ESPACIOS
Cerrar CERRAR
Actualidad

4 MIN

El destino del pistón del Mitsubishi Lancer Ralliart con motor de cuatro cilindros al mezclar turbo, altas RPM y casi 300 CV

El turbocompresor es como una espada de doble filo. Por un lado, puede entregar una avalancha de potencia capaz de catapultar a tu vehículo a velocidades de vértigo. Pero por otro, si no se maneja con precaución, puede convertirse en un arma letal que destruya por completo el corazón de tu preciado automóvil: el motor. Esta es la dura lección que tuvo que aprender el desafortunado dueño de un Mitsubishi Lancer Ralliart.

Los restos de una masacre de 300 CV

Eric, un reconocido Youtuber especializado en automóviles, quiso investigar las causas detrás de la defunción de un motor 4B11T turboalimentado de cuatro cilindros. Las pruebas en la escena del crimen eran espeluznantes: un enorme boquete en el bloque motor con desperfectos circundantes que auguraban lo peor. Conforme Eric profundizaba en la inspección, los hallazgos se volvían más escalofriantes.

A simple vista, ciertas áreas del motor lucían impecables, casi relucientes, como si apenas hubiera salido de la línea de producción. La cadena de distribución y la culata no mostraban signos de desgaste ni suciedad acumulada. Eran síntomas propios de que el motor no tenía muchos kilómetros a sus espaldas, y que sus problemas no se debían al desgaste. Sin embargo, esta fachada de aparente buen estado ocultaba una realidad mucho más siniestra bajo la superficie.

La cámara del horror en el pistón número 3

Al retirar la culata, el cilindro número tres se convirtió el sanguinario escenario del crimen. El pistón había estallado en miles de fragmentos, con su cabeza separada y esparcida dentro del cilindro. El colector de aceite contenía un amasijo de piezas descuartizadas: restos de pistón, biela, cojinetes y hasta trozos del mismo bloque motor. El desastre fue tal que logró partir en dos piezas diseñadas para soportar un nivel presión brutal. Era como si una bomba hubiera explotado dentro de la cavidad del motor.

Según Eric, semejante nivel de destrucción solo pudo ser provocado por una sobrealimentación de turbo masiva que sobrepasó los límites del motor. Pero el exceso de revoluciones y una posible falta de lubricación también contribuyeron a esta fatal combinación. Lo lógico, además, es pensar que el propietario de este Mitsubishi Lancer Ralliart optó por una reprogramación de la centralita.

Lancer Ralliart + Repro = Lancer Evo X en desguace

Para empezar, es innegable que una persona que ha destrozado un motor por un exceso de turbo y de revoluciones es una persona que con total seguridad haría una repro a su vehículo.

Por otro lado, no hay que olvidarse de que las «repros» están pensadas principalmente para obtener el mayor rendimiento del turbo, lo que parece ser el principal culpable de la destrucción de este motor.

Y si además tenemos en cuenta que el mismo motor del Mitsubishi Lancer Ralliart estaba presente en el Lancer Evo X y en las versiones especiales lanzadas en Reino Unido, es fácil deducir que se reprogramó. ¿Por qué? Porque el motor original del Ralliart entregaba una potencia de 240 CV, mientras que este mismo motor modificado llegaba a los 450 CV en los Lancer de máximo nivel. ¿Quién no haría una repro con la posibilidad de ganar 200 CV de potencia?

El turbo puede ser un gran aliado. Una repro puede ser una buena opción para ganar potencia en un coche, pero hay que tener en cuenta que junto a los nuevos ajustes de software es necesario también comprobar que todos los componentes pueden funcionar a ese rendimiento.

Dame tu opinión sobre este artículo

Ni fu, ni fa
Me ha gustado
¡Muy bueno!

Emmanuel Jiménez

Desde el primer Gran Turismo dejó de haber suficientes coches en el mundo para llenar mi garaje. Me da igual si son coches clásicos, eléctricos, con motor V10, o con diseños radicales. Simplemente me encantan.

Cargando...