Ojalá te toque vivir tiempos interesantes. Así reza uno de esos supuestos proverbios chinos, a modo de maldición y probablemente apócrifo, al menos en su atribución, que ha cobrado más relevancia que nunca en los últimos años. Y es que precisamente eso es lo que tenemos.
«Si las cosas no cambian, no sobreviviremos»
Tiempos interesantes, de incertidumbre, de transformación, a nivel global, general, y mundial, y especialmente en lo que nos ocupa en este medio, que es tratar la industria del automóvil, y especialmente con China en el centro de toda la atención.
Para muestra un botón y las últimas declaraciones de Koji Sato, CEO de Toyota, que para dar cierto sentido de urgencia a sus planes decía: “Si las cosas no cambian, no sobreviviremos”.
- Toyota ha lanzado un mensaje de crisis a 484 de sus principales proveedores: o aumentan productividad y eficiencia, o el sector entra en una batalla por la supervivencia.
- Koji Sato reconoce que ni siquiera el mayor fabricante del mundo está en una posición cómoda ante aranceles, competencia china, inteligencia artificial y costes crecientes.
- La respuesta de Toyota pasa por simplificar, recortar complejidad, aliviar la carga de sus proveedores y reconstruir una competitividad que su próximo CEO, Kenta Kon, considera debilitada.
Una batalla por la supervivencia y modo crisis
Batalla por la supervivencia. Es, literalmente, el mensaje que Koji Sato trasladó a unos 700 directivos de 484 proveedores de Toyota reunidos en Tokio, en una convocatoria en la que la marca japonesa dejó claro que el automóvil atraviesa uno de esos momentos en los que ya no basta con vender millones de coches al año para sentirse a salvo (Automotive News).
Modo crisis. Toyota viene de años de beneficios récord, y de una posición que a ojos del gran público parecería inexpugnable. El mensaje de Toyota desmonta la idea de que los grandes grupos tradicionales pueden limitarse a resistir, lanzando un aviso a todo el sector del automóvil, a fabricantes, a industrias auxiliares y también a quien aún crea que la transición que vivimos consiste únicamente en cambiar motores de combustión por baterías.
La transformación que vive la industria es bastante más profunda: afecta a costes, desarrollo, software, logística, cadena de suministro y hasta a los criterios con los que se homologa la calidad de una simple pieza.
Grandes retos para Toyota… y para la industria del automóvil
Aranceles, regulación, inteligencia artificial y China. Toyota identifica un cóctel tan complejo como peligroso: la presión de los aranceles globales, unas normativas cambiantes, la irrupción de la inteligencia artificial y una nueva hornada de rivales chinos ultracompetitivos.
Toyota viene a reconocer que la amenaza no está únicamente en quién venda más eléctricos, sino en quién sea capaz de desarrollar, fabricar y suministrar mejor. El factor decisivo no va a ser únicamente la tecnología del producto final, sino la productividad de todo el sistema. Y eso incluye desde el diseño hasta la pieza más humilde, pasando por la capacidad de reaccionar cuando llega una crisis geopolítica o un cuello de botella industrial.
Ni Toyota está cómoda. Kenta Kon, actual CFO y futuro CEO a partir del 1 de abril, fue incluso más claro al advertir que nadie debe dejarse engañar por los beneficios o por un volumen de 10 millones de coches anuales. “Algunos pueden pensar que Toyota se encuentra en una posición segura y cómoda”, dijo Kon, “pero eso no es en absoluto así.”
El plan de Toyota para sobrevivir
Simplificar para sobrevivir. La respuesta de Toyota pasa por una receta que suena menos épica que un gran lanzamiento, pero seguramente sea mucho más importante: simplificar, estandarizar y eliminar complejidad. La marca quiere consolidar software, motorizaciones y piezas, reducir variedades y dejar de exigir especificaciones absurdamente estrictas que no aportaban valor real al cliente, pero sí disparaban los costes.
Menos perfeccionismo inútil, más eficiencia. Uno de los ejemplos más gráficos está en su llamada Smart Standard Activity, una iniciativa con la que Toyota deja de rechazar piezas funcionalmente válidas por defectos meramente cosméticos en componentes poco visibles. Hablamos, por ejemplo, de tableros de techo, cubiertas de cableados o incluso pequeñas imperfecciones en acabados moldeados.
Aliviar la carga del proveedor. Toyota también ha decidido reducir el número de recambios y variantes que obligaba a mantener moldes, herramientas y estructuras activas durante años. Piezas como tiradores de puertas o parasoles se agruparán en menos referencias, y eso permitirá ahorrar costes fijos, personal y recursos que podrán reinvertirse en operaciones o nuevas tecnologías.
Toyota insiste en que no pretende exprimir a sus proveedores con recortes de precio sin más, sino ayudarlos a fortalecerse.







