El aluvión de coches chinos en Europa ya es una realidad. Una miríada de marcas que ya han comenzado a asentarse, que están implantándose, y las que están por llegar, son vistas como una amenaza para la industria del automóvil europea. Si bien es cierto sus cifras, y su cuota, aún está lejos de ser representativa.
Europa quiere frenar a los coches Made in China
Si algo tiene muy claro la Unión Europea, y todos sus miembros, es que hay que tomar medidas. En los últimos dos años el asunto se ha abordado recurriendo a instrumentos tan socorridos como el de los aranceles específicos, impuestos después de una investigación que concluyó que los fabricantes chinos habían recurrido a prácticas que incurrirían en una competencia desleal con los fabricantes europeos.
Recientemente, la Unión Europea flexibilizaba estos aranceles buscando un mecanismo alternativo, el de imponer un precio mínimo y unas cuotas de importación. El próximo paso iría enfocado ya no solo a poner trabas a los coches Made in China, sino también a aquellos a los que parcialmente se les podría aplicar la definición de Made in China. Pero no parece que todos en Europa estén de acuerdo con ello.
- La UE estudia endurecer los requisitos de origen para acceder a incentivos públicos.
- El debate ya no es solo arancelario, sino industrial y estratégico.
- Gobiernos y fabricantes mantienen posturas muy diferentes sobre el proteccionismo.
Del coche Made in China, al parcialmente Made in China
Ya no se trata únicamente de penalizar la importación de vehículos completamente fabricados en China, sino de revisar qué ocurre con aquellos modelos ensamblados en Europa pero con una parte sustancial de su cadena de valor fuera del continente. Especialmente en el ámbito de las baterías, donde la dependencia asiática sigue siendo clave, y hasta cierto punto imprescindible.
Sobre la mesa está la posibilidad de exigir que los vehículos eléctricos que reciban ayudas públicas – ya sea incentivos directos a la compra o flotas adquiridas por administraciones – cumplan con umbrales mínimos de contenido europeo. Se ha llegado a plantear que hasta el 70% del valor del vehículo, excluida la batería, deba tener origen comunitario (Automotive News).
Para la batería, que insistimos es uno de los elementos más críticos de la cadena de valor y más dependientes de China, se exigiría un contenido de producción europeo en elementos clave.
Europa no se pone de acuerdo
Países como Francia han defendido con firmeza la necesidad de blindar la industria local frente a importaciones que compiten con estructuras de costes muy diferentes y marcos regulatorios menos exigentes. Francia fue uno de los primeros en aplicar la fórmula que, bajo el argumento de las emisiones requeridas para producir un automóvil, penalizaba a los coches fabricados en China a la hora de recibir sus ayudas a la compra de vehículos eléctricos.
Otros Estados miembros, como República Checa y Suecia, en cambio, alertan de los riesgos de una deriva excesivamente proteccionista. Temen que imponer requisitos demasiado estrictos pueda elevar los precios en licitaciones públicas, disuadir inversión extranjera y provocar represalias.
Tampoco en el sector del automóvil existe la unanimidad. Los grandes grupos con fuerte implantación global tienden a defender mercados abiertos y cadenas de suministro flexibles. En cambio, fabricantes con mayor exposición regional ven con mejores ojos mecanismos que equilibren la competencia.
España ya ha dado pasos en esta línea
En paralelo al debate comunitario, algunos Estados miembros ya han comenzado a introducir matices en sus programas nacionales de ayudas. España, por ejemplo, ha planteado esquemas como el denominado Plan Auto+, que priorizan determinados criterios industriales y tecnológicos a la hora de conceder incentivos, aumentando la dotación de la ayuda para aquellos vehículos que cumplan el criterio de haber sido ensamblado y terminado en la Unión Europea, y para aquellos vehículos cuya batería – al menos el pack de baterías – haya sido ensamblado también en la Unión Europea.
En Bruselas, mientras tanto, la propuesta sobre contenido europeo, que se esperaba publicar mañana mismo, parece que finalmente se retrasará a la semana que viene.







