27 de diciembre de 2018 (*) actualizado a las 13:43

El domingo perfecto: Bicicletas eléctricas en un parque natural

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Muchas veces me he preguntado qué sentido tienen las bicicletas eléctricas. Al añadir batería y motor probablemente el peso del conjunto se duplica, mientras que la experiencia del pedaleo queda totalmente descafeinada, ¿no? Pues no.

Este domingo he tenido ocasión de disfrutar durante todo el día de una de estas monturas, nada menos que en un parque natural. La experiencia: fantástica, totalmente recomendable para niños y mayores.

La experiencia: fantástica, totalmente recomendable para niños y mayores.

[13:00h. llegada al parking]

Dejamos nuestro monovolumen a la sombra y alquilamos un par de bicicletas eléctricas, con la intención de pasar el día los cuatro recorriendo un parque natural (Fragas do Eume, A Coruña) delimitado en torno a un río. Papá y mamá haremos de motor y los Teleñecos ocuparán sendas sillas con arnés, dejándose llevar.

con una bici que debe rondar los 20 kg más un pequeñín de otros 15 y teniendo en cuenta nuestra forma física actual, decidimos mantenerlo conectado desde el principio, en lo que resulta ser una excelente idea

La bicicleta es prácticamente convencional, excepto por un pequeño motor eléctrico acoplado a la rueda trasera y la consiguiente batería de Litio, en la parte central del cuadro. Sólo 7 piñones y un único plato componen el menú de marchas (algo escaso, pienso yo, si queremos subir al monasterio…)

El motor eléctrico dispone de tres niveles de asistencia (Low, Medium y High, un clásico) para ayudarnos a avanzar. Obviamente, también se puede desconectar, pero con una bici que debe rondar los 20 kg más un pequeñín de otros 15 y teniendo en cuenta nuestra forma física actual, decidimos mantenerlo conectado desde el principio, en lo que resulta ser una excelente idea.

Control de motor eléctrico

[14:00h parada para comer. Tortilla y empanada, hoy va de clásicos]

Es curioso, pero no hay acelerador. El motor se conecta, con el nivel de potencia preseleccionado, en el momento en que el pedaleo alcanza un ritmo mínimo y los pedales dan una vuelta completa. Esto significa que sólo tenemos que arrancar y dar un par de pedaladas para que empiece a empujar, cesando el pedaleo para que detenga su impulso. Fácil, intuitivo a más no poder y muy seguro.

Fácil, intuitivo a más no poder y muy seguro

Llevándola al mínimo, la asistencia es ya muy perceptible, hasta el punto de que, al cabo de un rato ya nos parece inimaginable circular sin ella, adelantando con facilidad a ciclistas convencionales (tracción humana no enchufable) al mínimo repecho.

[16:00h. Llegada a la cima y visita al monasterio. El esfuerzo ha sido considerable en el último tramo, la marcha más corta resulta ser demasiado larga, tal como dijo papá]

En los modos medio y alto de asistencia, especialmente en este último, la «sensación de moto» es perceptible, si bien hablamos en todo momento de una moto muy lenta, claro. Está presente ese par de giro característico del motor eléctrico, que tantas alegrías nos da cuando probamos un coche con este tipo de motor, por muy baja que sea su potencia. Una vez alcanzada cierta velocidad, la asistencia se diluye totalmente en nuestro pedaleo (pero para entonces tampoco es importante).

El mejor amigo del ciclista

[17:30h. Meriendas junto al río. Papá anima a los pequeñines a beber mucho y hacer mucho pis, único modo de reducir la masa desplazada]

Con respecto a la autonomía, la sensación ha sido muy buena, pues sólo bajó una barra de las cuatro que marcan la energía restante. Las baterías no se recargan en las bajadas, ni nada por el estilo.

El trayecto era casi horizontal (salvo el breve ascenso al dichoso monasterio) y el uso fue poco exigente, pero fueron un par de horas (en total) de pedaleo asistido con lo que venían siendo menos de la mitad de las reservas. Excelente, diría yo.

en realidad uno no llega a preocuparse en ningún momento de la carga restante, pues siempre se puede llegar pedaleando.

Por otro lado, al tratarse de un vehículo híbrido de autonomía extendida (tracción eléctrica y humana) en realidad uno no llega a preocuparse en ningún momento de la carga restante, pues siempre se puede llegar pedaleando.

[19:00h. Devolvemos las bicis, tras foto de familia]

En resumen, una experiencia altamente recomendable de transporte semieléctrico en el silencio del bosque, la brisa y el levísimo zumbido del motor. La adecuación al medio es realmente perfecta y la sensación de integrarse en el bosque y respetarlo totalmente es sólo comparable a caminar. Por cierto, no es necesario estar en forma, si bien llegamos bastante cansados al final.

La adecuación al medio es realmente perfecta y la sensación de integrarse en el bosque y respetarlo totalmente es sólo comparable a caminar

¿Lo peor? La sensación de ruído, peligro y contaminación de cada coche que se cruzó en nuestro camino. Nada como desplazarnos en completo silencio y sin humos para ser conscientes del atentado ecológico que supone un motor de combustión.

Parece mentira pero, después de 100 años de automoción… ¡qué hemos hecho! Me siento realmente culpable al arrancar mi TDI para volver a casa.

Si duda, repetiremos.

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Comentarios...

  1. Jvi

    Como ciclista empedernido que soy, digo en contra:

    1.- ¿Para qué hacer contaminante un vehículo que no lo es?
    2.- Ya he dicho que soy ciclista así que, como tal, me gusta tirar de piernas que para eso tengo la suerte de que me funcionan bastante bien.

    Y ahora en favor de ello tengo que decir que ésta es la única forma de hacer accesible un agradable paseo sin la forma física suficiente. En general creo que es algo bastante bueno, pero como ciclista prefiero las cosas como están.

    1. Carlos

      Hombre, yo tengo dos bicis eléctricas en casa y una la utilizo para desplazamientos, y la otra para hacer deporte y cicloturismo, no tienen por que ir reñidas.

      Por cierto, un domingo mítico, empanada, Fragas do Eume y bicis eléctricas…un 10 por el artículo.

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