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Pesimismo brasileño ante el futuro de la Fórmula 1 en Interlagos

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La cancelación de los Grandes Premios que se iban a disputar en América en 2020 ha afectado la economía y el tratamiento de sus caros contratos. Canadá tiene un acuerdo a diez años que afectará en poco a su ausencia esta temporada y México renovó de forma fortuita hasta 2022 el año pasado, antes del parón mundial generado por el coronavirus. Estados Unidos ha tenido menos suerte y la no celebración de la carrera de Austin llega después de un anunciado récord de ventas y no parece que el escenario mejore mucho en Brasil, país especialmente afectado por la pandemia.

Brasil se vende como un escenario esencial para una Fórmula 1 calificada de "vital" para la economía nacional en palabras de Tamas Rohonyi, promotor de un circuito de Interlagos que ha sido sede de la categoría más rápida del mundo ininterrumpidamente desde 1990; la cancelación del GP brasileño supone su primera ausencia del calendario desde su debut en 1973. Rohonyi se ha mostrado indignado por el gasto de ocho millones de dólares en reformas del trazado de São Paulo y ha apelado al sentimiento público para buscar apoyos más allá del dinero.

Mucha gente depende de este acuerdo, más allá de la Fórmula 1. Esta es una de las carreras más conocidas del calendario y el hecho de no tener un piloto brasileño no ha impedido ver mucho público en las tribunas. Los niños sueñan con competir en F1 se suben a los karts y necesitan un evento en el que fijarse. Cuando Gustavo Kuerten ganó el torneo de Roland Garros, muchos niños cogieron una raqueta y quisieron jugar a tenis; cuando se retiró no hubo heredero y los siguientes niños volvieron a jugar a fútbol.

Desde luego la perspectiva de Brasil en la F1 no es la mejor: su última renovación de contrato (a siete años) acababa en esta temporada y tampoco se ha solventado la posible marcha de la ronda a un nuevo circuito en Río de Janeiro, teóricamente apoyado por el gobierno de Jair Bolsonaro. La larga racha de pilotos nacionales que han disputado el Gran Premio de Brasil quedó interrumpida tras la retirada de Felipe Massa en 2017, hecho que no ayuda en nada a la recuperación de una cita tan prestigiosa como llena de obstáculos financieros y público a partes iguales.