Timossi-Ferrari Arno XI (1953): un cavallino acuático tan rápido como los de asfalto

 |  @sergioalvarez88  | 

Corrían los años 50, y Europa comenzaba a recuperarse de la terrible Segunda Guerra Mundial. La competición automovilística volvía a brillar, en la forma de multitud de Grandes Premios. Las carreras de velocidad sobre agua también eran populares, y a principios de los 50 se fabricó una de las embarcaciones más míticas de la historia. Se llamaba “Arno XI”, y fue fabricada por el constructor de barcos Cantieri, que contó con la Scuderia Ferrari como partner de lujo. Este cavallino rampante acuático era muy, pero que muy rápido.

El motor de Fórmula 1 de esta embarcación ya había ayudado a Ferrari a ganar el campeonato del mundo en 1952.

Tras haber competido durante los años 40 en competiciones de velocidad con un barco de construcción propia – el Arno – Achille Castoldi deseaba asombrar al mundo. El aristócrata italiano deseaba batir el récord de velocidad sobre agua, simple y llanamente. Para ello, debía construir la embarcación definitiva: un hidroplano de altas prestaciones con el que surcar las aguas del Lego Como a más de 200 km/h. Tenía los recursos financieros para ello, y sólo necesitaba alguien que construyera su barco… y alguien que suministrase un motor.

Su buena relación con pilotos como Alberto Ascari y Luigi Villoresi fue su ticket de entrada al mundo de Enzo Ferrari. Il Commendatore no tuvo reparo alguno en vender a Castoldi uno de sus brillantes motores Tipo 375, de Fórmula 1, 4,5 litros de cilindrada y una potencia estimada en 385 CV. Ferrari le debía un favor a Castoldi, que había guardado celosamente durante la Segunda Guerra Mundial varios Alfa Romeo de Fórmula 1, manteniéndolos a salvo de bombardeos, saqueos y las vicisitudes del conflicto.

Con el motor en su poder, Castoldi recurrió a Cantieri, un afamado constructor de lanchas, para comenzar la construcción de la “Arno XI”. Una preciosa máquina de competición, cuya estructura principal estaba compuesta de madera, con un subchasis de travesaños metálicos para el casco. Sobre esta estructura se construyó una carrocería, muy similar a la de un coche de competición, a mano, en aluminio. Pintada en Rosso Corsa, con el emblema del cavallino rampante bien presente. Un Ferrari de agua.

El casco del barco fue construido en madera pulida, dando a la máquina un aspecto impresionante. Toda la potencia del V12 Ferrari era transmitida al agua mediante dos hélices gemelas, que giraban hasta a 10.000 rpm. Un barco de competición con el que Castoldi llegó a alcanzar los 200 km/h sobre el agua en su primera competición. Ante la pujanza de sus competidores, envió el motor de nuevo a Maranello, donde fue adaptado al uso de metanol como combustible y calzado con dos compresores volumétricos. ¿El resultado? 600 CV de potencia.

Esta lancha tiene una conexión muy directa con el mundo del automóvil, llamada Enzo Ferrari.

Con un propulsor modificado, Castoldi llegó a marcar el récord del mundo de velocidad sobre agua: 241,708 km/h de velocidad media sobre un kilómetro cronometrado en el Lago Iseo. También logró una velocidad media de 164,70 km/h en una distancia de 24 millas naúticas. Tras la retirada de la competición de Castoldi, el hidroplano fue vendido en 1958 a Nando Dell’Orto. El corredor italiano aumentó la potencia del V12 hasta los 700 CV y ordenó una reconstrucción de su carrocería al especialista Carrozzeria Boneschi.

Fueron Carrozzeria Boneschi quienes dieron a la lancha su aspecto actual, con una parrilla similar a la boca de un tiburón y un estabilizador trasero vertical. Un auténtico cavallino acuático. Arno XI cayó en el olvido cuando Dell’ Orto se retiró de la competición en 1968, pero la lancha fue restaurada al cabo de unos años y fue subastada en 2012 por casi un millón de euros. Desde entonces compite en todo su esplendor original en diversos eventos de competición clásica. Una máquina preciosa, con una gran conexión automovilística.

Fuente: RM Auctions
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