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El fin de los clásicos americanos en Cuba podría estar cerca

Nunca he estado en Cuba. Amigos que sí han estado quedaron impresionados por el parque móvil de la isla, de casi 12 millones de habitantes. Impresionados, por su estado, por su vejez y por su peculiaridad. La imagen asociada a Cuba es la de un país alegre y sencillo, donde el parque móvil se articula fundamentalmente por coches de origen estadounidense construidos antes de 1959 – eso es, un mínimo de 52 años actualmente – y coches de origen soviético, con la presencia puntual de otras marcas.

¿Por qué hay tantos clásicos americanos en Cuba? En primer lugar, tras la Revolución Cubana y el ascenso al poder de Fidel Castro, Cuba fue comercialmente bloqueada, por lo que la importación de coches era poco menos que imposible. Países aliados como la Unión Soviética, Irán o algunas naciones del sudeste asiático enviaban cargamentos de coches de cuando en cuando, así como otros gobiernos mediante colaboraciones puntuales. Léase, poco más que caridad automovilística.

No obstante, en Cuba es posible ver Mercedes o BMW clásicos, reservados a oficiales del Gobierno, expatriados de éxito que han vuelto al país, doctores, etc. Para el resto de la población, es imposible adquirir un coche, sólo es posible comprar y vender libremente vehículos matriculados antes de 1959. De ahí su profusión. Muchos de ellos están en un estado precario, con motores de vehículos agrícolas y reparaciones caseras de todo tipo, por supuesto inseguras y poco fiables.

Como ejemplo, en una ocasión ví en un reportaje una solución casera para líquido de frenos en la que el ron era un ingrediente. No es una broma. La presencia de tantos vehículos americanos se debe a que durante los años 50, Cuba era el país preferido para los estadounidenses adinerados. 50 años después, el comunismo sigue en pie – más o menos – y la población es igual en su pobreza, aunque se debe reconocer que no hay hambrunas y el sistema de educación es considerado excelente.

En cualquier caso, el comunismo empieza a tomar ciertas medidas de apertura. Una de las más de 300 medidas tomadas por el Gobierno de Castro es la liberalización del comercio de coches. Sólo los autorizados por el Gobierno – léase, miembros del Partido – podrán importar coches del exterior, pero ahora cualquiera podrá comerciar con los Lada, los Hyundai o los Dodge que haya en la isla. Se ha dejado notar que esto podría significar el fin de los vetustos clásicos americanos de Cuba.

Creo que se les olvida que un cubano medio no gana más de 20 dólares al mes, aunque sí habrá un efecto en el precio de estos vehículos. Los exhaustos vehículos estadounidenses tenderán a depreciarse, y opciones más modernas como algún Toyota u Honda subirán de precio como la espuma. Si algún día visitáis Cuba, eso sí, tened por seguro que seguiréis viendo por las calles Chevrolet Suburban de los años 50, camionetas Dodge o algún precioso Pontiac de época. Aunque quizá no por mucho tiempo más.

Fuente: Autoblog Imágenes: twicepix | topyti En Diariomotor: El ingenio en los coches cubanos