Stellantis ha tomado una decisión que refleja perfectamente el momento que atraviesa la industria del automóvil en Europa. En medio de su profunda reestructuración, el grupo pondrá fin a casi 80 años de producción de coches en su planta de Poissy, cerca de París, un movimiento que viene acompañado de un cambio estructural mucho más profundo.
Poissy dejará de fabricar coches en 2028
La planta de Poissy dejará de fabricar vehículos a finales de 2028. La fábrica pondrá fin a una larga historia industrial que comenzó en 1940 bajo el control de Ford, pasó luego a manos de Chrysler y Peugeot, y finalmente terminó integrándose en Stellantis en 2021.
En su momento de máximo esplendor, en 1976, la factoría llegó a producir más de 500.000 coches al año. Hoy, con un mercado global mucho mayor, está lejísimos de esa cifra. La producción ha ido cayendo de forma sostenida hasta niveles que ya no son competitivos dentro del contexto actual del grupo.
Actualmente, Poissy fabrica modelos como el DS 3 y el Opel Mokka. Según fuentes del sector, la producción en 2026 caerá hasta unos 68.000 coches, muy lejos de las 145.800 unidades de 2023. Un volumen bajísimo que hace económicamente inviable mantener abierta la fábrica.
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El nuevo modelo de negocio será reciclar coches y darles una segunda (o tercera) vida
Stellantis no cerrará definitivamente la planta, sino que va a hacer una transformación profunda. La compañía invertirá alrededor de 100 millones de euros para reconvertir Poissy en un centro dedicado a nuevas actividades industriales.
Poissy fabricará componentes para otras plantas del grupo, hará impresión 3D de piezas y, especialmente, se centrará en el reacondicionamiento y reciclaje de vehículos usados. Una estrategia similar a lo que hace Renault con su programa Refactory. Con esto, se pretende potencia la economía circular, donde el valor ya no está solo en fabricar coches nuevos, sino en alargar la vida útil de los existentes.
Sobrecapacidad, China y la demanda de eléctricos son el cóctel perfecto
Para entender la decisión de Stellantis, debemos entender el contexto actual. Europa arrastra un problema crónico de sobrecapacidad industrial: las ventas de coches siguen sin recuperar los niveles previos a la pandemia (en 2025 se vendieron 13,7 millones en Europa frente a los 14,5 de 2019), pero las fábricas se diseñaron para producir mucho más.
A esto se suma un ritmo de adopción del coche eléctrico inferior al esperado que está poniendo en aprietos la rentabilidad de muchos fabricantes, y la presión creciente de los fabricantes chinos, que están ganando cuota de mercado con productos más competitivos en precio. Y además, están empezando a fabricar aquí en Europa.
Esta triple entente de factores -demanda, competencia agresiva y electrificación lenta- está obligando a los grandes grupos a reestructurar su huella industrial. En el caso concreto de Stellantis, además se suma la delicada situación heredada del anterior CEO, Carlos Tavares, la cual tiene que intentar solucionar su sustituto, Antonio Filosa.
Actualmente trabajan en Poissy unas 1.600 personas. Stellantis prevé que esa cifra se reduzca a unas 1.200 en 2030, en gran parte por el envejecimiento de la plantilla. Sin embargo, el grupo también anticipa la creación de aproximadamente 1.000 nuevos puestos ligados a las nuevas actividades industriales.







