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Zak Brown en su laberinto

Cuando se decidió apartar a Ron Dennis de la dirección de McLaren y Zak Brown asumió el cargo, de inmediato pensé en una analogía entre lo que ocurría en los predios de Woking y lo que pasó a mediados de la década de los ochenta con Apple Computer, cuando Steve Jobs fue separado de la compañía que llevó a la cima y John Sculley, quien provenía del negocio de la publicidad, quedó al mando. El paralelismo entre ambas historias hasta ahora luce muy similar pues Brown ha evitado en lo posible tomar decisiones trascendentales, con todo y la crisis que atraviesa, pero a su vez mantiene el ambiente en constante agitación a través de su emporio mediático más reconocido como lo es Motorsport Network y sus múltiples franquicias.

Al igual que Jobs, Ron Dennis fue obligado a renunciar a la directiva de su propia compañía. En este caso, la drástica decisión se ejecuta porque la escudería McLaren se sumergió en un período de estancamiento y de escandalosos fracasos deportivos, con ausencia de inversionistas y desbandada de patrocinadores hacia otros equipos. Fuera Dennis, el nombramiento de Brown se relaciona más con la necesidad de traer sponsors que por su dudosa capacidad para organizar una gran escudería. Brown ganó buena parte de su fama al dirigir empresas dedicadas a la publicidad y a la mercadotecnia dentro del automovilismo, pero hasta ahora ningún socio ni patrocinador de alto impacto ha tocado las puertas de Woking para inyectar recursos y eso lleva a pensar sobre las alternativas en la gestión de Brown como director ejecutivo de McLaren Technology Group.

El norteamericano tendrá en los próximos días la oportunidad histórica de desligarse de todo lo que encontró, de apartarse del manoseado lema político de “eso estaba peor cuando yo llegué”, pero Ron Dennis, con todo y sus recientes tropiezos, es el máximo creador de todo lo que significa McLaren, algo que jamás podrá emular Brown y más si persiste en su estrategia de alimentar egos y no fomentar la fraternidad en su entorno. El Zak Brown que ejerce la jefatura de McLaren no debería ser el mismo que dirige Just Marketing International, ni el que pertenece a la junta directiva de Cosworth Engineering ni el que también rige la línea editorial de Motorsport Network. La distorsión entre las fronteras de sus múltiples cargos al parecer no permite determinar con claridad dónde está parado.

Hace algún tiempo, manifesté que sería predecible señalar a Honda como la causa principal de los fracasos de McLaren y también que toda esa parafernalia mediática en torno a Fernando Alonso iba a salir mal porque sus medios afines son similares a nubes negras y a donde se desplace el piloto trasladarán toda esa carga negativa. Ahora McLaren y Honda lucen como letrinas donde a diario se arrojan todo tipo de comentarios despectivos y de críticas destructivas con el beneplácito de quienes deberían, aunque sea por decencia, manifestar algo de sensatez y cordura. En medio de todo ese caos, Zak Brown tiene la oportunidad, tal como ha pregonado públicamente, de separar a McLaren de Honda y también de ofrecer al piloto español la posibilidad de permanecer en la Fórmula 1, pero hasta la fecha no hay certeza de nada. Las decisiones están en manos de Brown y las consecuencias serán su responsabilidad y no la herencia que recibió de Ron Dennis.

Por lo que se puede advertir, Honda ni aporta millones de dólares ni tampoco paga los sueldos de los pilotos, tales especulaciones se derrumban solas al observar todos los ataques y cuestionamientos internos que han soportado los japoneses. Se argumenta que McLaren pierde dinero por culpa de Honda, ya que han dejado de sumar puntos porque el rendimiento y la fiabilidad del motor resultan deficientes, lo que a su vez incide en la ausencia de patrocinadores. Si Brown, supuestamente tiene en sus manos el hipotético retorno del motor Mercedes, que es visto como la mágica solución ante el mar de calamidades, por qué no la ejerce de una vez y aprovecha el tiempo para preparar la temporada 2018. Pero en este punto hay que dejarse de cuentos de camino, no hay otras opciones disponibles más allá de proponer el regreso de los motores Mercedes, porque una sociedad con Ferrari o con Renault significaría un revés escandaloso para los intereses de todo el Grupo McLaren, tanto en la Fórmula 1 como en el ámbito comercial. Y ni hablar de los rumores fabricados del supuesto interés de Porsche o de Toyota para desembarcar en McLaren, como si el ataque a Honda resultara muy alentador para atraer potenciales socios.

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Seguramente, Brown se habrá preguntado qué haría Ron Dennis en su lugar. Utilizar el motor Mercedes cliente significaría un retroceso hacia una etapa que se creía superada, refiero al 2014 y no a la época Mika Hakkinen. Con el posible divorcio de Honda, en McLaren están obligados a conseguir un patrocinador, y algunos socios corporativos, y además, en pista, tienen que estar al nivel de equipos como Williams y Force India. Si en ninguno de los casos se obtienen respuestas satisfactorias, tanto Ron Dennis como Honda estarían a salvo y toda responsabilidad recaerá en el nuevo jefe. ¿Será capaz Zak Brown de realizar semejante apuesta analizando el riesgo que asumiría?

