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Herencias, coches extranjeros, patrocinios raros, pilotos peculiares, deudas y velocidad limitada: la maravillosa historia de BK Racing

Se acerca la Navidad y con ella, el parón provisional en todas las competiciones automovilísticas. Ya sea sobre tierra, asfalto o incluso nieve, los deportes de motor sobre cuatro ruedas se toman un pequeño descanso en las dos últimas semanas del año, más enfocadas a algunos test privados antes de la llegada del Dakar y de algunos campeonatos en el hemisferio sur. Al norte del ecuador surge un frío provisional que impedirá la celebración de competiciones importantes hasta febrero. Sin embargo, dicho frío se ha convertido en permanente para una de las estructuras más peculiares y polémicas que han pasado por NASCAR en esta década.

Hace un mes que el telón de la Monster Energy Cup Series cayó en Miami y con él se llegó al final de BK Racing, otra estructura de zona baja que cae por problemas económicos pero no se conformó con simplemente desaparecer. El equipo se creó a finales de 2011 en una de tantas asociaciones de organizaciones caídas, instalándose en Charlotte como casi todos los equipos de NASCAR. Sus propietarios iniciales fueron Ron Devine, ejecutivo comercial y propietario de varias franquicias de Burger King y el empresario del sector del tomate Wayne Press (ex propietario de TRG, equipo de sportscar con experiencia en NASCAR).

Juntos compraron la tienda y el equipamiento del Team Red Bull, equipo financiado por la marca de bebidas energéticas que se fue a finales de 2011 a pesar de obtener dos victorias con Brian Vickers y Kasey Kahne y ser el primero en llevar a Toyota a la élite del stock car norteamericano. Burger King ayudó a actualizar algunas pinturas del coche pero nunca dio apoyo oficial a BK Racing, cuya primera temporada fue sólida: tanto Landon Cassill como Travis Kvapil lograron varios top 20 en circuitos complicados, más allá de las habituales citas de Daytona y Talladega, dónde Kvapil se desenvolvió mejor frente a un Cassill pillo en trazados más tradicionales.

La paz se rompió pronto en el seno del equipo, ya que Cassill iba a repetir en 2013 hasta que fue despedido por incumplimiento de contrato. Cassill no tardó en demandar a los propietarios, tanto por falta de pagos como por engaño al informarle tarde de su despido (mediados de enero, a un mes del comienzo de la temporada) después de hacerle creer que pilotaría el coche #83 de nuevo. David Reutimann suplió a Cassill y junto a Kvapil cuajaron un año menos brillante, mejorando Kvapil ligeramente su rendimiento de 2012 a pesar de ser detenido en Charlotte por acusaciones de violencia doméstica contra su esposa.

2014 vio una ampliación de la estructura a un tercer coche por la compra en abril de uno de los vehículos del súbitamente desaparecido Swan Racing. Anthony Marlowe, propietario de la firma de inversión Iowa City Capital Partners, se unió al accionariado del equipo formado por Devine y Press y se hizo con un 10% de las acciones. Alex Bowman y Ryan Truex pilotaron el #23 y el #83 respectivamente, uniéndose Cole Whitt con el #26 desde Swan Racing y siendo el mejor de los tres rookies. El patrocinio fallido en busca de la inversión en Bitcoins y de la película «Dos tontos todavía más tontos» fueron contrarrestados por sponsors cambiantes en cada carrera.

Más importante aún fue la presencia de Dr Pepper, bebida disponible en los Burger King propiedad de Devine. Las inconvenencias monetarias regresarían con el inseguro Truex, que no realizó un debut destacable y sufrió una conmoción cerebral por culpa de un accidente en los entrenamientos de la ronda veraniega de Michigan. Un mes después, Truex fue despedido por malos resultados y al parecer también se llevó una desagradable sorpresa en forma de deudas como ya le ocurriera a Cassill. Kvapil y J.J. Yeley se alternaron el #83 en la parte final de 2014, demandando Whitt a Devine por impagos poco después.

