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Gran Premio de Brasil 1996: Damon Hill lanza su candidatura al título

La temporada 1996 de Fórmula 1 trajo consigo el retorno al dominio de Williams, después de dos años en los que Michael Schumacher hizo acopio de todo su talento para convertirse en bicampeón del mundo. A pesar de estar en el equipo británico desde 1992 como probador y 1993 como uno de sus pilotos oficiales, Damon Hill no era aún campeón y había quien empezaba a dudar sobre su talento. La primera carrera de 1996 no hizo mucho para frenar a quien dudaba del inglés, pues un debutante como Jacques Villeneuve le había dado trabajo. Pero la segunda carrera del año en Interlagos fue algo distinto. Allí, el hijo de Graham Hill demostró estar a la altura de las circunstancias y en un día complicado se impuso para poner su candidatura para el título sobre la mesa.

Hill se lució en la sesión clasificatoria, logrando un espectacular registro casi un segundo más veloz que el segundo clasificado, su acompañante en primera fila de parrilla. Pero para sorpresa general, este no era ni el otro Williams ni ninguno de los pilotos de Ferrari, Benetton o McLaren. Rubens Barrichello encandiló a los aficionados locales al ser segundo, motivando una presencia del público que no se daba desde la época de Ayrton Senna. El hecho de levantarse el domingo con una importante lluvia ayudó a que los brasileños soñaran con una reedición de sus mejores días. Tras Barrichello, Villeneuve y Michael Schumacher formaban la segunda fila con Jean Alesi y Martin Brundle con el otro Jordan-Peugeot en tercera. El compañero de Barrichello estaba en su última temporada en activo en la categoría reina pero aún podía ser veloz.

En la arrancada, Barrichello fue superado por Villeneuve y Alesi, cayendo hasta la cuarta posición aunque manteniéndose justo detrás del Benetton. El héroe local buscaba destacar en casa y peleó duro con el francés, intentando adelantarle varias veces antes de superarle en la primera curva pasadas unas vueltas y perder de nuevo la posición en la salida de la misma. Ello motivó a Alesi a aumentar su ritmo, para evitar verse envuelto en una batalla que le impediría ir a por la victoria, y forzó la maquinaria al presionar a Villeneuve. El segundo Williams no era un veterano y su experiencia bajo la lluvia era limitada, lo que acabó con un error del canadiense, saliéndose de pista. También Alesi visitó las inmediaciones del asfalto paulista, pasando del segundo al tercer puesto en carrera. Esto dejaba a Barrichello segundo pero la carrera tenía otras ideas.

Barrichello se encontró con la necesidad de pasar por boxes en la vuelta 35, en el ecuador de la carrera. Para el de Jordan, era su única parada prevista para repostar y esta llegó en un momento en el que simplemente era demasiado pronto para montar neumáticos lisos. Esto le obligó a mantener sus gomas rayadas y volver a parar más tarde para usar neumáticos de agua, devolviendo el segundo puesto a un Alesi que había parado en la vuelta 42 y ya había montado los slicks. Para Barrichello, la parada imprevista tuvo un problema más, al dejarle por detrás también de Schumacher. En pista, Barrichello era más veloz pero la defensa del bicampeón era extremadamente sólida hasta el punto que quien cometió un error fue el atacante. En una frenada, Barrichello perdió el control de su Jordan y acabó en la gravilla y sin una recompensa en un día en el que claramente la había merecido.

El de Barrichello fue el penúltimo abandono en una larga lista que comenzó con la salida de pista del debutante local Tarso Marques y que siguió con Jos Verstappen por problemas de motor, más salidas de pista de Ricardo Rosset y Andrea Montermini, problemas hidráulicos de Gerhard Berger, el error de Villeneuve, el fin del motor de Johnny Herbert, otra salida de pista de David Coulthard y un segundo motor roto para Sauber con Heinz-Harald Frentzen como segunda víctima. La larga lista de diez abandonos hasta Barrichello se completó con un error de última hora de Brundle, que a pesar de todo quedó clasificado al abandonar a falta de seis giros para el final. Interlagos tenía fama de ser un circuito técnico y de ser terriblemente difícil bajo la lluvia, algo que se iría confirmando con los años.

La victoria fue para un dominante Damon Hill que en ningún momento llegó a verse amenazado por nadie. El británico estuvo a sus anchas en el anegado circuito de Interlagos y acabó con una sensacional ventaja de casi 18 segundos sobre Jean Alesi, el segundo clasificado. Peor aún, Michael Schumacher fue el tercer integrante del podio, ya a una vuelta del vencedor, demostrando que los dos primeros clasificados habían estado a un nivel excepcional. Las demás posiciones de puntos fueron para Mika Häkkinen con el único McLaren superviviente, Mika Salo con el primer Tyrrell y un Olivier Panis que jamás se habría imaginado en ese punto de la temporada que estaba tan solo a unas pocas carreras de su única victoria en la categoría reina en un loco Gran Premio de Mónaco.

En situación normal, una segunda victoria de un piloto no habría sido suficiente como para echar las campanas al vuelo pero tras Brasil, Hill tenía 20 puntos por 6 de sus más inmediatos perseguidores. Una ventaja de 14 puntos sobre Alesi y Villeneuve tras solo dos carreras era algo remarcable. De hecho, a lo largo de todo el año, en muy pocos momentos la diferencia estuvo por debajo y solo tras el Gran Premio de Portugal llegó a estar en menos de diez puntos. El destino sentía que le debía algo a este inseguro británico que tenía el talento para pelear por ganar pero al que le había tocado soportar una carga emocional y el peso del legado de su familia. Dicen que la sombra de los padres puede llegar a ser muy alargada y Hill lo descubrió en un camino difícil. Aunque, al final, la recompensa del título de campeón del mundo hizo que valiera la pena el esfuerzo.

En el anecdotario, quizás el dato más relevante de la carrera fue el hecho de certificar el paso del tiempo a través de un Damon Hill que logró su décimo quinta victoria en la Fórmula 1 y superó de esta forma a su padre Graham, que había ganado catorce grandes premios puntuables a lo largo de su carrera deportiva. Algunos dirán que el joven Hill superó a su padre, aunque también hay que recordar que en los 60 había menos carreras por temprada y que Graham Hill no solo fue campeón dos veces, sino que además ganó las 24 horas de Le Mans y las 500 millas de Indianápolis, convirtiéndose en el único piloto a día de hoy en ganar la Triple Corona del automovilismo. Sin duda, todo un hito que marcó a futuras generaciones y que entre otras cosas, inspiró a Fernando Alonso a intentar emular al británico.