En el mencionado caso de Apple Computer, John Sculley no supo cómo hacer crecer la compañía ya que su fuerte era concebir grandes campañas publicitarias y no las visiones que se han de tener para mantener la vanguardia en el negocio de los sistemas asociados a la computación, la tecnología inherente y los programas informáticos. En McLaren, la gestión interna ha sido más que cuestionable porque no se advierte la incorporación de personal capacitado en la jefatura de los departamentos más importantes. Brown vende publicidad, buena o mala da lo mismo, pero más allá de exhibirse en Indianápolis o en Le Mans cual showman no ha tenido el horizonte para reunir talento comprobado. Ferrari sustenta su actual proyecto sobre Rory Byrne y Jock Clear; Mercedes cuenta con James Allison y Aldo Costa, Renault con Bob Bell, Williams con Paddy Lowe, Red Bull con Adrian Newey, Force India con Andy Green y Toro Rosso con James Key. ¿Cómo pretende entonces Zak Brown irrumpir en la zona superior si no tiene un nombre que firme un proyecto ganador?

De manera evidente, Zak Brown permanece en su zona de comodidad, observando todos los movimientos desde sus publicaciones dedicadas al motor. Sus desesperados intentos por atraer patrocinadores le han nublado la visibilidad para definir objetivos y tomar decisiones desde su oficina en Woking. Han transcurrido seis meses del año y la escudería continúa en el fondo, con el latente riesgo de quedar última entre los constructores y lo preocupante del asunto es que mientras el Brown de McLaren deshoja una margarita, el de los medios expone a Honda como un cáncer que corroe todo lo que toca.

Lo sucedido en las 500 Millas de Indianápolis y la portada de la revista Autosport es criticable porque se enfocó en la actuación de Fernando Alonso y se vilipendió al motor Honda, pero por ninguna parte se destacó que ese mismo motor ganó la carrera y ubicó a cuatro pilotos entre los cinco primeros. Aquí se despejaron algunas dudas acerca de la política de Brown. Ciertamente, él es libre de definir una línea editorial en sus medios, pero también representa a McLaren y al promover semejante conflicto de intereses debe asumir el riesgo de las repercusiones negativas que traerá a su entorno, incluso está ahuyentando a potenciales inversionistas con esa actitud tan soez. Si los patrocinadores tradicionales de McLaren emigraron hacia otros equipos como Mercedes, Force India y Red Bull, es porque no aprueban lo que está ocurriendo. Es obvio que no desean asociar sus marcas comerciales a una escudería que más allá de ser la segunda mayor ganadora, irrespete ese legado para vivir del chisme y de la mezquindad de quienes se encargan de representarla en público.

Otro punto interesante que debe solucionar Brown es el destino de Fernando Alonso porque si supuestamente Honda es quien paga el sueldo del piloto y se está forzando una ruptura con los japoneses, entonces es de suponer que el jefe de McLaren asumirá el financiamiento del hipotético nuevo contrato, es aquí donde el argumento de que el sueldo lo paga Honda se desvanece. Se entiende que una renovación será a la baja, por una cifra que bien podría estar condicionada a la aparición de un patrocinador dispuesto a meterse en la negociación. De no ser así, la opción del retiro de Alonso estaría en el ambiente, lo que significaría un revés para Brown ya que salta a la vista sus desesperados intentos por convencer a la empresa privada ibérica, que alguna vez apostó con mucha fuerza por el piloto, para que invierta en McLaren. Si no hay dinero fresco urgente, las reservas financieras estarían en zona roja, tomando en cuenta la posible salida de Honda, un contrato con motores cliente, y el resultado de esta temporada. Una espiral negativa de este tipo precipitó la desaparición de escuderías históricas como Lotus, la de Colin Chapman, Brabham, Tyrrell y Ligier, así que la Fórmula 1 no espera por nadie, ni gira alrededor de McLaren, ni de Honda, ni tampoco de Fernando Alonso.

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Por más absurdo que parezca, todo este panorama luce más complicado para Brown y los suyos que para Honda. Los japoneses pueden ir y venir cuando les plazca, pero McLaren debe aferrarse como sea a la Fórmula 1 si aspira garantizar su supervivencia como empresa. El declive no inició con Honda, sin embargo el equipo continúa dando saltos sin ninguna dirección y quien debería orientar al grupo está más pendiente de la farándula que de las carreras. McLaren posee el personal y la infraestructura para destacar, pero carecen de liderazgo interno en varios departamentos y Brown no está haciendo nada para revertir esa insuficiencia. El hipotético motor Mercedes no va a resolver todos los problemas, al contrario, puede agravarlos porque quedarían al descubierto muchos defectos que se esconden tras la perenne excusa de la culpa es de Honda.

Los japoneses han aceptado su cuota de responsabilidad en la concepción del propulsor utilizado en McLaren, pero también han sido discretos al evitar señalar a su actual socio como incapaz de sumar esfuerzos y de colaborar en la búsqueda de soluciones. Zak Brown podrá dirigir McLaren y a su vez estar al frente de un imperio mediático y desde ambos frentes vender historias de intrigas, esperanzas y desencantos que gustan a cierta parcialidad, pero ya parece hora que comience a aplicar sus propias ideas para con McLaren, que caiga en cuenta que bajo su gestión, la escudería británica está realizando la peor temporada desde su creación.

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