motivos de seguridad, obliga a destruir estos vehículos cuando terminan sus servicios en la Casa Blanca. Algo normal, ¿no? Lo particular es el proceso que se lleva a cabo para deshacerse de estos vehículos. Con la ayuda del Servicio Secreto son desmantelados primero y puestos a prueba después. ¿Cómo? Descargan todo tipo de disparos sobre ellos y, por si esto no fuera suficiente, les convierten en víctimas de diferentes cargas explosivas.

De esta manera, se pone a prueba el correcto funcionamiento de todas las especificaciones y sistemas de seguridad en estas situaciones extremas. Y, de paso, sirve para mantener a salvo todos los secretos de sus fabricantes en lo que a capacidades defensivas y blindaje se refiere.

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Imágenes: Wikimedia Commons (White House / US Secret Service / US Army / US Marine / Frank Schwichtenberg / Ex13)