La velocidad de los coches de BK Racing empezó a caer como su reputación en el paddock. Yeley intercambió coches antes de la temporada 2015 y durante la misma con Jeb Burton, hijo y sobrino de los ex pilotos Ward y Jeff y cuestionable piloto que llegó a no clasificarse para algunas carreras. El puntero de Trucks Johnny Sauter corrió la Daytona 500 pero a partir de entonces le suplió Matt DiBenedetto, habitual piloto de start and park en la Xfinity Series que sorprendió con un rendimiento más constante y veloz que Yeley y Burton. Solo tres top 20 encumbraron el año de un equipo en claro descenso y sin un marcado futuro.

Y entonces llegó el oasis de tranquilidad que fue 2016. Con el #26 fuera de combate al no contar con patrocinios reseñables, DiBenedetto continuó en el #83 y recibió la nueva compañía de David Ragan. El veterano piloto afiliado a Ford probó el Toyota después de pasarse 2015 realizando sustituciones en Joe Gibbs Racing y en Michael Waltrip Racing y buscó una calma que encontró en BK Racing. Ragan resolvió un buen año con un coche peor y fue más rápido que el ascendente DiBenedetto, autor de dos milagrosos top 20 en Bristol incluyendo un sexto puesto en la carrera de abril que acabaría siendo el mejor resultado de la historia del equipo.

La tempestad no tardaría en volver a una estructura ya caótica. Ragan y DiBenedetto salieron del equipo al no cumplir «los objetivos marcados», según dijo un Ron Devine cuestionado por diversas vicisitudes financieras. Corey LaJoie y Gray Gaulding empezaron 2017 como los habituales de un equipo que se quitó el charter del #83 y alternó sus volantes entre 10 pilotos distintos. Gaulding encumbró una nueva situación polémica al ser demandado por Devine, que dijo tener 1,3 millones de dólares pendientes de un acuerdo total de 2 millones para competir en toda la temporada 2017. La familia Gaulding retrasó los pagos hasta en tres ocasiones.

En 2015, Anthony Marlowe intentó vender su 10% del equipo a través de Twitter, dónde llegó a pedir un millón de dólares en una propuesta tan rompedora como ilógica. Marlowe vendió esa parte a finales de 2017 a Lynch Racing Co., la parte deportiva de la firma de inversión Sports Venture Group. Gaulding finalizó noveno en Talladega y LaJoie 11º en Daytona pero el futuro del equipo comenzaba a tomar un cariz sombrío fuera de la pista, incluyendo una demanda del Union Bank & Trust por 9 millones de dólares que Devine no tenía pagada al vender el charter del #83 a Front Row Motorsports, implicado así en un escándalo indirecto.

2018 vio la reducción a un solo coche, el #23 que Gaulding continuaría pilotando a pesar de adherirse BK Racing al Chapter 11 aplicable en caso de bancarrota justo antes de la Daytona 500. Un comisario financiero sustituyó a Devine al frente de las operaciones económicas en marzo y el equipo siguió compitiendo a pesar de los cambios de gestión, cayendo cada vez más bajo en la tabla. Gaulding logró ser 20º dos veces antes de irse en junio y dar paso al carrusel de pilotos que entre otros ocuparon Yeley, el israelí Alon Day y el piloto y gestor Spencer Gallagher, cuyo padre financió una carrera que podría haber seguido en la Cup Series.

Finalmente más de 50 peticiones de pagos acumularon un total de 28,5 millones de dólares en deudas y BK Racing salió a subasta en agosto, vendiéndose el derecho al charter del #23, los coches y la propiedad intelectual a Front Row por 2,08 millones; ganaron a 30 grupos interesados entre los que se encontraban el ex propietario Devine y GMS (el equipo de Gallagher). Yeley compitió en la mayoría de carreras restantes al volante del #23 y llegó a pilotar dos veces un Ford a diferencia de los Toyota que siempre llevó el equipo herencia del fallido experimento de Red Bull, desaparecido entre deudas mientras los coches nipones que encumbró su predecesor se consolidaban en lo más alto de NASCAR.

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