Vídeo: un millón de razones por las que no querrás que te abandone el ESP

David Villarreal  |  @davidvillarreal  | 

Por fortuna hoy en día cualquier coche nuevo está equipado con los correspondientes controles de tracción y estabilidad. Hubo un tiempo en que esta tecnología no era valorada suficientemente por los compradores, incluso se llegaba a decir que estos controles únicamente eran útiles para la gente que circulaba muy rápido. Nada más lejos de la realidad. Aún hoy en día sigue siendo realmente importante valorar la importancia de este elemento de seguridad, especialmente si estamos buscando un coche de segunda mano. Y es que estamos convencidos de que se trata de un sistema indispensable, que salva vidas, y que evita accidentes realmente graves a diario. La prueba la tenemos en este vídeo que muestra las consecuencias de no utilizar ESP.

El programa de televisión Fifth Gear se propuso realizar una prueba, en condiciones controladas, para demostrar los riesgos de circular con un vehículo sin control de estabilidad. La prueba consistía en realizar un slalom en una pista de un aeródromo, a diferentes velocidades. A 40 mph (64 km/h) vemos cómo el pequeño Toyota Yaris dista mucho de sentirse ágil controlando los balanceos de su carrocería, corta y, en proporción, relativamente alta. A 80 km/h la situación va complicándose.

Pero es precisamente a 110 km/h, a una velocidad habitual en carretera, cuando la situación se complica de verdad.

Al primer giro violento, el piloto es incapaz de recuperar la trayectoria, y acaba irremediablemente saliéndose de la pista y en última instancia volcando. En una carretera esto nos hubiera supuesto una salida de vía, o como mínimo una violenta colisión contra los guardarraíles, o incluso invadir el carril contrario. La gran ventaja del control de estabilidad está precisamente en el control que nos ofrece, ajustando mediante el sistema de frenado el giro de las ruedas para compensar la energía que empuja a nuestro coche, por una pérdida de tracción, y por el acusado balanceo al que es sometida la carrocería, por ejemplo en una maniobra esquiva.

A más de 110 km/h, a velocidades en torno a los límites legales de nuestras carreteras, la situación se complica aún más. De hecho vemos como el coche vuelca justo en el momento en que el conductor contravolantea para recuperar la trayectoria, y evitar salirse de nuevo de la pista.

Fuente: Fifth Gear
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