La vida es eso que pasa mientras decimos «ya habrá tiempo». Pero nunca es tarde para cumplir un sueño. Con 92 y 94 años, y tras 70 años juntos, el matrimonio Evans ha decidido que ese momento era ahora y se han comprado su primer Porsche.
La mayoría de la gente celebra un aniversario importante con una cena tranquila o una reunión familiar. Pero esta pareja entrañable, Derek Evans y Audrey Evans, ha elegido algo muy diferente: a sus noventa y tantos, decidieron que por fin había llegado el momento de comprar su primer Porsche, un Macan.
«Siempre nos había gustado tener uno, y luego pensamos: ‘¿Por qué no ahora?'». Con esta actitud, el matrimonio Evans se ha comprado un Porsche Macan de color Crayon. Eso sí, un Macan de la generación anterior, de gasolina, con 265 caballos gracias a su motor turbo de 2.0 litros y cuatro cilindros.
Aunque van a gimnasia dos veces por semana, elegir un modelo más bajito hubiera sido peor idea. Al fin y al cabo, y pese a las muchas críticas que podamos hacerle a los SUV, ofrecen una comodidad para entrar y salir que ninguna berlina puede igualar y mucho menos un deportivo. Aun así, la pareja pidió prestado un 911 en su concesionario local. Sus vecinos y los repartidores alucinaban, según cuentan. Pero su hija Louise reconoce que sus padres nunca han llevado una vida convencional: «Cuando nos dijeron que iban a comprar un Porsche, simplemente sonreímos».
Es inevitable pensar si es prudente seguir conduciendo a estas edades, pero supongamos -vamos a pensar bien- que los psicotécnicos británicos funcionan adecuadamente. Mientras tanto, el matrimonio Evans lleva ya varios miles de kilómetros en su Macan y tienen planeado hacer algún viaje de larga distancia. Incluso piensan en el futuro y dicen que su próximo Porsche será un Taycan: «Me costó un poco bajarme de él, ¡pero qué pasada!»
Esta pareja de jovencitos afirma que disfrutar del Macan refleja la forma en que han afrontado la vida. «Supongo que siempre he tenido un espíritu aventurero», dice el señor Evans, de 92 años. Su esposa Audrey reconoce que ninguno de los dos es aficionado al motorsport, pero disfrutan de la sensación de potencia y comodidad de un coche así.
Lo del espíritu aventurero tiene su razón de ser. Antes de jubilarse, el señor Evans se ganó la vida como director de banco, pero dedicó gran parte de su tiempo a desarrollar la escena británica del ala delta. Dirigió un equipo campeón del mundo e incluso consiguió una audiencia con la difunta reina Isabel II. «Nos gusta volar a toda velocidad», dice. Aunque ya no vuele en ala delta, con el Macan ha encontrado otra sensación de velocidad y adrenalina. «Es fantástico tomar las curvas. Pero también hay una sensación de seguridad total, como si pudieras seguir volando para siempre».





