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La importancia de dedicarle una hora al mes a tu coche: evitarás averías y ahorrarás dinero

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Un coche bien cuidado no es sólo aquel que acude religiosamente todos los años al taller para realizar la pertinente revisión o que es lavado más veces que nuestro calcetín, que también. Así pues, cuidar un coche para que siempre se encuentre en plena forma requiere que le dediques un tiempo y evites despistes, para lo cual no hay nada mejor que, al menos una mañana de domingo una vez al mes, aproveches la visita a la gasolinera para llevar a cabo una pequeña rutina de mantenimiento. A continuación te detallamos en qué debería consistir esa rutina en dos sencillos pasos:

PASO 1: comprueba las presiones de los neumáticos

Es un clásico, pero lo cierto es que las presiones de los neumáticos son las grandes olvidadas, a pesar de ser sumamente importantes para que el contacto entre el neumático y el asfalto sea el apropiado, proporcionando el mejor agarre y también nos ayude a ahorrar combustible. Recuerda que las presiones se comprueban siempre en frío, encontrándose normalmente los valores recomendados por el fabricante según el tamaño del neumático y carga en una pegatina en el umbral de la puerta o en la tapa del depósito del combustible (¡por favor, no hagas eso de poner 2,5 bar a cada rueda!).

Asimismo, no olvides comprobar los diferentes elementos o partes del neumático en busca de defectos que puedan ocasionar un posible reventón, como una grieta o una deformación, además de fijarte si presentan un desgaste irregular, síntoma de que deberás hacer un alineado para corregir los ángulos de la dirección, o también si tienen un desgaste tal que sea propicio rotar los neumáticos.

Finalmente, y ya que estás agachado junto a esa rueda, no estaría de más echar un ojo al sistema de frenado, comprobando que tanto el desgaste de las pastillas como el de los discos es correcto, ya que a pesar de tener sensor, éste puede no funcionar por mil y una causas, así como que los latiguillos de freno no presentan grietas ni un aspecto deteriorado.

PASO 2: revisar los niveles y vano motor

A continuación, abre el capó y disponte a revisar los niveles de los diferentes fluidos. Entre los más importantes no encontramos con el nivel del aceite, un fluido esencial para el funcionamiento de un motor de combustión interna, ya que es el encargado de lubricar todas las partes móviles del mismo, minimizando fricciones y desgastes, a la par de que hermetiza los cilindros y lo refrigera, evitando así que el motor se gripe. Para ello estaciona el coche en una superficie llana, y con el motor en frío (aunque algunos fabricantes recomiendan que se haga a temperatura de servicio, transcurridos unos 5 minutos después de parar el motor) extrae la varilla, límpiala, y vuélvela a extraer: el aceite deberá estar entre las marcas del mínimo y del máximo. Lo ideal es que esté siempre al máximo, pero bajo ningún concepto por encima de él, ya que un exceso de aceite podría provocar una avería grave en el motor por sobrepresión si falla la correspondiente válvula de seguridad.

El siguiente gran fluido es el líquido refrigerante o anticongelante, el cual suele ser de color verde, azul o rosa. A la hora de verificar su nivel debes hacerlo siempre con el motor frío, pues si está caliente y abres el vaso de expansión corres el riesgo de ser alcanzado por un líquido a 90 °C. De nuevo, lo ideal es que esté justo enrasado al máximo, nunca por encima, y que verifiques que no existan restos de aceite en él, lo cual podría evidenciar un problema de junta de culata. Asimismo, añade siempre refrigerante del mismo tipo y color al que lleva tu coche, y en caso de extrema emergencia usa agua destilada, nunca agua del grifo, pues además de oxidar el interior del circuito y dejar acumulaciones de cal, cuando se congela el agua aumenta su volumen, lo que podría “reventar” algún manguito o componente del motor.

En cuanto a esa revisión de niveles, no olvides comprobar el líquido de frenos, un fluido higroscópico (absorbe agua), de ahí la importancia de sustituirlo como mínimo una vez cada dos años, así como el líquido del limpiaparabrisas (de nuevo, ¡no uses agua del grifo para rellenarlo!) y el ATF de la dirección asistida si es de tipo hidráulica. En cuanto al de la caja de cambios, es extremadamente raro que un coche posea varilla para comprobar su nivel, pero si la tuviere, ya sabes.

Por último, también es recomendable llevar a cabo una pequeña inspección visual del vano motor en busca de pérdidas de aceite, por ejemplo, en la zona del turbocompresor o de la tapa de balancines, que no se encuentra ningún manguito de la admisión rajado que podría originar una falsa avería en el caudalímetro, o que la correa de accesorios presenta un aspecto adecuado, libre de grietas y que su tensión a simple vista parece correcta, lo que asegura un buen funcionamiento de componentes auxiliares como el compresor del aire acondicionado o el alternador, o en caso de contar con un filtro del aire muy accesible que le eches un vistazo y lo limpies sacudiéndolo un poco con cuidado.

¿Por qué realizar este pequeño ritual una vez al mes?

Todo lo expuesto en esos dos pasos puede parecer al trivial o sin importancia, pero te aseguro que nada más lejos de realidad, y como bien rezaba en el titular, seguirlos te ayudará evitar averías o que se agraven, en consecuencia ahorrar dinero, e incluso poder esquivar un posible accidente, y todo ello no te costará más de una hora al mes. Puede que mucho menos.

Sólo al dedicarle 5 minutos a los neumáticos habrás conseguido todo eso (un desgaste irregular hace que los tengamos que sustituir prematuramente sin haberlos aprovechado en su totalidad, y si tiene lugar por el hombro interno, que no se ve a simple vista, puede desembocar en un reventón) o revisar que dispones de aceite y refrigerante evitará que el motor acabe gripando. De hecho, y no yéndonos a ese extremo, sólo el simple hecho de tener unas presiones bajas o una pequeña grieta en la admisión hace que el consumo de tu coche aumente, no excesivamente, pero sí de forma notable.

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