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SUV

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Mazda CX-5 2.0 Skyactiv-G, a prueba: diferente pero competente

Daniel Valdivielso | @valdi92 | 5 May 2021
Mazca Cx 5 Prueba Portada
Mazca Cx 5 Prueba Portada

El mercado SUV no deja de crecer, de ampliar sus miras y sus posibilidades gracias a una demanda por parte de la clientela que no deja tampoco de aumentar. Mazda lo sabe, por lo que su oferta SUV se ha multiplicado de manera exponencial en los últimos años. Uno de sus pioneros, el Mazda CX-5, ha pasado por nuestras manos para una test a fondo.

La historia del Mazda CX-5 es ya la historia de un modelo casi decano en nuestro mercado. Y es que la primera generación del SUV japonés vio la luz en 2012 como respuesta a una creciente demanda de vehículos SUV de tamaño medio. Mazda fue rápida y decidió apostar fuerte por este segmento, que ahora es uno de los más populares de todo el mercado.

El actual Mazda CX-5 data de 2017, pero en 2020 sufrió una profunda actualización que mejoró sustancialmente sus cualidades, haciendo que el CX-5 sea uno de los modelos más vendidos de Mazda. Además, a principios de este año volvió a mejorar con ligeros detalles como un nuevo sistema multimedia del que luego hablaremos más en profundidad.

Un diseño 100% Mazda para el CX-5

Comenzando nuestro análisis por el exterior, nos encontramos con una carrocería de 4,55 metros de longitud, 1,84 m de anchura y 1,68 m de altura, que cuenta con un diseño plenamente reconocible como Mazda. Sin duda alguna, la parte que más llama la atención es su frontal, que, al menos a mi, me parece la parte más agraciada de todo el conjunto.

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Su frontal es agresivo y deportivo, pero a la vez es limpio y minimalista: una gran parrilla frontal con un logo de generosas dimensiones se muestra acompañado de unos grupos ópticos afilados y alargados, con una firma lumínica muy representativa que nos recuerda, irremediablemente, a otros modelos de la marca como el Mazda3.

En general, los trazos de la carrocería del Mazda CX-5 me parecen acertados, ya que buscan un equilibrio que consiguen encontrar al combinar líneas marcadas -como ya hemos visto en el frontal- con superficies suaves y fluidas. En la parte posterior existen pequeños detalle como los grupos ópticos, muy finos y alargados, que funcionan muy bien.

Considero que el diseño y la imagen del Mazda CX-5 se encuentra en un punto intermedio entre la seriedad de modelos como el Volkswagen Tiguan y la modernidad de otros rivales como el Peugeot 3008

El interior del Mazda CX-5 destila solidez

Si nos fijamos ahora en el interior del Mazda CX-5, la palabra que mejor lo define es la de solidez: incluso el diseño de las superficies está pensado para resultar robusto a la vista gracias a líneas suaves pero. Rectas, superficies bien organizas y mandos a la vista, con un tacto sólido -una vez más- y refinado.

La calidad de construcción es más que correcta: ya conocemos el afán de Mazda por colocar a sus productos un peldaño por encima del resto de fabricantes generalistas, un afán que se hace evidente al poner el ojo -y el tacto- en las diferentes piezas que conforman el habitáculo. La inmensa mayoría de superficies tales como las planchas superiores y centrales del salpicadero, la consola central o los paneles superiores de las puertas -las 4- están acolchadas, algo que no ocurre en casi ningún modelo de corte generalista.

Además, Mazda ha colocado superficies blandas con buen tino allá donde vamos a apoyar las manos y los brazos de manera intensiva, de forma que los apoyacodos central y de las puertas resultan suaves y muy mullidos. La decoración puede resultar un tanto seria, pero es cierto que en esta versión especial los pespuntes en color rojo aportan un toque extra de color muy agradable.

Por otro lado, Mazda ha actualizado recientemente el sistema multimedia del CX-5, que adopta ahora la misma pantalla de 10.25” que ya equipa el Mazda3, una pantalla con una resolución excelente que, sin embargo, puede resultar algo liosa de manejar ya que únicamente se puede operar a través de un mando central tipo joystick. Se mantiene eso sí la instrumentación con una pantalla central de gran tamaño que, bajo mi punto de vista, no aporta nada a mayores de lo que podría aportar una instrumentación convencional.

