De casa al trabajo y del trabajo a casa, la prudencia sigue siendo necesaria

 |  @davidvillarreal  | 

El conductor español es consciente del peligro que entraña salir a la carretera. Incluso el más responsable y respetuoso de los conductores esta expuesto a cualquier incidencia ajena a él que se pueda encontrar en la carretera. De hecho entre familiares y amigos el comentario de “llámame o escríbeme cuando llegues a tu destino/casa” es habitual cuando nos enfrentamos a un viaje relativamente largo, por ejemplo, nos vamos de vacaciones. La preocupación es justificada, son muchos kilómetros y nos guste o no el peligro sigue estando ahí fuera.

Curiosamente en los trayectos más cortos y cotidianos, de casa al trabajo y de trabajo a casa, no es tan habitual que nadie nos diga “escríbeme cuando hayas llegado al trabajo”, “ten cuidado con la carretera”. La primera razón es de pura lógica, no podemos estar día sí y día también, escribiendo un mensaje de “llegué a mi destino bien” en cada trayecto que recorremos con el coche. La segunda, y el qui de la cuestión, es que por ser lo conocido, lo que hacemos a diario y trayectos relativamente cortos, gozamos de esa falsa sensación de inmunidad. Pensamos que no existe tal peligro y damos por hecho que llegaremos bien a nuestro destino.

La DGT trata de que nos percatemos de nuestro error, itinere (camino del trabajo o de nuestra casa) y en pleno horario laboral sucede un tercio del total de los accidentes de tráfico.

Sinceramente las horas punta, en aquellos momentos en que aumenta la congestión del tráfico y unos y otros se dirigen al trabajo o a casa, son las horas del día en las que he visto cometer más infracciones de tráfico, más imprudencias y más situaciones de riesgo he sufrido. No será habitual encontrarnos coches a 200 km/h, ni tampoco conductores ebrios, pero sí conductores despistados, confiados por ser su trayecto cotidiano, somnolientos por no haberse lavado la cara o por haber pasado 8 horas seguidas, más dos o tres extra, en la oficina.

¿Acaso no les pasó nunca que llegaron a su destino y apenas recuerdan como fue el trayecto? Estrés, cansancio, miles de problemas en la cabeza. Somos humanos y es normal que nuestro chip se desconecte por un momento. Sin ir más lejos en un trayecto que practicamos a diario es fácil que nuestro cerebro entre en modo autómata y actúe sobre nuestro cuerpo para conducirnos a nuestro destino. De casa al trabajo y del trabajo a casa, el camino de todos los días, pero el peligro de la conducción autómata es que nuestra percepción de los peligros y nuestra atención están muy mermadas. ¿Acaso sabemos que en la próxima intersección no nos cruzaremos con otro conductor en modo autómata o que se ha dormido y se va a saltar un stop?

A la DGT se le han acabado las grandes campañas de seguridad vial, lo cual no es del todo malo. No seré yo quien justifique los métodos de la administración de Pere Navarro en una “persecución” sin precedentes al conductor y su política del “temor” a una multa. Pero poco a poco el conductor va tomando conciencia de que no hay que correr, no hay que beber y conducir y que hay que extremar la precaución en operaciones de salida y retorno de vacaciones. Es el momento idóneo para centrarse en otras “pequeñas” batallas. La de los accidentes itinere es una de ellas.

Fuente: DGT
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