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Ni con ayudas, ni sin ayudas, compramos coches eléctricos y es por eso que Europa debería pensar un rescate estilo Plan Marshall

Por cada eléctrico matriculado el pasado año en España se vendieron algo más de dos diésel y casi ocho coches de gasolina. Por cada eléctrico se vendieron seis híbridos no enchufables. La transición hacia el coche eléctrico camina a dos velocidades y España está muy lejos de alcanzar las cifras de nuestros vecinos europeos, incluido Portugal, y de los objetivos que se ha propuesto la Unión Europea para reducir las emisiones de CO2 medias de los coches nuevos y prohibir la combustión interna en 2035.

Ni con ayudas, ni sin ayudas, compramos coches eléctricos

A pesar de las ayudas, al menos en este formato, no compramos suficientes coches eléctricos. Y es por eso que crecen las voces que apuntan a un fondo común europeo, un mecanismo solidario, y una suerte de rescate, estilo Plan Marshall.

¿Será suficiente para que el conductor español consiga dar el salto al coche eléctrico?

Europa tiene un problema, las ventas de coches eléctricos no se están desarrollando al mismo ritmo en algunos países que, como España, o Italia, vamos rezagados en la transición al eléctrico

Tesla Model 3

El Plan Marshall del coche eléctrico

Con una Europa devastada a mediados del siglo pasado, el Secretario de Estado George Marshall daría nombre al proyecto por el cual Estados Unidos contribuyó económicamente a la recuperación de una parte del continente, asegurándose su filiación al modelo Bretton Woods. Asumo mis dudas al respecto de si este es el mejor término para definir la nueva propuesta para propiciar la transición hacia el coche eléctrico en Europa, pero ese ha sido precisamente el ejemplo al que ha recurrido Luca de Meo, CEO del Grupo Renault, y una de las figuras más importantes de la industria del automóvil europea, para proponer soluciones.

De Meo publicaba estos días una carta, dirigida a los dirigentes de la Unión Europea, organizaciones, fabricantes, y ciudadanos, que no es casual en un período de previa electoral como este, aunque haciendo firme su posición de no intentar influir en el proceso, sino en proponer acuerdos, reflexiones, y soluciones.

Tras un diagnóstico de los retos que afronta Europa, de la ralentización de las ventas de eléctricos, de la irrupción de la industria del automóvil china, y de las dificultades que se vislumbran para la industria europea y para cumplir con los plazos establecidos para la transición al eléctrico, De Meo proponía soluciones.

Un fondo común europeo contribuiría a que, de la mano de nuevas ayudas a la compra del coche eléctrico, la transición en países como España se aproxime a los objetivos europeos

Vista angular del Citroën C3 en entorno urbano destacando su diseño frontalCitroën ë-C3

¿Más ayudas para la compra de coches eléctricos?

Entre ellas, una propuesta para acelerar la renovación del parque móvil que atañe precisamente al punto al que dedicamos este artículo. Luca de Meo propone un «fondo europeo, que redistribuiría los recursos en función de las capacidades de cada país». La fórmula sería parecida a la aplicada para la obtención de suministros durante la crisis sanitaria vivida en 2020, o la que se plantea para reforzar las capacidades de defensa de la Unión Europea.

Los fondos, que beneficiarían especialmente a países en los que, como España, las ventas de eléctricos avanzan a un ritmo mucho más lento, se dedicarán al establecimiento de «implantar incentivos para la compra de coches eléctricos nuevos y usados, a nivel nacional».

De Meo propone un plan que debería prolongarse durante una década y que redundaría en una reducción significativa de las emisiones de CO2 generada por el transporte por carretera.

Renault 5

«Hacerse un Airbus» en la industria del automóvil

Entre los «proyectos para Europa» definidos en la carta de Luca de Meo, otras propuestas interesantes que según el CEO del Grupo Renault contribuirían a superar el que «inmenso reto» que supone «la transición hacia el coche eléctrico»:

  • No solo promocionar los coches eléctricos, sino los coches de pequeño tamaño, en general, con beneficios en las plazas de aparcamiento públicas o lugares reservados para su recarga
  • Propiciar una infraestructura de recarga en la que los propios vehículos puedan servir energía a la red
  • Establecer fondos comunes para el aprovisionamiento de materias primas y así atenuar las consecuencias de la hegemonía china y la variabilidad de los precios
  • Propiciar la inversión en investigación y desarrollo, y producción, de semiconductores
  • Establecer estándares de software para la industria del automóvil, compartidos entre diferentes fabricantes y marcas
  • Impulsar la economía del hidrógeno
  • Unificar los procesos de reciclaje de baterías

En las últimas semanas no han sido pocos los rumores que han surgido al respecto de acuerdos estratégicos entre Renault y otros fabricantes, como Volkswagen, e incluso fusiones, con Stellantis. Ninguno de ellos ha sido confirmado. Lo que sí ha expresado De Meo en numerosas ocasiones, y también en esta carta, es su idea de propiciar acuerdos entre entidades privadas y públicas para unir fuerzas en el desarrollo del eléctrico, al más puro estilo de Airbus.

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