Mercury Grand Marquis, probamos el último sedán americano

Daniel Seijo  |  @dseijo  | 

Florida, verano de 2011. Parking del inmenso edificio de alquiler de coches del aeropuerto de Miami. Una reserva para un Chevrolet Impala nuevo se convierte en una oportunidad para probar un auténtico clásico: el Mercury Grand Marquis. Hace cuatro días que se fabricaba el último Ford Crown Victoria, y hoy os contamos qué se siente al conducir a su primo hermano.

Aunque el Ford Crown Victoria es el modelo más conocido, hay otros dos que utilizan la misma plataforma y guardan muchos parecidos: el Mercury Grand Marquis, que hemos probado, y el Lincoln Town Car, utilizado habitualmente como pequeña limusina. De hecho mi experiencia previa con estos coches era con un Town Car, cuando tuve la suerte que me recogiesen en el aeropuerto de Detroit con chófer y uno de esos coches.

Aunque en términos de calidad concebida a la europea el coche es peor que cualquier berlina premium (y que unas cuantas generalistas), es cierto que el confort y sobre todo la sensación de ir en una pequeña limusina compensan el resto. Pero dejemos a un lado el viaje como pasajero en un Town Car y pasemos a lo que nos ocupa: nuestro entrañable Mercury.

Mercury Grand Marquis, 12 centímetros más largo que el Audi A8 L

Prueba del Mercury Grand MarquisPrueba del Mercury Grand MarquisPrueba del Mercury Grand Marquis

Nos acercamos al Mercury Grand Marquis. Su generoso tamaño debería llamarnos la atención, 5,38 metros de largo, pero es curioso cómo engaña el subconsciente: intuitivamente me parecía “algo más largo” que un Audi A6, sin embargo al comprobar fichas técnicas descubro que es 12 centímetros más largo que un Audi A8 de carrocería extendida. Si lo viésemos en Europa parecería un coche monstruoso, pero en Estados Unidos las medidas son diferentes, y al cabo de unas horas allí nuestro cerebro se adapta a ellas.

Aunque nos pueda parecer monstruoso, todo está a escala allí. Es curioso cómo la arquitectura influye también en los coches. En el centro de las ciudades nos podemos encontrar rascacielos, pero por poco que nos alejemos las viviendas unifamiliares – como las famosa urbanización de Los Simpson o cualquier serie -, son la tónica dominante.

¿Cómo influye esto en los coches? Es sencillo, el europeo medio vive en un edificio de varias plantas, el espacio para aparcar delante de su casa son tres coches dividido entre el número de viviendas. En Estados Unidos, el mismo espacio para tres coches está delante de cada casa. Y las áreas comerciales están repartidas a lo largo de las entradas de las ciudades, con sitios donde aparcar. Por tanto la locura en términos de espacio no son los 5,38 metros de los coches americanos, sino nuestros 4,5 metros.

Asientos de cuero con butaca corrida en las plazas delanteras

Abrimos la puerta del Grand Marquis, utilizamos el mando de la llave en vez de esos botones de la puerta. Sí, resulta difícil de creer, pero el manual me corrobora que sirven para abrir mediante una combinación que podemos prefijar. Es uno de los detalles que aquí calificaríamos como raros.

Delante tiene dos butacas de piel que ocupan todo el ancho, como una butaca corrida. Los reposabrazos se pueden echar hacia atrás, dejando una superficie plana, con lo que podrían circular tres personas delante de forma cómoda (aunque no legal). ¿Adivináis dónde está la palanca de cambio? Lo sabréis más adelante.

La sensación es de estar sentados en nuestro sofá al más puro estilo Homer Simpson. La obesidad no sería un problema a la hora de entrar en el coche de forma cómoda. Conceptos como soporte lumbar no existen, aunque teniendo en cuenta la dureza de su suspensión el coche se saldría de la carretera antes de que podamos notarlo incómodo.

El volante es otro elemento traído del pasado. Al cogerlo nos incita a hacerlo en una posición incorrecta, con las manos demasiado bajas. Nuestra sensación de que estamos conduciendo un sofá aumenta, para lo bueno y para lo malo. Ya es hora de ponerlo en marcha.

Conducir a lo americano

El Mercury Grand Marquis monta un motor 4.6 V8 de 220 CV, lo que supone el doble de cilindros y de cilindrada para la misma potencia que un coche en Europa. Pesa más de 1.800 kilos, y tiene un cambio automático de cuatro velocidades.

Con todo consume lo mismo que un coche europeo, siempre que hagamos el cálculo en euros por kilómetro. ¿Cuál es el truco? Sencillo, la gasolina allí cuesta aproximadamente la mitad que aquí, en torno a 75 céntimos de euro el litro (algo más de 3 dólares el galón). Y el consumo del Gran Marquis oscila, en mi prueba, entre 18 y 15 millas por galón, es decir, entre 13 y 15 litros a los 100 km aproximadamente.

Consume entre 13 y 15 litros a los 100 km, pero la gasolina allí cuesta la mitad.

Escogemos la marcha mediante una palanca situada a la derecha del volante, pegando un salto atrás en el tiempo de al menos 30 años (si dejamos a un lado algunos Mercedes actuales).

Metamos todos esos ingredientes en la coctelera y encontraremos una conducción un tanto curiosa. Pisando a fondo obtenemos un curioso ruido de camión revolucionado, que se acompaña de un movimiento oscilante que no nos clava en el asiento, sino que nos acomoda en él.

Por tamaño, por sonido y por movimiento, se parece más a una pequeña embarcación que a una berlina premium. Por sensaciones al volante, me recuerda a los sillones con función de masaje que anuncian en algunos centros comerciales.

Por tamaño, por sonido y por movimiento, se parece más a una pequeña embarcación que a una berlina premium

Cualquier métrica que podamos tener preconcebida de un coche europeo debemos dejarla a un lado. Es similar a la primera vez que conduces una furgoneta (todavía no he tenido el placer de hacerlo con un camión). Poco a poco te acostumbras a su suspensión balanceándose y notas como el barco toma velocidad de crucero. Es entrañable.

Preferiría no tener coche antes que tener un monstruo así en Europa, pero de vivir en Estados Unidos no descartaría tener uno. No debemos perder el norte y olvidarnos de nuestro concepto de calidad y progreso, pero no está mal entender por qué otros continentes tienen criterios distintos.

Esperemos que hayáis disfrutado con la experiencia de coche americano. De ser así estad atentos, ya que pronto habrá otra muy similar. Si queréis recibir un e-mail cada vez que publiquemos una prueba importante, podéis suscribiros al boletín de Diariomotor.

En Diariomotor: Ayer se fabricó el último Ford Crown Victoria y con él, muere el sedán americano

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