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Frenar al coche chino, el desafío que Europa debe afrontar antes de que sea demasiado tarde

David Clavero | @ClaveroD | 18 Oct 2022
Nio Es8 2021 1021 009
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El movimiento de Estados Unidos para proteger su industria automovilística local podría terminar teniendo su eco en Europa. La dependencia de China, cada vez mayor en el sector del automóvil a tenor de su digitalización y electrificación, ha encontrado en Estados Unidos una polémica medida donde solos los coches eléctricos fabricados de forma local podrán optar a la subvenciones a la compra. Y ahora Europa, tanto o más afectada por esta dependencia de China, comienza a estudiar la posibilidad de seguir los pasos de Estados Unidos aplicando medidas proteccionistas, algo que tendría enormes consecuencias para bien... pero también para mal.

Algo hay que hacer. Esta idea es que la que resuena en la cabeza de no pocos legisladores a tenor de la crisis en la que está sumido el sector del automóvil europeo. Las consecuencias del COVID 19 como los problemas logísticos y el encarecimiento de las materias primas, han puesto de manifiesto que la globalización con China como principal suministrador es un muy serio problema.

Existe una realidad indiscutible, fabricar el mismo coche, cuesta mucho más en Europa que en China

Y es por ello por lo que el Gobierno de Joe Biden decidió dar un paso adelante y lanzar un órdago a China, poniendo en marcha un peculiar programa de incentivos a la compra de coches eléctricos. Hablamos de un programa de ayudas que puede alcanzar los 7.500 dólares para la compra de un coche eléctrico nuevo (4.000 dólares si es usado), pero que solo será aplicable a coches fabricados en Estados Unidos, exigiendo a partir de 2023 que esos vehículos no cuenten con componentes importados de China.

Pese a despertar no pocas críticas tras su anuncio, esta medida autoproteccionista está consiguiendo incentivar no solo a la industria local americana, sino conseguir que fabricantes europeos y asiáticos, tanto de coches, como de componentes cruciales como baterías, estén estudiando levantar fábricas en Estados Unidos para así no quedarse fuera del mercado automovilístico norteamericano.

Y llegamos a la pregunta del millón: ¿Debe Europa copiar este modelo proteccionista para frenar a China? El debate ya está sobre la mesa del parlamento europeo, pues países fuertemente ligados a la industria automovilística como es el caso de Francia ya se han pronunciado en este sentido. Concretamente fue el Ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, quien lanzó la propuesta de subvencionar únicamente a los coches eléctricos fabricados en Europa, lo cual permitiría frenar el avance de los coches chinos y sus precios de derribo en el viejo continente.

Y ahora es la propia industria del automóvil europea la que se pronuncia claramente ante el desafío chino. Con motivo del salón del automóvil de París, una exhibición donde la presencia de coches chinos ha conseguido eclipsar a la industria local, el CEO de Stellantis Carlos Tavares ha hablado muy claramente sobre su visión de esta situación. Tavares exige a Europa que mueva ficha ante el avance del coche chino, un coche que ha conseguido mejorar mucho en los últimos años, tanto como para poder competir con los coches europeos en calidad, seguridad y tecnología, pero ofreciendo unos precios muy inferiores.

Dando a entender que estamos en una situación de competencia desleal, la propuesta de solución por parte de Tavares señala a la imposición de aranceles a los coches fabricados en China, algo que de hecho ya aplica la propia China a la importación de coches fabricados en Europa o Estados Unidos... desde hace años.

Competir con el coche chino es un problema, que Europa sea incapaz de fabricar coches asequibles lo es más aún

Pero Tavares ha querido ir todavía más allá, poniendo de relieve el otro gran problema al que se enfrenta Europa, que no es otro que la dependencia de nuestra industria en tanto a materias primas, un aspecto clave en el caso de la fabricación de las celdas que dan vida a las baterías de los coches eléctricos. A esto se sumaría además la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, un conflicto que ha evidenciado otro problema de dependencia más.

Estos dos factores, sumados a una legislación europea cada vez más exigente en materia de seguridad y emisiones, han ido elevando paulatinamente el precio de compra del automóvil en el viejo continente, alcanzando un nivel de encarecimiento récord en los últimos años como resultado de una industria incapaz de fabricar más coches por falta de componentes, pero también más codiciosa dando prioridad a la fabricación de coches con mayores márgenes de beneficio.

Y si bien el desafío chino es un problema al que Europa tendrá que hacer frente tarde o temprano, no es menos problema el que la industria automovilística europea sea incapaz de fabricar coches asequibles para su mercado local.