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Mantenimiento de un coche eléctrico: qué se revisa, y cómo es con respecto a un coche de combustión

Sergio Álvarez | @sergioalvarez88 | 4 Dic 2020
Mantenimiento Coche Electrico
Mantenimiento Coche Electrico

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Aunque los coches eléctricos siguen suponiendo una parte muy pequeña del parque móvil español, se están convirtiendo en una alternativa de compra clara a los coches de combustión interna, especialmente en grandes ciudades. Aunque hemos publicado muchas guías sobre el cuidado y mantenimiento de un coche de combustión interna, los coches eléctricos presentan claras diferencias con respecto a estos. En este artículo os vamos a contar todo lo que debéis saber sobre el mantenimiento de un coche eléctrico, además de explicaros en qué cambia con respecto a un coche con motor térmico.

Los coches eléctricos son menos complejos a nivel mecánico

El motor de un coche de combustión interna está compuesto por miles de piezas, que bailan en una cuidadosa y milimétrica sinfonía mecánica. Son piezas bañadas en aceite, sujetas a cambios extremos de temperatura y altos niveles de fricción. El desgaste de sus componentes es inevitable, especialmente en componentes como el turbo, si no lo cuidamos adecuadamente. Lo mismo ocurre con sus cajas de cambio, en las que tenemos volantes de inercia bimasa o cambios automáticos en los que es necesario cambiar el fluido hidráulico con una periodicidad estricta. Un coche eléctrico es muchísimo más sencillo, en comparación.

Los motores eléctricos no tienen aceite, pero sí cuentan con diferenciales y sistemas de transmisión de potencia bañados en aceite.

Sus grupos motopropulsores son mucho más simples, y tienen menos componentes. El motor eléctrico es mucho más sencillo y fiable que cualquier motor de combustión interna, y la tecnología es aún más veterana que la propia combustión interna, datando de mediados del siglo XIX. Los coches eléctricos prescinden en su gran mayoría de cajas de cambios, contando con un simple sistema de engranajes que transmite la potencia a las ruedas, además de un diferencial. Estas transmisiones tienen una relación fija y carecen de marcha atrás, ya que para ir hacia atrás basta con invertir la polaridad del motor eléctrico.

También hemos de tener en cuenta que a nivel normativo los coches eléctricos disfrutan de ventajas claras, como es la etiqueta CERO de la DGT. Tampoco debemos olvidar que muchos ayuntamientos les bonifican el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica, además de las tasas de aparcamiento. No obstante, ahí es donde terminan las diferencias con un coche convencional. El tren de rodaje, suspensión y habitáculo del coche eléctrico es idéntico al de un coche de combustión interna, e incluso está sometido a más desgaste en ciertos puntos, que desgranaremos en el siguiente apartado.

Los costes operativos de un coche eléctrico son inferiores, al igual que su mantenimiento. Tampoco pagan Impuesto de Matriculación.

¿Cuál es el mantenimiento específico de un coche eléctrico? ¿Es más caro?

El mantenimiento específico de un coche eléctrico está programado por el propio fabricante, como ocurre en coches convencionales. Ya tengas en tu garaje un Nissan Leaf o un Porsche Taycan, deberás seguir los intervalos marcados en el manual de usuario de tu coche. El punto clave del mantenimiento es comprobar el correcto aislamiento de las conexiones entre batería y motor eléctrico, así como las masas del coche. Esta inspección requiere equipamiento específico y un técnico especializado en coches eléctricos, pero no es una labor compleja y no suele repercutirse un coste alto al cliente.

Por lo demás, un coche eléctrico necesita cambiar su líquido de frenos, así como pastillas y discos de freno - aunque los desgastan muy poco gracias a la frenada regenerativa. El motor eléctrico y la batería están refrigerados por líquido en muchos casos. Este líquido, de composición prácticamente idéntica al anticongelante de un coche convencional, debe cambiarse de forma periódica, como ocurre en un coche de combustión interna. También se debe cambiar el filtro de polen del habitáculo y el sistema de climatización. Otros elementos susceptibles de desgaste y avería son las baterías de 12 voltios o las escobillas de los limpiaparabrisas.

El par motor y el peso de un coche eléctrico hacen que el desgaste de los neumáticos sea alto, especialmente en el eje motriz.

Por último, no debemos olvidar los complejos sistemas electrónicos que gobiernan los sistemas de almacenamiento de energía y carga de un coche eléctrico. En las revisisiones rutinarias se debe comprobar su correcto funcionamiento, conectándose al cerebro del coche mediante un programa informático. "Enchufarlo al ordenador", como hacemos con un coche convencional cuando algún testigo hace acto de presencia en nuestra instrumentación. Si fuera necesario, su software de control podría ser actualizado, aunque a día de hoy, gran parte de los coches eléctricos cuentan con conexión inalámbrica a Internet. Mediante una conexión OTA (Over The Air), se actualiza su software, y se pueden detectar posibles anomalías en su funcionamiento.

El coche eléctrico sigue siendo un coche, y por tanto, sus amortiguadores y tren de rodaje sufrirán desgaste con el tiempo. Rótulas, bieletas, amortiguadores, guardapolvos de los palieres... todos esos elementos serán inspeccionados visualmente en las revisiones del coche y reemplazados en caso de desgaste. En cualquier caso, el mantenimiento rutinario de un coche eléctrico es más sencillo y barato que el de un coche de combustión interna equivalente.

¿Y qué hay del mantenimiento de los híbridos enchufables?

El problema con los híbridos enchufables es que su mantenimiento es al mismo tiempo, el de un coche eléctrico, y el de un coche de combustión interna. Aunque el mantenimiento de su tren de rodaje es común a ambos, son coches con complejos sistemas anticontaminación, filtros y fluidos, como cualquier coche moderno de combustión interno. A este mantenimiento se suma el mantenimiento específico de sus baterías, motores eléctricos y grupos de transmisión asociados. Es una de las desventajas de los coches enchufables: un mantenimiento aún más complejo, y por ende, notablemente más caro.