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El Rally Dakar 2026 fue el 'Last Dance' de Carlos Sainz y Lucas Cruz antes de separar sus caminos

Si hablas de Carlos Sainz y del Dakar, inevitablemente se te viene a la cabeza ese habitáculo en el que el madrileño se afana con el volante y a su derecha, Lucas Cruz lo dirige con maestría para encontrar el rumbo correcto hacia la meta de cada jornada. Esta escena costumbrista se ha estado repitiendo durante 14 años y en cada una de las ediciones disputadas del rally-raid más famoso del planeta, ambos han compartido la ambición de conseguir el tuareg que reconoce a los ganadores, algo que lograron hasta en cuatro ocasiones con cuatro fabricantes distintos (Volkswagen, Peugeot, MINI y Audi).

La noticia de este primer jueves de enero ha sido precisamente la confirmación de que en caso de que ambos disputen la próxima edición del Rally Dakar, ya no será juntos. Sainz y Lucas Cruz separan sus caminos profesionales y deportivos, lo hacen de común acuerdo y de forma amistosa, pero poniendo fin a una etapa tan larga como exitosa, la cual, sin duda recuerda a la otra relación de larga duración que tuvo Carlos con el que fuera su copiloto, el gallego Luis Moya.

Todavía sin aclarar cuál será el futuro de ambos competidores, de si Sainz seguirá compitiendo en alguna estructura para tratar de lograr su quinto Rally Dakar o si Lucas se unirá a un nuevo reto profesional dentro de los rally-raids, ya sea como navegante o en algún puesto de responsabilidad, es evidente que ha quedado un regusto amargo después de que en la pasada edición de la prueba tuvieran que ‘conformarse’ con finalizar en quinta posición en el segundo año del proyecto de la Ford Raptor T1+ construida por M-Sport Ford.

El trabajo de ambos ha sido una de las grandes claves que explican las cuatro victorias absolutas conseguidas por la pareja Sainz-Cruz, con el copiloto catalán encajando a la perfección en la filosofía de trabajo de la que siempre ha hecho gala el piloto madrileño, acompañándole durante los primeros años en los que Carlos tuvo que adaptar su ritmo de piloto del WRC al de rally-raids, consiguiendo juntos la victoria en el Dakar 2010, en lo que era la segunda edición que se disputaba sobre suelo sudamericano.

Después de una impresionante batalla fratricida en la edición de 2011 en la que finalmente Nasser Al-Attiyah logró su primer triunfo absoluto, Lucas paso a la derecha del qatarí tras el final del proyecto Volkswagen, lugar en el que seguiría hasta que en 2015 volvió a acompañar a Carlos Sainz, años en las que ambos incluso se cruzaron en aquel esfuerzo realizado por Red Bull y Qatar para hacer una estructura con los buggies de Jefferies Racing que servirían para volver a ver a Nasser y a Carlos compartir formación.

A partir de ahí, todas las etapas deportivas que ha afrontado Sainz no sólo han terminado con éxitos, sino que además tienen la denominador común de que Lucas has estado involucrado, desde la difícil tarea de reconducir el proyecto de Peugeot y convertir al 2008 DKR en una absoluta bestia de los raids en sus siguiente variantes (2008 DKR16 o 3008 DKR), así como el llevar de nuevo a X-Raid a la senda de los triunfos tras crear un buggy de leyenda bajo la marca MINI y el conseguir finalmente cumplir con el trabajo de darle el éxito a Audi y su RS Q e-tron híbrido eléctrico antes de que la marca de los cuatro aros decidiera dar por finalizada su participación para centrarse por completo en la Fórmula 1.

Si es muy difícil pensar en la carrera deportiva de Carlos Sainz en el WRC sin la figura de Luis Moya (con todo el respeto a Marc Martí y Antonio Boto), tampoco se entiende el paso de Sainz por el Rally Dakar sin esa labor infatigable y profesional de Lucas.

 

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Vía | MARCA

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Iván Fernández

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