25 de octubre de 2017 (*) actualizado a las 09:15

Boeing SUGAR Volt: el futuro de la aviación es híbrido

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El Boeing SUGAR Volt es la respuesta de Boeing a una pregunta de la NASA acerca del futuro de la aviación comercial. En ese futuro más o menos lejano, pero que ya se divisa a lo lejos, la propulsión eléctrica tomaría el control en los momentos de baja demanda energética, mientras que la propulsión térmica seguiría siendo necesaria, al menos en los momentos de despegue y ascenso.

Podría plantearse incluso la posibilidad de apagar totalmente los motores de combustión en pleno vuelo

El avión híbrido es posible, o al menos imaginable, y ya se está diseñando en los centros de investigación de ingeniería aeronáutica. En la visión de Boeing, que os presentamos en vídeo, sus enormes alas enfocadas a la sustentación con mínima resistencia al avance han de plegarse para maniobrar y aparcar en tierra. En teoría, funciona.

La principal limitación para un avión eléctrico es la misma que para un coche eléctrico: la densidad energética de las baterías es muy pequeña, lo que implica una gran masa desplazada en relación a la poca energía almacenada. Si este problema convierte a un coche en un vehículo muy limitado, cuando hablamos de un avión lo convierte en inviable.

A partir de aquí, la siguiente pregunta a plantear es si es imprescindible volar con motores a reacción durante todo el trayecto, o si sólo son realmente necesarios para elevar el avión. Si la demanda energética en vuelo horizontal o descendente fuese suficientemente pequeña, tal vez podría mantenerse el vuelo con ayuda de la propulsión eléctrica. Podría plantearse incluso la posibilidad de apagar totalmente los motores de combustión en pleno vuelo, al menos en algunos momentos.

Fecha orientativa de viabilidad no anterior a 2030 y ahorro de combustible del entorno del 70%

Partiendo de ese planteamiento, Boeing presenta el SUGAR Volt, Subsonic UltraGreen Aircraft Research (investigación de avión subsónico ultraecológico), un proyecto de avión híbrido basado en la doble propulsión térmica-eléctrica, una importante carga de baterías y una aerodinámica más orientada a planear. Su embergadura casi duplica la de aviones equivalentes actuales y obliga a dotarlo de alas plegables para poder utilizar las instalaciones ya existentes en tierra.

El proyecto tiene una fecha orientativa de viabilidad no anterior a 2030 y promete un ahorro de combustible del entorno del 70%… sólo una última pregunta: a la hora de la verdad ¿se atrevería un piloto a apagar los motores térmicos en un vuelo real con pasajeros? ¿y si no vuelven a arrancar?

Fuente: Inhabitat | Boeing
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