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Nos ha dejado Gil de Ferrán

Sí, es noticia del año pasado, de hace dos días exactamente, pero admito que cuesta mucho afrontar la redacción de este tipo de escritos porque mientras se intenta comunicar, la mente tiende a instalarse en el pasado y en la negación de la ausencia, en aquellas carreras de la CART donde hace unos veinte años atrás un piloto brasileño que defendía al equipo Penske solía destacar en medio de una parrilla repleta de talento. Pero a sus 56 años, la muerte sorprendió a Gil de Ferrán en una exhibición en Florida y le ganó la carrera, un infarto lo sacó de este plano existencial, dejando mucha tristeza y un inmenso vacío en el deporte motor.

Gil de Ferrán se ganó el respeto y la admiración de los seguidores del automovilismo y aunque no logró llegar a la Fórmula 1, sus actuaciones en Norteamérica fueron muy destacadas porque no solamente alcanzó dos veces el título de la CART sino también logró imponerse en las 500 Millas de Indianápolis en el 2003, su año de retiro de la IndyCar. Luego se estableció en la American Le Mans Series con su propio equipo, de Ferrán Motorsports, donde también brilló, en esta ocasión como estandarte del proyecto Acura, así que resultó exitoso como piloto y dueño de equipo. Tras retirarse como piloto activo, permaneció ligado al deporte y en los últimos años se desempeñó como consultor y directivo de McLaren tanto en la IndyCar como en la Fórmula 1.

Símbolo de aquella época cuando la CART y la Indy Racing League sostuvieron aquella disputa innecesaria que allanó el camino de lo que es la IndyCar, Gil de Ferrán llegó hasta el corazón de los seguidores de las carreras porque además de ser competitivo, poseía una gran personalidad y era todo un caballero tanto dentro como fuera de los circuitos, un perfecto embajador de la categoría estadounidense a nivel internacional. Aunque su número de victorias en la popular serie de monoplazas no luzca muy atractivo a simple vista, doce en total, basta con recordar que debía batirse con adversarios de la talla de Hélio Castroneves, Paul Tracy, Juan Pablo Montoya, Jimmy Vasser, Greg Moore, Michael Andretti, Alex Zanardi, Roberto Moreno, Scott Dixon, Dan Wheldon y Al Unser Jr, entre tantos otros.

Dentro de su legado deja para la posteridad el promedio de velocidad más alto durante una sesión de calificación, cuando en la temporada de la CART del año 2000 recorrió el óvalo de California Speedway con una media de 241,428 millas por hora, o unos 388,54 kilómetros por hora, para entonces era piloto de Team Penske al volante de un Reynard Honda. Gil De Ferrán fue parte de esa generación de pilotos brasileños que fue inspirada por las hazañas de Emerson Fittipaldi, a quien intentó emular desde que debutó en el karting, pero a pesar de brillar en la Fórmula 3 Británica y en la Fórmula 3000, no logró llamar la atención de alguna escudería en la Fórmula 1, que para entonces atravesaba la tumultuosa temporada de 1994, marcada por la desaparición física de otro grande del Brasil, el legendario Ayrton Senna.

Ante la negativa de ingresar a la Fórmula 1, de Ferrán decidió aceptar la oferta de Jim Hall para probar un CART y convenció de inmediato, firmando con Hall/VDS Racing donde en pocas carreras mostró que estaba para grandes desafíos, entre ellos ganar en óvalos y elevar el nivel de equipos que en teoría no eran competitivos, de allí que fuera reconocido además por sus conocimientos de mecánica, ingeniería y dirección técnica, ganándose el respeto de todo el paddock, lo que posteriormente, tras su retiro como piloto activo, le abrió las puertas de Honda para que se desempeñara como director deportivo de su desaparecida escudería en la Fórmula 1.

De mi parte lo recordaré al volante de un Penske blanquirojo, abriéndose paso dentro de aquellos pelotones de grandes pilotos, donde alcanzar una victoria representaba un enorme reto. Descansa en paz Gil y gracias por tan grandes recuerdos.

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