La Unión Europea nos está confundiendo. El fin del diésel y la gasolina, e híbridos de toda índole, es inevitable. ¿Pero será como nos habían y nos están contando?
Europa prohibirá a toda costa diésel, gasolina, e híbridos
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La industria del automóvil – y con ella la economía de la Unión Europea – se la juega. Y el último movimiento de Bruselas ha pasado por dar marcha atrás, de alguna forma, en su objetivo de prohibir – por completo – las ventas de todos aquellos automóviles que utilicen motores de combustión de alguna forma, y eso atañe a los diésel, a los gasolina, a los híbridos, e incluso los híbridos enchufables.
Europa ha reculado y del objetivo inicial de prohibición completa en 2035 ha pasado a un objetivo de reducción de emisiones del 90% para ese mismo año. Un objetivo que aún permitiría la venta de motores de combustión para entonces. ¿Pero de qué manera? ¿Qué opina la industria al respecto?
La prohibición es (o al menos parece) inevitable
Desde estas líneas ya os hemos trasladado las razones por las cuales ese objetivo del 90%, y todas las condiciones que lo rodean, como compensar ese 10% de emisiones generadas por los motores de combustión que se seguirían vendiendo, ya sea con combustibles neutrales, o aceros verdes, significa en la práctica una prohibición tácita de la combustión interna o, como mínimo, un escenario en el que la combustión interna quede reducida a un nicho ínfimo del mercado.
Ola Källenius, CEO de Mercedes-Benz, y uno de los partidarios de flexibilizar los objetivos para 2035, apuntaba en esta misma dirección advirtiendo de que «el 90% no debe convertirse en un 100% encubierto».
Hoy nos hacemos eco del análisis que hacía Michael Lohscheller, CEO de Polestar, y ex-CEO de marcas como Opel y VinFast, y por qué decía estar «totalmente en desacuerdo» con las posturas de los CEO de Mercedes, Stellantis, y BMW, y la postura de la flexibilización.
Posponer la prohibición de la combustión interna penalizará a unos más que a otros
En declaraciones a Automotive News, Michael Lohscheller mostraba su escepticismo, antes incluso de que la Unión Europea confirmase su objetivo del 90%, y mientras se valoraba la flexibilización de los objetivos para 2035, apuntando: «nunca he visto ningún ejemplo en ninguna industria en el que retrasar o posponer algo ayude en algo» y no solo contrastando con la posición de otros representantes de la industria, sino también con la posición de otras marcas que, como la que representa, están completamente volcadas con el vehículo eléctrico. Hasta el punto en que a día de hoy la oferta de vehículos de Polestar en España se compone únicamente de vehículos eléctricos.
De hecho, Lohscheller añadía también que una decisión de flexibilización «realmente está penalizando a quienes han invertido», precisamente a marcas como Polestar. Recordemos que Polestar es una marca joven, con menos de diez años de trayectoria, nacida de la colaboración entre la sueca Volvo y la china Geely, siendo esta última a su vez propietaria no solo de Volvo, sino también de otras muchas marcas, algunas de origen europeo, como Smart, Lotus, y Lynk & Co.
De nuevo haciendo referencia a la decisión de Bruselas de flexibilizar sus objetivos para 2035, de alguna forma reculando respecto a la prohibición total que se habían planteado inicialmente, según Lohscheller, «si lo pospones, pones aún más empleos en peligro».
«Los políticos han logrado confundir a todos»
Mas recientemente, en declaraciones de las que se hacia eco Cinco Dias, Lohscheller criticaba también la confusión que están generando las instituciones europeas y los políticos: «Haber cambiado el objetivo de 2035 no ayuda en absoluto. Y tampoco cambia el panorama porque tenemos que seguir yendo hacia el eléctrico, pero los políticos han logrado confundir a todo el mundo. Muchas gracias por eso».
Pero más allá de la posición de los fabricantes europeos está la posición de los estados miembros de la Unión Europea. La decisión final de prohibir, o flexibilizar, no parece estar tomada. Y en la Unión han surgido opiniones dispares de las que ya os hemos hablado estos días, desde la posición que aboga por la prohibición total de algunos miembros como España, hasta la posición de países que hablan de «un marco más realista», y la flexibilización, como Alemania, Italia, República Checa, o Hungría.
Los próximos meses serán críticos. Y es que la Unión Europea tendrá que definir un marco para la industria del automóvil, y cómo serán los automóviles que se fabricarán y venderán en Europa dentro de casi diez años, asumiendo todos los riesgos que implica tomar una decisión demasiado drástica, o una decisión poco ambiciosa, con la presión cada vez mayor de la industria extracomunitaria, y especialmente de los fabricantes chinos.
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