27 de diciembre de 2018 (*) actualizado a las 13:43

¿Son los coches eléctricos menos contaminantes que los de combustión interna?

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En torno a la implantación masiva del coche eléctrico como alternativa real a la movilidad a menudo se mueven argumentos en contra. Su escasa autonomía y lenta recarga, capacidad de la red eléctrica para asumir picos masivos de carga, precio, etc.

Un estudio de la universidad de Trondheim alerta sobre las amenazas medioambientales de los vehículos eléctricos

Sin embargo rara vez se plantea una pregunta que, de tan directa, resulta chocante y hasta  engañosa: ¿Son los coches eléctricos realmente menos contaminantes que los coches que se mueven con petróleo? A priori tal pregunta parece un sinsentido. En cambio si al computar el impacto ambiental de cada coche producido, tenemos en cuenta el impacto ambiental del proceso de fabricación, es decir un  «análisis de ciclo de vida», tenemos como resultado algo que no es tan evidente para una parte de la sociedad: que las emisiones que produce un coche no son solo los gases que salen por el escape. Un reciente estudio de la universidad de Trondheim, publicado hace unas semanas, alerta sobre los posibles riesgos medioambientales de la producción masiva de coches eléctricos, y da algunos datos muy reveladores.

Volta, Watt y el aire fresco

Sobre el papel, y reduciendo la comparación a titulares, el punto de partida está claro: El coche con motor de combustión interna contamina de forma directa a través de su tubo de escape mientras que el coche eléctrico no contamina su entorno inmediato. Ahora bien, al entrar a analizar en detalle las particularidades de estas afirmaciones es donde se encuentran curiosos resultados. El primer dato destacable es que la mayor parte de las emisiones del ciclo de vida de ambos coches corresponden a la fase de uso. Es decir, cuando más contamina el coche de combustión interna o el eléctrico es cuando lo usamos. Esto que es muy evidente en el caso de los coches de gasolina y diésel quizá no sea tan evidente, y por ello hay que recalcarlo, en el caso de los eléctricos. De manera que mientras nos movemos en silencio, sin malos olores

La energía necesaria para mover un coche eléctrico puede ser hasta 3’5 veces más contaminante según proceda de renovables o del carbón

ni nubes de gases en nuestro coche impulsado por electricidad, los kilowatios que lo mueven han contaminado en algún lugar del planeta. Por ello, por ejemplo, en Estados Unidos la Agencia de Protección Medioambiental les atribuye emisiones de CO2 a los coches eléctricos dentro de su etiquetado energético.
Entre el 50 y el 70% de las emisiones contaminantes de un coche eléctrico se producen durante su fase de uso. Dicho de otra manera, por mucho que el coche no emita gases por un tubo de escape, durante dos tercios de su ciclo de vida el coche eléctrico será tan limpio como lo sea el medio con el que se ha generado la electricidad que lo mueve, y en ese caso las variaciones en función del medio por el que se ha obtenido esa electricidad son enormes. Así, según el estudio, la energía necesaria para recorrer un kilómetro puede causar hasta 3’5 veces más emisiones si se ha generado mediante carbón que si ha sido medianteaerogeneradores. Dicho de otro modo, mientras que en un ciclo de uso de 150 000 km, un eléctrico movido por el mix energético medio en la Unión Europea reduce en torno a un 24% las emisiones de un gasolina y un 14% las de un diésel, si esa electricidad se obtiene exclusivamente mediante el carbón el mismo coche contaminará entre un 17% y un 27% más que las variantes gasolina y diésel.

Minerales contaminantes y tóxicos

Donde el estudio de Trondheim pone un especial acento es en el proceso de fabricación de los coches eléctricos, y concretamente de sus baterías. Y no tanto en las emisiones de CO2 que este proceso genera, sino en el uso de minerales altamente contaminantes en grandes cantidades, y los efectos que puede tener la manipulación de tales materiales a escala mundial. El estudio concluye que la fabricación de la batería de los eléctricos (que para el estudio se planteó en dos variantes posibles, de Niquel – Litio o Litio – Fosfato de Hierro) es responsable, en algunos casos, de casi la mitad de las emisiones globales del ciclo de vida del coche.

En algunos casos el proceso de fabricación de la batería puede suponer casi la mitad de las emisiones contaminantes de la vida del eléctrico

Precisamente la fabricación y posterior reciclado de las baterías es uno de los aspectos más sensibles a la hora de analizar el impacto medioambiental de una implantación masiva de los coches eléctricos, y en eso pone el acento especialmente este estudio. El escenario de una próxima popularización de los coches eléctricos nos pone también ante la necesidad de un nuevo patrón por el que medir las emisiones contaminantes producidas por el transporte teniendo en cuenta sus ciclos de vida. En este caso, se trata de pasar de medir la contaminación en Kg de CO2 emitidos, a tener en cuenta la proyección de partículas de metales altamente tóxicos a la atmósfera, y de amenazas concretas como la acidificación de las tierras o la contaminación de acuíferos.
La incorporación de minerales como el Litio, Niquel o Cobre a la fabricación del coche eléctrico y sus componentes hacen que tales amenazas sobre los acuíferos y las tierras se multipliquen. Según afirma el estudio, las emisiones tóxicas del proceso de fabricación de los eléctricos se incrementa respecto a los motores de combustión interna entre un 180% y un 290% en función del tipo de batería con que se fabrique el eléctrico. Otros indicadores, como los de la emisión de metales se mutiplican por tres respecto a las producidas en el proceso de fabricación de los coches de combustión interna. En cambio las emisiones y amenazas del proceso de destrucción y reciclaje apenas resultan destacadas dentro del análisis global de la eficiencia y emisiones de ciclo de vida de los coches.

Movilidad eléctrica y nuevos patrones de medir la contaminación

El estudio de la Universidad de Trondheim pone sobre la mesa datos acerca de dos aspectos que están permanentemente en el “debe” de los coches eléctricos: que el ahorro medioambiental concreto está sometido al mix energético con el que cada zona genera su electricidad y que el proceso de fabricación de las baterías incorpora serias amenazas de contaminación por materiales tóxicos.
Personalmente creo que estos son dos problemas que están sometidos a un tercer factor que casi nadie controla pero con enorme capacidad para transformar la realidad: la economía de escala de la industria automovilística. Si hoy en día la eficiencia energética del proceso de fabricación de los coches con motor de combustión interna es razonable es porque sus procesos actuales son resultado de más de medio siglo de investigación y optimización de la industria. Con seguridad los procesos de fabricación de eléctricos se harán más eficientes y menos contaminantes de modo exponencial si el mercado da a la industria la posibilidad de invertir masivamente en la “electrificación” de sus gamas. En el mismo sentido, todo indica que el mix energético, al menos el de la Unión Europea, se hace cada vez más “limpio”, reduciendo paulatinamente el uso del carbón e incorporando de forma masiva las energías renovables al proceso de generación.
Pero aún así conviene prestar atención a las advertencias del estudio de Hawkins, Singh, Majeau – Bettez y Hammer Stromman para evitar errores futuros ahora que estamos empezando a «electrificar» nuestros coches.

Fuente: Journal of Industrial EcologyJalopnikCIRCE
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