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¿Qué es realmente el CO2? Un elemento que lleva más tiempo en la Tierra que el ser humano

Juan Carlos Lezama Gonzalez | 16 Jul 2022
Radar Emisiones Dgt 03
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Hay términos que uno rápidamente identifica como algo negativo. Es el caso del CO2 (leído "ceodos"), y que hace referencia a algo que conocemos bien, el dióxido de carbono. O al menos, eso creemos, que lo conocemos bien, porque en realidad el CO2 no es algo malo.

El CO2 no es malo. Es un compuesto a base de carbono. Nos rodea y tiene una función clave para el planeta.

Qué es el CO2

Estamos hechos de materia, y la materia está formado por átomos, que a su vez está formada por partículas subatómicas más pequeñas. Hasta ahora, eso es lo que conocemos. Los átomos de cada elemento o de cada material son diferentes y tienen una estructura propia y única. En función de cómo están distribuidas sus estructuras y elementos subatómicos, podemos tener un átomo de cobre, o un átomo de oxígeno, por ejemplo. Cuando varios de esos átomos se unen y comparten electrones, lo que tenemos es un compuesto. Y efectivamente, eso es el CO2, un compuesto de un átomo de carbono y dos de oxígeno. De ahí que se denomine dióxido de carbono.

Dióxido de carbono, huella de carbono, fibra de carbono...

Ahora bien, uno de los motivos por los que puede resultar difícil entender bien las cualidades del dióxido de carbono es que muchas cosas a nuestro alrededor contienen la palabra carbono. No es solo cuestión del dióxido de carbono, tenemos también expresiones como la huella de carbono, el propio carbón, la fibra de carbono... ¿qué tienen que ver todas esas cosas?

La esencia de todo ello está en el carbono. Y no solo eso, sino que gran parte de todo lo que conocemos de la materia se basa en el carbono. En función de cómo se unen entre sí los átomos de carbono, tenemos diferentes productos, como es el caso del carbón, el grafito, o incluso el mismo diamante. Y seguro que te suenan cosas como el carbón activado, la fibra de carbono o el grafeno. No son más que productos del carbono en diferentes aplicaciones.

En el planeta existe el carbono en forma natural, desde el propio grafito o los diamantes, hasta en compuestos como el CO2 en la atmósfera, entre otros.

¿El CO2 en los coches es tan malo?

Por lo general se relaciona mucho el CO2 con la contaminación, con los coches, con las cifras de emisiones y con el efecto invernadero. Todo eso es real pero hay que comprenderlo bien. Para empezar, el CO2 no es tan "peligroso" como son otros gases. Por ejemplo, los coches antiguos que quemaban combustible sin suficiente oxígeno, producían mucho monóxido de carbono, CO, que sí es altamente tóxico. Si el CO se vertía en el habitáculo del coche, o se encendía un coche en un lugar cerrado, de manera que el lugar tuviera una concentración de tan solo un 0,4% de monóxido de carbono en el aire, la muerte estaba asegurada en solo una hora.

Los vehículos hoy en día incluyen conversores catalíticos que contribuyen a que no se emita CO, sino CO2. El problema es que el CO2 es un gas de efecto invernadero. Es decir, cuando se acumula en la atmósfera, impide que el calor que despide la Tierra cuando llega la radiación del Sol salga del planeta. Esto es bueno en parte, porque es lo que permite vivir en la Tierra con un clima apropiado para el ser humano. Pero el exceso de gases de efecto invernadero ha producido un calentamiento global que hace peligrar a futuro la vida en la Tierra y comienza a perjudicar la vida ahora mismo de diferentes maneras.

Este es el motivo por el que se hace tanto hincapié en que la combustión del vehículo debe ser apropiada, y se retiran de circulación aquellos coches deteriorados que contaminan demasiado. Dicho de otro modo, el CO2 no es malo. Lo malo es que la actividad industrial del ser humano ha generado unas cantidades ingentes de CO2, que contribuyen al calentamiento global. Y sí, es verdad que la gran industrialización afecta de forma más grave a este problema que los gases que salen de los coches, pero igualmente el porcentaje de contaminación producido por los vehículos es importante.

Así, la próxima vez que te rechacen tu coche en la ITV por el CO2, recuerda que la culpa en realidad no es del gas, sino de una mala combustión que pone en peligro el único hogar que tenemos.