La última fiesta de Le Mans fue la más divertida de los últimos años. La nueva normativa prometía, menos caldo a consumir y más complejidad técnica para los participantes. Tres contendientes con posibilidades al título, una escuadra Toyota, crecida tras sus victorias en el campeonato de resistencia; y un nuevo aspirante, Porsche, que ha llegado para ganar. Y como toda buena fiesta que se precie de serlo, acabo en desmadre, con muchos vasos rotos, incluidos los del campeón. Pero la fe en su estrategia, y su forma de actuar ante los imprevistos, fueron más que suficientes para dar un nuevo título – y ya van 13 – a los de Ingostadt.

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15 de junio de 2014

Es la vieja historia de la razón y el corazón. Las carreras de coches son algo irracional. Una rara manifestación cultural que pone la más científica y precisa investigación al servicio de una primitiva idea: correr más que los rivales. Las 24 horas de Le Mans es la más primitiva entre las carreras. No porque carezca de reglas, sino porque su idea toma la referencia en el cielo, en una era anterior a la propia máquina: “Corramos sin parar hasta que el sol vuelva a estar mañana en este mismo punto” Ese es el trato. Por eso todo lo que sucede durante el reto está tocado por emociones primitivas, la épica, la extenuación, el miedo o el arrojo. En sus 91 años Le Mans ha sido a veces la fábula de la liebre y la tortuga, dando la victoria a la paciencia frente a la explosiva velocidad; otras veces los elementos han dado o quitado victorias, como los dioses de una tragedia griega; y muchas veces el circuito de La Sarthe ha premiado la humildad y ha castigado la soberbia; Le Mans es siempre una epopeya. Desde que empezó el año, en las últimas 24 semanas, me he asomado a las 24 horas a través de algunos episodios de una historia casi inabarcable. Cuando el próximo domingo a primera hora de la tarde baje la bandera a cuadros, se habrá escrito otra tragicomedia en forma de carrera, con héroes, con villanos, con dioses imprevisibles y con un final que sabe tanto a éxtasis como a derrota. Porque nadie puede ganarle al tiempo.
Esta es una muy personal visión de las 24 horas. Tomándole prestado el título a Murakami, de esto hablo, cuando hablo de Le Mans.

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Hoy es un día en el que resulta difícil no sentir envidia, e incluso algo de tristeza por no poder estar personalmente allí. Diariomotor sí estará gracias a Pepe Giménez, que en estos días nos contará su experiencia asistiendo a una carrera de la que quizás el día de mañana hablará a sus nietos. En apenas 24 horas comenzarán las 24 Horas de Le Mans, con la emoción de todos los años y la certeza de que probablemente estemos ante una de las carreras más interesantes y abiertas, en la categoría máxima, la de los LMP1, de los últimos años.

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Porsche vuelve a las 24 horas de Le Mans, “vuelve a casa”, vuelve al escenario de las victorias del Porsche 956, del mítico Porsche 917, del 935 bautizado como Moby Dick. Por supuesto los de Stuttgart no perderán la oportunidad de plasmar este regreso en sus coches de calle anunciándose desde Porsche una nueva edición especial que como no podía ser de otra forma llega engalanada con los colores de Martini.

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Hoy se ha hecho pública la noticia de que el bicampeón del mundo de Fórmula 1 Fernando Alonso, ha sido invitado por la organización de las 24 Horas de Le Mans para ser el encargado de dar la salida en la octagésimo segunda edición de la mítica prueba francesa que se celebrará los próximos días 14 y 15 de junio sobre el circuito de La Sarthe.

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En 1958 Phil Hill, a bordo de un Ferrari, se convertía en el primer estadounidense en ganar las 24 horas de Le Mans, e iniciaba para la marca italiana una racha de 6 victorias en 7 ediciones. Ese año la CBS comenzaba a emitir en Estados Unidos “Wanted: dead or alive” (Randall el justiciero), protagonizada por un joven actor, Steve McQueen. El éxito de la serie no sólo lanzó su carrera como actor: con los grandes ingresos que obtuvo compró en pocos meses un Porsche 356 Super Speedster y un fascinante y raro Jaguar XKSS. Steve amaba los coches tanto como el cine. Su pasión por las carreras era tan fuerte que cuando en 1962 BMC le ofreció correr como piloto profesional, estuvo a punto de aceptar cansado de esperar “la gran película”. Era cuestión de tiempo que ambas pasiones se encontrasen, y se encontraron en la eternidad de “Le Mans”. Esta es una visita mitómana a una película tan irracional como una carrera que desafía a las agujas del reloj.

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Siempre diré que el Museo Porsche es un lugar sagrado y obligada visita para cualquiera que se deje caer por Stuttgart, como visitar el Louvre y la Torre Eiffel en París o el Prado en Madrid. Para Porsche, regresar a Le Mans es todo un acontecimiento, revivir épicas victorias, deportivos legendarios y recordar a pilotos de los de antes, que surcaron Mulsanne, cuando aún era solo una recta, a más de 360 km/h y con medidas de seguridad que hoy consideraríamos indecentes.

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26 de marzo de 2014

El intento de Ford por adquirir Ferrari en 1963 había acabado con un pacto roto, el gigante de la industria frustrado y con la promesa de una revancha sobre el asfalto de Le Mans. Dos ediciones de la carrera francesa después, ninguno de los nueve Ford GT40 que habían tomado la salida había conseguido llegar a la meta, ni siquiera permanecer en pista hasta los primeros rayos de sol del domingo. A finales del verano de 1965 Henry Ford II envió una nota a cada director de departamento de su compañía. Tenía una imagen de Le Mans y una simple nota “Más os vale ganar”.

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Un día de mayo de 1963, representantes de Ford y de Ferrari se sentaron a una mesa dispuestos a cerrar una operación cuyas posibles consecuencias es difícil imaginar: el gigante americano iba a comprar al pequeño fabricante italiano que dominaba en Le Mans. En el último momento Enzo Ferrari se negó a que sus decisiones sobre la “Scudería” dependiesen de Detroit, y la compra se canceló. Cuando los delegados americanos informaron a Henry Ford II, este prometió vencer a Ferrari en su feudo. “¿Cuánto dinero quiere invertir?”, preguntaron. “No he hablado de dinero”, respondió Ford. Pocas semanas más tarde nació el proyecto del GT40.

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Ferrari es, todavía hoy, el tercer fabricante con más victorias en las 24 horas de Le Mans, tras Porsche y Audi, pero a muchos les costará recordar cuando obtuvieron el último triunfo los coches de Maranello. La última victoria de Ferrari en las 24 horas, en 1965, es mucho más que el final de una racha. Es el final de una era, la de los pilotos románticos, y el inicio de la era del automovilismo global, con la llegada de la televisión, la publicidad y Hollywood. Al dominio de Ferrari en Le Mans le sucedería el del gigante Ford, y la pugna que los enfrentó en los años ‘60 hunde sus raíces desde el principado de Mónaco hasta el Museo de Arte Moderno de Nueva York… Este es el primero de tres artículos que, a través del intento de Ford por comprar Ferrari, harán un repaso a Le Mans en la década de 1960.

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