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A este Bugatti Veyron no le gustan los badenes

Fran López | 23 Dic 2011

¿Están los superdeportivos diseñados y construidos para ser usados en el día a día? No hablamos del gasto en combustible, mantenimiento o neumáticos, que como todos los demás aspectos en estos coches pueden ser un verdadero exceso y una desmesura, aunque probablemente a sus propietarios poco les importe esta cuestión porque se lo pueden permitir holgadamente. Más allá de consideraciones económicas, lo que está claro es que, salvo escasas excepciones, un supercoche no es lo más apropiado para hacer la compra o para emprender un largo viaje.

Pero también para un uso urbano tienen sus limitaciones, como pueden ser la visibilidad, los atascos, pasos de peatones sobreelevados, baches, resaltos o guardias tumbados. He aquí un claro ejemplo de esto que os contamos: un Bugatti Veyron en aprietos intentando pasar un guardia tumbado sin sufrir daños en su carrocería o en los bajos del vehículo. Una maniobra que seguro todos realizamos con nuestros humildes utilitarios día sí y día también, pero que al volante de un superdeportivo se convierte en harina de otro costal.

Un Bugatti Veyron en aprietos para cruzar un badén

Y es que ir a ras de suelo tiene sus indudables ventajas a elevadas velocidades, desde el punto de vista aerodinámico, pero no tanto cuando tenemos que manejarnos en situaciones tan habituales como las anteriores. Sí, con un modesto compacto o con un SUV ligeramente sobreelevado no tendríamos prácticamente ni que pestañear, pero está claro que ese no es el hábitat natural por antonomasia de vehículos de ensueño como el Veyron y otros muchos, que seguro estarán mucho más cómodos en largas rectas de autopista, carreteras de montaña con asfalto perfecto o en circuito.

La instantánea que os ofrecemos no procede de Oriente Medio, como pudiéramos sospechar en un principio, sino de Hyderabad, en la India. Desconozco si también allí florecen como setas los superdeportivos de más de un millón de euros, pero lo que está claro es que el Veyron pasa aprietos, teniendo que pasar el enorme y desproporcionado troncoguardia tumbado en ángulo, primero con una rueda y luego con otra, para evitar rozar con sus tripas, y todo ello a pesar de su suspensión ajustable. Las miradas atónitas de los viandantes lo dicen todo: su propietario y (suponemos) conductor debía estar sufriendo como nunca y maldiciendo a la vez…

Fuente: Indian Autos Blog
Imagen: Supercars in Hyderabad
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