Las cosas no están fáciles en Europa y tenemos una prueba más. Volvo ha decidido poner en pausa el desarrollo de Novo Energy, su ambicioso proyecto de producción de baterías en Europa, a la espera de encontrar un nuevo socio que garantice la viabilidad financiera y tecnológica de la iniciativa.
Un proyecto estratégico que entra en espera
Novo Energy nació como una pieza clave de la estrategia de electrificación de Volvo, concebida inicialmente como una empresa conjunta con Northvolt para asegurar el suministro de celdas de batería en Europa y reducir la dependencia de proveedores asiáticos. El objetivo era levantar una gigafactoría capaz de abastecer a los futuros modelos eléctricos de la marca, en línea con los planes de electrificación total anunciados por el fabricante sueco (los cuales, dicho sea de paso, se han suavizado con el CEO actual).
Imágenes del Volvo XC70
El objetivo de esta gigafactoría, ubicada en Gotemburgo (Suecia), era alcanzar una capacidad de producción de hasta 50 GWh anuales de celdas. Suponiendo una capacidad media de 70 kWh por coche, daría para algo más de 710.000 coches eléctricos al año.
Sin embargo, la crisis financiera de Northvolt y la reordenación de prioridades en el sector han obligado a Volvo a revisar el proyecto. Según ha confirmado la compañía, la actividad de Novo queda ahora limitada a tareas de mantenimiento y planificación básica, mientras se exploran alternativas para incorporar un nuevo socio industrial o financiero que permita reactivar la inversión.
Menos prisas y más prudencia
Esta decisión refleja tanto el enfriamiento del mercado del vehículo eléctrico (o al menos la dificultad para cumplir las expectativas creadas) como la creciente cautela de los fabricantes ante inversiones grandes en lo relacionado con el vehículo eléctrico. No es que no se vendan coches eléctricos (sus ventas suben año tras año), pero la demanda es más débil de lo previsto.
La congelación de Novo Energy no es un caso aislado. En los últimos meses, varios fabricantes europeos han ralentizado o redimensionado proyectos vinculados a la electrificación, presionados por una combinación de factores. A la demanda de eléctricos se suma la retirada progresiva de ayudas públicas en algunos mercados (incluido Alemania, el mayor de Europa) y una intensa guerra de precios liderada por fabricantes chinos.
En este contexto, asegurar economías de escala y compartir riesgos se ha convertido en una prioridad. Novo Energy era un proyecto de Volvo, pero mantener en solitario un proyecto de esta envergadura supondría un esfuerzo financiero demasiado grande y difícil de justificar a corto plazo sin un socio que aporte volumen, tecnología o músculo financiero.
¿Cómo afecta a Volvo en su estrategia eléctrica?
Desde la compañía sueca insisten en que la pausa de Novo no altera su hoja de ruta en cuanto a electrificación, aunque sí «introduce un elemento de flexibilidad». Volvo seguirá dependiendo, al menos temporalmente, de proveedores externos de baterías, lo más habitual en la industria.
El movimiento también encaja con el tono más pragmático que Volvo ha adoptado recientemente respecto a sus objetivos eléctricos, priorizando la rentabilidad y la adaptación al mercado frente a compromisos rígidos de calendario. El nuevo CEO, Håkan Samuelsson, que ya había dirigido la compañía durante una década, ha levantado el pie con el coche eléctrico y ha vuelto a darle más peso a los híbridos enchufables. Volvo se propuso ser una marca 100% eléctrica en 2030, pero Samuelsson ha adaptado su estrategia y seguirán usando motores de gasolina al menos hasta finales de la próxima década, es decir, unos 14 años más.
Imágenes del Volvo XC60
Imágenes del Volvo XC90







