No nos cansaremos de decirlo. El coche que hoy nos ocupa fue un adelantado a su tiempo. Por su propuesta práctica, por las soluciones técnicas empleadas, pero sobre todo por la obsesión que puso Audi en él para crear un coche práctico y espacioso que anunciaba consumos similares e incluso inferiores a los 3 litros. Una auténtica barbaridad.
Europa se obsesionó con el diésel, y ahora con el eléctrico
Aún cuando lo veo por la calle – no hay muchos pero se ven – me dibuja una sonrisa en la cara. El Audi A2 es un coche que, incluso con su silueta afurgonetada, me fascina. Me fascina porque sé toda la tecnología que esconde detrás, el trabajo de aluminio, el de un habitáculo bien aprovechado, o esa caída de techo suavizada hasta una trasera vertical, estilo Kammback.
Me fascina porque me encantaría tener uno en el garaje y sería uno de los coches que escogería si necesitase un coche como medio de transporte diario, y no fuera de esos afortunados que podemos tener un coche de disfrute, para todo. Y es por eso que también siento muchísima envidia por un periodista de la revista británica Autocar.co.uk que se propuso estos días poner al límite a su Audi A2 buscando el menor consumo posible.
Un coche práctico como ninguno y muy barato
Matt Prior publicaba que se había comprado un A2 por solo 435 euros, eso sí, debido a que la unidad que escogió no tenía el equivalente en Reino Unido a la ITV española. En cualquier caso, en la guía de compra del Audi A2 que nos preparó hace algún tiempo nuestro compañero Sergio ya apuntábamos que podemos encontrar unidades decentes por 3.000 euros, y con kilometrajes contenidos por unos 4.000 euros. Son buenos precios para un coche tan especial, tan práctico, y hasta cierto punto exclusivo, porque jamás se vendió en grandes volúmenes.
Un diésel de hace 22 años que gasta menos de 3 litros
Matt puso a punto su Audi A2, regularizó su situación con la inspección del Ministry of Transport, y comprobó que en el día a día le resultaba sencillo alcanzar consumos en el entorno de 75 mpg, 3,77 litros/100 kilómetros. Y se planteó si sería capaz de alcanzar una cifra más ambicioso y redonda, las 100 millas por galón, que serían 2,82 litros/100 kilómetros.
Ni corto ni perezoso hizo algunos ajustes a su A2, como elevar las presiones de los neumáticos, y retirar los asientos traseros, y recurrió a algunas prácticas que desde estas líneas no os vamos a recomendar, y que indudablemente funcionan, como circular detrás de camiones. Y así logró no solo su objetivo, sino mejorarlo, alcanzando consumos inferiores a los 2,82 litros/100 kilómetros, en una aventura que ha documentado en un artículo y un vídeo para la británica Autocar.co.uk.
En fin, una vez más hay que reconocer al Audi A2 como un coche adelantado, muy adelantado, a su tiempo. Y sirva esta referencia que hacemos a la experiencia de Matt Prior como una declaración pública más de la fascinación que siento por este coche.