El espacio a bordo es correcto, con buena amplitud tanto delante como detrás, de manera que cuatro adultos viajarán con total comodidad en su interior. Además, la parte trasera ofrece ciertas “amenidades” a sus pasajeros tales como salidas de aire, tomas USB para recargar dispositivos móviles o un respaldo inclinable en dos posiciones diferentes.

El maletero, por su parte, cuenta con apertura eléctrica y un espacio de carga de 477 litros con los asientos traseros en su posición estándar. Es una capacidad suficiente, pero no es, ni de lejos, la mejor del segmento ya que la mayoría de sus alternativas cuentan con un maletero más amplio. Las formas, eso sí, son regulares y capaces.

Nos ponemos en marcha con el Mazda CX-5

Es hora de arrancar el CX-5 y ponernos en movimiento. Bajo el capó despierta un bloque de gasolina 2.0 Skyactiv-G con cuatro cilindros que ofrece 165 CV y 213 NM, asociado a una caja de cambios manual de 6 relaciones y tracción delantera. Es, por tanto, una configuración mecánica un tanto “exótica” teniendo en cuenta la práctica inexistencia de motores atmosféricos a estas alturas. Acelera de 0 a 100 km/h en 10.3 segundos y alcanza los 201 km/h.

Este motor es ya de sobra conocido dentro de Mazda, aunque recientemente ha recibido pequeñas modificaciones para resultar más agradable de utilizar y más económico en su funcionamiento. Entre los cambios más apreciables, la introducción de un sistema de desconexión de cilindros que permite desactivar dos de los cuatro cilindros en condiciones de baja demanda de potencia para resultar más económico en largas tiradas llaneando.

Hablando de consumos, el Mazda CX-5 con esta configuración mecánica homologa un consumo medio de 6.8 litros/100 km, aunque la realidad es que no he conseguido bajar de 8 litros durante la semana que ha estado en mis manos en una utilización, eso sí, mixta, con todo tipo de recorridos y un uso mayoritariamente despreocupado, sin fijarse excesivamente en el consumo.

Debemos contar con un consumo medio de, como mínimo, 8 litros cada 100 kilómetros si no queremos llevarnos sorpresas

El Mazda CX-5 resulta, en general, un coche agradable de conducir y de utilizar: ofrece agilidad y comodidad a partes iguales, con un nivel sonoro reducido y una calidad de rodadura muy alta. La suspensión resulta sorprendentemente buena a la hora de absorber irregularidades y mantener nivelada la carrocería, mientras que la dirección, pese a no informar excesivamente, resulta adecuada para una utilización cotidiana.

Donde el CX-5 pincha un poco es en el rendimiento de su motor: si bien su funcionamiento es suave, su respuesta me hace echar de menos la sobrealimentación que tan bien sienta en este tipo de carrocerías, más pesadas de lo normal. Este hecho se hace especialmente patente a la hora de recuperar velocidad en marchas largas, donde el CX-5 con este motor es lento ya que, para más inri, el desarrollo de su caja de cambios es relativamente largo de manera que a 120 km/h el motor gira a unas tranquilas 2.500 vueltas.

En resumen, este Mazda CX-5 me deja unas sensaciones contradictorias desde el punto de vista dinámico, ya que elementos como la caja de cambios, la suspensión o la calidad de rodadura rayan a gran nivel pero el motor muestra un carácter demasiado tranquilo y descafeinado ya que en ningún momento se siente “sobrado” como para no echar de menos un pequeño turbo que nos impulse de manera más intensa.

El Mazda CX-5 tiene un equipamiento muy completo

La unidad que he tenido entre manos corresponde al equipamiento “Homura”, una línea de acabado muy completa que incluye de serie elementos como las llantas negras de 19 pulgadas, la tapicería mixta de símil cuero y Alcántara con pespuntes en rojo, el sistema de sonido Bose, el sistema de proyección de información Head-Up Display sobre el parabrisas o los faros delanteros matriciales LED que, por cierto, ofrecen con un nivel de iluminación muy destacable.

El precio de tarifa de esta versión arranca en 34.400€, aunque es posible acceder a un Mazda CX-5 desde 29.700€, correspondientes al acabado Origin con ésta misma configuración mecánica. El CX-5 está disponible también con motor de gasolina 2.5 Skyactiv-G con 194 CV, así como con dos motores diésel 2.2 Skyactiv-D con 150 y 184 CV. Se puede optar también por un cambio manual de 6 relaciones o una caja automática de convertidor de par con 6 velocidades.